Inspiración

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Pudiera ser la pluma pasajera

la que traiga los aires de otros tiempos,

aquel apresto de la vez primera,

marcando rima y aplomo en la manera,

para decirte, de nuevo, que te espera.

 

Pudiera ser la pluma más ligera,

que te acaricie como un soplo de viento,

en este, aquel, lenguaje que volviera

como verso en lucera pionera

mientras el sol alimenta la madera.

 

Podrá, tal vez, quizá, quisiera…

escribirte de nuevo, hacerte rostro,

beso, sonrisa, abrazo, primavera

alimento, sentido y escalera

hacia el sol de esos ojos que venera

toda pluma suave y pasajera.

Es el hada, la musa del poema,

la palabra, la bruma y torrentera.

Vendrá, tal vez, quizá, quisiera…

 

 

 

Florecemos

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Hay veces que el camino se hace agreste,

demasiada maleza sobre los pies,

en ese punto en el que se ahogan los sueños,

por no querer discutir de porvenires

y aburrirse de la propia resistencia.

 

Hay hojarasca,

Y el torso del futuro

se anuncia tosco, oscuro, terremoto

llamando a la noche de los tiempos.

 

Las viejas murmullan en la esquina,

ya no queremos seguir hilvanando,

remiendos en las pérdidas,

ni coser los labios cada mañana

para no perder nuestros propios ojos.

 

Ya no queremos la juventud marchita,

somos bellas,

como la aurora floreciente,

en el camino de las rosas.

 

Y ahí la reina en jaque, la señora,

la hojarasca es jirón, desvanecida

bajo la servidumbre de luna.

 

Yo te traigo el poema,

pon tú la rosa

y florecemos,

 

 

 

No tengo palabras

 

 

 

 

Sin título.pngPudiera decirte que tus ojos,

tienen el brillo especial que nos anuncia

el regreso de cada primavera,

pero estas palabras no son tan acertadas,

porque tus ojos son, todavía, más brillantes

que una mañana despertando mis sentidos.

 

Pudiera decirte que tus labios,

son la laguna en que reside mi deseo,

sumergiéndose,

sobre la inmensa latitud de tus abrazos,

pero estas palabras no son tan acertadas,

porque tus labios son, todavía, más intensos

que los frutos del invierno.

 

Pudiera decirte que tus pasos,

cuando te acercas a mí, son los tambores

la percusión que aboca a mis latidos,

más allá del tono de unos versos,

pero estas palabras no son tan acertadas,

porque tú eres, todavía, más que eso,

un salto al vacío,

la aventura permanente de quererte.

 

Pudiera decirte,

pero no encuentro palabras,

para expresar cuánto te siento.

 

 

 

 

 

 

Obsesión

Estoy perdida,

como una caracola,

en el laberinto de tus miedos.

 

Solo soy un fantasma,

un molesto espectro

sobre los dedos de tus zapatos.

 

Hace tiempo que soy navegante,

de un mar enlatado,

siempre en bucle,

en la contaminación de los oídos.

 

Me gustaría gritar:

Yo también necesito remos.

Pero no hay misericordia para los marineros.

ni agua que pueda aplacar el desierto

de tu ausencia.

 

Espejismo

Con demasiada habitualidad

nos nominamos,

magnificando estados,

frase que relega las emociones,

a un envoltorio de juguete.

 

Mejor que nunca

amplifica el tengo miedo,

no sé cómo transcurrirá este día,.

Otras veces asimos, 

el altavoz de la queja, 

sin comprender que eso que te carcome,

y corroe todos tus metales,

tiene poco que ver con las afrentas

y mucho que decir de tu viaje.

 

En la esquizofrenia del éxito,

la programación del resultado

es la celda de tortura.

La siempre interminable

exhibición de los logros,

los grilletes de tu esclavitud.

Si desatamos las manos

veremos,

como la trampa está en la meta,

es como un espejismo,

que te parasita

y te obliga a seguir en la carrera.

 

 

 

 

Pues claro que te amo

Si una nube extraterrestre

invadiera esta atmósfera

se quedaría perdida, entre tus ojos

para hacerse aurora, en todas tus mañanas.

Tendría que haber mil lunas,

              custodiando,

la rotación terrestre de tu rostro

la traslación de los sentidos

y ese océano inexpugnable de tu mente,

cuando me preguntas

si te amo.

Claro que te amo,

con todas las letras,

                       y en cada una

de todas mis posibles vidas.

Interiores

Hay un poema de Aquelarre que dice,

mi madre odia la poesía intimista

y posiblemente odia este poema.

Sin embargo,

no resulta posible que odie nada

del “Aquelarre” de Boadicea,

en la quemazón del sinsabor

y la fuerza de su verbo.

Lo que sí es cierto que, posiblemente,

este  mi poema sea intimista

y previsiblemente odie este poema.

