No lo leas

No lo leas,

este poema no nace para ser leído,

nace para ser digerido,

junto a una tapa de patatas alioli

y una copa de vino imaginaria,

la bola de cristal, donde sumerjo

bajo cero

las emociones.

El aceite de bar imprime un olor a frito,

conectado al olfato,

por más que demos instrucciones de bloqueo.

No lo leas,

este poema no sabe ni cómo empieza,

quizá diría que tú eres

la corriente

que arrebata mis días.

Es cierto, eso ya lo he dicho,

en otro poema, y

 sin embargo,

 pudiera ser un buen comienzo,

para manejar nuestras desconexiones.

Este poema pudiera ser un corte limpio,

perfecto en el diseño de su talle,

ausente de amplitudes,

pretendiendo,

emular al cuerpo que lo porta,

con la sinceridad que al verbo impone,

comenzar la digestión de sus estrofas.

Un poema yo,

navegando

entre todos los besos que nos dimos,

persistiendo,

en la adicción

a demoler los muros

que pueden separarlo

de tu rostro.

Este poema que nace, para no ser leído

tiene su fundamento en la batalla

que cotidianamente nos impone

sortear los aires de la noche

y las inquietudes del mañana.

Es la metáfora

que imprime

sus letras,

cuando no puedo abrir la puerta

de casa.

                          La metáfora

 que reclama

                       comencemos

por amarnos,

                    a nosotros mismos.

No lo leas,

aunque me muero de ganas

de que lo leas.

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Carta a mi futura nieta

              

                 Algún día llegarás,

                  aunque tengan que pasar algunos años,

                     para recibirte en bienvenida.

                 Te imagino con la misma sonrisa que tu madre,

                  supongo que Boadicea no te pondrá pendientes,

                   como yo hice con ella,

                   y que cuando busque su nombre preferido,

                    hablará con el muérdago y el musgo.

                     que recogen los vientos de la infancia.

                      Yo estaré para verlo, o eso espero,

                    acomodaré tu cuarto,

                      no tendrá nada rosa,

                    quizá verde como el de tu madre,

                   o tal vez el azul cian más bonito,

                     en recuerdo de un mar siempre presente.

                         No habrá cuentos de princesas,

                     pues no quiero que desees un príncipe,                     

ni que pruebes las esposas del amor romántico,

                         comiendo perdices.

                      Yo te quiero ver crecer libre,

                         en confianza,

                        de saber que es mejor estar sola que atrapada

                       en un espiral de estereotipos.

                       Yo te quiero valiente, como el aire

                        la reina de tus lagos,

                      que tus ojos sean nobles y no vean

                         nada más que la profundidad del alma.

                      Deseo puedas permitirte ser fuerte,

                          en todos los principios y en todos los finales.

                           También me gustaría,

                         no lo oculto

                     que cuando atardeciese

                        mirases al poniente,

                           declarando

                          que sabes de dónde vienes,

                            y para qué has venido ahora.

                          Porque te quiero mujer, sencillamente.

Eloisa ya es poeta

Sus manos avejentadas se posaban sobre aquel trozo de papel, muy arrugado, que escondía un poema que escribió en su juventud e intentaban estirarlo lo mejor posible. La soledad se derretía en sus párpados, mientras desde la ventana de la residencia de ancianos, observaba el tránsito incesante de la calle. Se veía reflejada en aquellos rostros jóvenes que bulliciosamente corrian, galopando entre risas, en la madre que empujaba un carrito de bebé, en la mujer apresurada para intentar evitar no llegar tarde al trabajo, a recoger al niño, al supermercado, a la cita…y pensaba lo que cambiaría si volviera a ser joven. Escribiría poesía, se decía, solo poesía

-¿Por qué no lo haces? Una voz sonaba lejos. En la habitación no había nadie.

– Soy Melchor- dijo desde la puerta un hombre disfrazado de Rey Mago, con una barba blanca que parecía de esponja.

-¿Qué haga qué? Preguntó Eloisa.

-Escribir, es lo que quieres no, dijo aquel hombre.

-Ya soy vieja-dijo Eloisa-pero gracias por el consejo.

