Enfoque

LAS PALABRAS, a veces, se agrian,

asustando a la mente,

destronándola de su infinita ansia

de seguridad.

Adrenalina. Vuelta al ritmo conocido.

Rutina. Pauta. Norma.

Un soplo de aire frío.

LA MENTE que aconseja,

no te salgas de las marcas

marcadas de la ruta

con migas de pan y de papel.

Volvamos a casa,

a un lugar seguro.

Más vale el invierno de chimenea

que una primavera prometida.

ALTO ahí, la intuición se queja,

tú eres la capitana de este navío.

No dejes el timón a quien aburre

con sus consabidas rumiaciones.

ESCRIBO

a mi estimada mente racional,

eres una sutil herramienta

para mi supervivencia.

Pero esta vez no te haré caso,

no quiero aceras del miedo y de la duda,

yo busco la frase escondida

en cada amanecer.

Un mal enfoque

tiene mucho que ver con la lente que elegimos.

Proyección

Muchas veces la mente insiste en retorcerse, impidiendo comprender que lo que rumia es, en muchas ocasiones, mentira.

He visto un arco iris, blindando la escalera,

los peldaños resisten el viejo pasamanos,

mis ojos detenidos imprimen colorido

sobre la luz que ofrece ajena la ventana.

Se curvan las espaldas, con el peso apagado,

resignadas al miedo, en cuerpo acobardadas.

Pero el óleo resiste todas las vestiduras,

y asciende la palabra sobre esos pensamientos

que a menudo deforman la mirada exigente.

Y ahora cuando llego

a la mitad del trayecto,

ya no hay escalera ni cuerpos encorvados,

ni siquiera hay peldaños, ni suelo, ni pisada

ni verbos mensajeros que retengan el viento.

Y es en esos momentos, cuando todo persiste

en proyectar secuencias, imágenes en libros

y la cinta se atasca, se hace un lio el ovillo,

sin regreso ni avance, pues nada es necesario,

     cuando se comprende,

                                    que todo               es mentira.