Cierto que suelo procastinar la poesía intimista,

porque los versos en caliente

corren el riesgo de ser estercolero,

en el que se dispersa la basura

de todos los propios desconciertos

y yo quiero un poema puro,

detenido,

sin esperpéntico edulcorante.

Las versiones propias siempre se maquillan.

Pero hoy escribo un poema intimista,

en la búsqueda constante de ese óxido

que imponga al tiempo la ley de la cordura,

ya que todos perseguimos un terrón de azúcar,

el bálsamo que sacie de impostura

el amargo silencio de la herida.

Por eso no hay respuestas,

porque ni siquiera

existen

todas las preguntas.

No lo leas

No lo leas,

este poema no nace para ser leído,

nace para ser digerido,

junto a una tapa de patatas alioli

y una copa de vino imaginaria,

la bola de cristal, donde sumerjo

bajo cero

las emociones.

El aceite de bar imprime un olor a frito,

conectado al olfato,

por más que demos instrucciones de bloqueo.

No lo leas,

este poema no sabe ni cómo empieza,

quizá diría que tú eres

la corriente

que arrebata mis días.

Es cierto, eso ya lo he dicho,

en otro poema, y

 sin embargo,

 pudiera ser un buen comienzo,

para manejar nuestras desconexiones.

Este poema pudiera ser un corte limpio,

perfecto en el diseño de su talle,

ausente de amplitudes,

pretendiendo,

emular al cuerpo que lo porta,

con la sinceridad que al verbo impone,

comenzar la digestión de sus estrofas.

Un poema yo,

navegando

entre todos los besos que nos dimos,

persistiendo,

en la adicción

a demoler los muros

que pueden separarlo

de tu rostro.

Este poema que nace, para no ser leído

tiene su fundamento en la batalla

que cotidianamente nos impone

sortear los aires de la noche

y las inquietudes del mañana.

Es la metáfora

que imprime

sus letras,

cuando no puedo abrir la puerta

de casa.

                          La metáfora

 que reclama

                       comencemos

por amarnos,

                    a nosotros mismos.

No lo leas,

aunque me muero de ganas

de que lo leas.

Carta a mi futura nieta

 

                 Algún día llegarás,

                  aunque tengan que pasar algunos años,

                     para recibirte en bienvenida.

                 Te imagino con la misma sonrisa que tu madre,

                  supongo que Boadicea no te pondrá pendientes,                  

como yo no se los puse,

                   y que cuando busque su nombre preferido,

                    hablará con el muérdago y el musgo.

                     que recogen los vientos de la infancia.

                      Yo estaré para verlo, o eso espero,

                    acomodaré tu cuarto,

                      no tendrá nada rosa,

                    quizá verde como el de tu madre,

                   o tal vez el azul cian más bonito,

                     en recuerdo de un mar siempre presente.

                         No habrá cuentos de princesas,

                     pues no quiero que desees un príncipe,                     

ni que pruebes las esposas del amor romántico,

                         comiendo perdices.

                      Yo te quiero ver crecer libre,

                         en confianza,

                        de saber que es mejor estar sola que atrapada

                       en un espiral de estereotipos.

                       Yo te quiero valiente, como el aire

                        la reina de tus lagos,

                      que tus ojos sean nobles y no vean

                         nada más que la profundidad del alma.

                      Deseo puedas permitirte ser fuerte,

                          en todos los principios y en todos los finales.

                           También me gustaría,

                         no lo oculto

                     que cuando atardeciese

                        mirases al poniente,

                           declarando

                          que sabes de dónde vienes,

                            y para qué has venido ahora.

                          Porque te quiero mujer, sencillamente.

Batallas del tiempo

Lluvia,

recalando la puerta,

sentirse fuera,

ser parte de ese bosque

imponentemente húmedo

que trae la niebla,

sobre los ventanales.

Dibujar sobre el vaho de la cristalera

mientras se quema el tronco,

observando,

 el paso de las ánimas.

La mayor ausencia es la raíz,

que reniega del tiempo que se impone.

Hoy, en el universo de los leds,

hay una bombilla que reclama

su amarillenta luz,

153 años,

son quizá pocos,

para comprender tu gran sentencia,

No sabemos que aquello que perturba nuestra sangre
es sólo su nostalgia de la tumba
”*

Porque anhelar el invierno y el verano,

desear el sol de primavera,

por pensar y reclamar siempre futuro,

nos apartamos del presente,

y de comprender

que la belleza se edifica

de “las batallas de otros tiempos”

*Willian Butler Yeats escribió este contundente verso. Lo he insertado en este poema mio, porque es un honor recordar a un poeta tan grande. Curiosamente hace unos años Irlanda comprobó lo que era ya una sospecha, que los restos que creyeron repatriar de Yeats, no son los suyos. Estos restos, perdidos en un osario común en el sureste de Francia, nos revelan la paradoja de esa metáfora, que pretendía reflexionar, sobre el incesante anhelo de futuro que impide vivir el presente.