Resucita. Toma las riendas





                      La tierra desangrada es una tierra extraña,
                      demasiado agria para sentirla propia,
                      cruentos, limitantes, parecen sus designios,
                      y la luna se amarga sobre un cielo en silencio.
                      Y eres tú quien decreta un terrible castigo,
                      Imaginando naipes de tela descosida,
                      remendados de alambre, y esposas que subyugan.
                      El miedo te acobarda, y la mirada calla,
                      el paso se detiene, y esa tierra atrapada,
                      va trabando grietas en los propios zapatos
                      y acaba contagiando a nuestras propias manos.
                     Caemos sobre el suelo, donde el árido fruto
                      apenas ramifica y todo sobrecoge,
                      el cuerpo se hace rígido, se toma por emblema
                      un estandarte roto por ajenas batallas,
                      los ojos desconectan, no sueñan, no respiran
                      aquel tributo fresco de cada primavera,
                      nos dejamos perder y por perdidos somos,
                      agitando ese vórtice de extremos insondables.
 
                     Y sabes que te digo, levantemos el paso,
                      si el pasado no es, tampoco lo es el límite,
                      no parece sencillo, pero por eso mismo
                      es tan solo un engaño que te deja perdido.
                      Tienes piernas y brazos, estamos preparados,
                      podemos alcanzar aquella fuente de agua
                      y regar las entrañas desangradas y fieras,
                       para que reverdezca de nuevo la esperanza,
                       Pues sabiéndose vivo ya no hay reto que anule
                       la suave templanza de un silencio nocturno
                       tu futuro ya es tuyo y tuyo es este vuelo,
                       las flores de tu cuarto, el jardín de tus ojos,
                       el café de la tarde, el abrazo de amigo,
                       y ese beso que eterno deposito en tu oído
                       para que tú me escuches cuando yo esté perdida,
                       para que tú me busques cuando tú estés perdido,
                      y seamos sustento de lo que no fue escrito.
 

Enfoque

LAS PALABRAS, a veces, se agrian,

asustando a la mente,

destronándola de su infinita ansia

de seguridad.

Adrenalina. Vuelta al ritmo conocido.

Rutina. Pauta. Norma.

Un soplo de aire frío.

LA MENTE que aconseja,

no te salgas de las marcas

marcadas de la ruta

con migas de pan y de papel.

Volvamos a casa,

a un lugar seguro.

Más vale el invierno de chimenea

que una primavera prometida.

ALTO ahí, la intuición se queja,

tú eres la capitana de este navío.

No dejes el timón a quien aburre

con sus consabidas rumiaciones.

ESCRIBO

a mi estimada mente racional,

eres una sutil herramienta

para mi supervivencia.

Pero esta vez no te haré caso,

no quiero aceras del miedo y de la duda,

yo busco la frase escondida

en cada amanecer.

Un mal enfoque

tiene mucho que ver con la lente que elegimos.

Proyección

Muchas veces la mente insiste en retorcerse, impidiendo comprender que lo que rumia es, en muchas ocasiones, mentira.

He visto un arco iris, blindando la escalera,

los peldaños resisten el viejo pasamanos,

mis ojos detenidos imprimen colorido

sobre la luz que ofrece ajena la ventana.

Se curvan las espaldas, con el peso apagado,

resignadas al miedo, en cuerpo acobardadas.

Pero el óleo resiste todas las vestiduras,

y asciende la palabra sobre esos pensamientos

que a menudo deforman la mirada exigente.

Y ahora cuando llego

a la mitad del trayecto,

ya no hay escalera ni cuerpos encorvados,

ni siquiera hay peldaños, ni suelo, ni pisada

ni verbos mensajeros que retengan el viento.

Y es en esos momentos, cuando todo persiste

en proyectar secuencias, imágenes en libros

y la cinta se atasca, se hace un lio el ovillo,

sin regreso ni avance, pues nada es necesario,

     cuando se comprende,

                                    que todo               es mentira.