-El mundo precisa voces viejas- afirmó el Rey Mago- aquellas que ya saben que caminar, subir las escaleras, ser capaz de leer o poder ver la sonrisa de un niño, es un regalo. El mundo ya está lleno de gente que expresa ira, rabía, desazón o que demanda que la providencia le resuelva su suerte. Cuéntales que harías tú si fueras ellos.

-Yo lo que haría- A Eloisa se le iluminó la cara- es pasear disfrutando del aire por el Retiro. No puedo hacerlo, ya apenas puedo moverme por aquí, irme a tomar un café a la calle Mayor, sentir el calor del sol sobre mi piel y sobretodo volver a ver el mar, dejando que las olas mojen suavemente mis pies.!Qué feliz sería si pudiera volver a ver el mar!

-Lo vés. Eloisa, ya eres poeta.

Aquel hombre se marchó dejándole sobre sus manos una pequeña libreta, en la que estaba impreso su viejo poema:

Exigir al viento que exhale su oxígeno,

hablarle, para hablarse a sí mismo,

enfadarse con el arrullo bullicioso de una simple rima,

cuando las palabras no hacen piruetas,

ni manan libres entre las hojas del bosque.

Clamar al oráculo,

cortando la baraja desde el mismo lado,

y esperar, esperar, que todo cambie.

La diosa fortuna,

posada,

sobre un cetro de mentiras.

La nada es un concepto dificil

el vacío siempre esta repleto de partículas,

y recuerda siempre a ese grito de náufrago

buscando un pasaporte hacia el oasis.

Cerrar los ojos y abrirlos nuevamente.

Aunque es cruel la medicina del reloj,

es la que te indica,

cuando ya casi no hay tiempo,

que simplemente observar es un regalo,

Batallas del tiempo

Lluvia,

recalando la puerta,

sentirse fuera,

ser parte de ese bosque

imponentemente húmedo

que trae la niebla,

sobre los ventanales.

Dibujar sobre el vaho de la cristalera

mientras se quema el tronco,

observando,

 el paso de las ánimas.

La mayor ausencia es la raíz,

que reniega del tiempo que se impone.

Hoy, en el universo de los leds,

hay una bombilla que reclama

su amarillenta luz,

153 años,

son quizá pocos,

para comprender tu gran sentencia,

No sabemos que aquello que perturba nuestra sangre
es sólo su nostalgia de la tumba
”*

Porque anhelar el invierno y el verano,

desear el sol de primavera,

por pensar y reclamar siempre futuro,

nos apartamos del presente,

y de comprender

que la belleza se edifica

de “las batallas de otros tiempos”

*Willian Butler Yeats escribió este contundente verso. Lo he insertado en este poema mio, porque es un honor recordar a un poeta tan grande. Curiosamente hace unos años Irlanda comprobó lo que era ya una sospecha, que los restos que creyeron repatriar de Yeats, no son los suyos. Estos restos, perdidos en un osario común en el sureste de Francia, nos revelan la paradoja de esa metáfora, que pretendía reflexionar, sobre el incesante anhelo de futuro que impide vivir el presente.

Aquel poema

Cuando la noche te envuelve

en alas de tul, los sueños,

van despejando las nubes,

aquel pasado recuerdo,

de aquel poema de Bécquer,

que leíamos al tiempo

entre pausas de silencio,

y entre latidos de versos,

que alborotan corazones

tan sinceros como inquietos.

Hoy,

que la noche devuelve

tus besos entre mis sueños,

aun se apresura el aliento,

y no hay rima que impresione,

ni poeta que destrone,

el amor que por ti siento.

Babel

    Escuchar,

       ser como un junco

obviando la rigidez del tronco

y la descompostura de la máxima

que siempre cuenta la historia a su manera.

         La puerta de los dioses,

el adobe cromado,

el ágora,

la recurrencia métrica que expresa

el templo de las aguas,

                  quién dice que tu caos no es tan humano,

como el desafío de tu torre,

el diluvio, la noche, y las contiendas.

  Quizá es hora de reconocer que la soberbia

se da en todos los bandos entre lides,

y que el entendimiento no es una torre en ruinas,

sino un propósito de buena voluntad.