Batallas del tiempo

Lluvia,

recalando la puerta,

sentirse fuera,

ser parte de ese bosque

imponentemente húmedo

que trae la niebla,

sobre los ventanales.

Dibujar sobre el vaho de la cristalera

mientras se quema el tronco,

observando,

 el paso de las ánimas.

La mayor ausencia es la raíz,

que reniega del tiempo que se impone.

Hoy, en el universo de los leds,

hay una bombilla que reclama

su amarillenta luz,

153 años,

son quizá pocos,

para comprender tu gran sentencia,

No sabemos que aquello que perturba nuestra sangre
es sólo su nostalgia de la tumba
”*

Porque anhelar el invierno y el verano,

desear el sol de primavera,

por pensar y reclamar siempre futuro,

nos apartamos del presente,

y de comprender

que la belleza se edifica

de “las batallas de otros tiempos”

*Willian Butler Yeats escribió este contundente verso. Lo he insertado en este poema mio, porque es un honor recordar a un poeta tan grande. Curiosamente hace unos años Irlanda comprobó lo que era ya una sospecha, que los restos que creyeron repatriar de Yeats, no son los suyos. Estos restos, perdidos en un osario común en el sureste de Francia, nos revelan la paradoja de esa metáfora, que pretendía reflexionar, sobre el incesante anhelo de futuro que impide vivir el presente.

Aquel poema

Cuando la noche te envuelve

en alas de tul, los sueños,

van despejando las nubes,

aquel pasado recuerdo,

de aquel poema de Bécquer,

que leíamos al tiempo

entre pausas de silencio,

y entre latidos de versos,

que alborotan corazones

tan sinceros como inquietos.

Hoy,

que la noche devuelve

tus besos entre mis sueños,

aun se apresura el aliento,

y no hay rima que impresione,

ni poeta que destrone,

el amor que por ti siento.

Babel

    Escuchar,

       ser como un junco

obviando la rigidez del tronco

y la descompostura de la máxima

que siempre cuenta la historia a su manera.

         La puerta de los dioses,

el adobe cromado,

el ágora,

la recurrencia métrica que expresa

el templo de las aguas,

                  quién dice que tu caos no es tan humano,

como el desafío de tu torre,

el diluvio, la noche, y las contiendas.

  Quizá es hora de reconocer que la soberbia

se da en todos los bandos entre lides,

y que el entendimiento no es una torre en ruinas,

sino un propósito de buena voluntad.

La quita

Hierba, sobre mis pies,

descalzando la vida

y ese sol de otoño barnizando

los rojizos paisajes.

Hay un volcán que me observa

desde el subsuelo de mis ojos,

y no resulta posible echar el cierre

de la insolvencia de las emociones,

 una espera, balance, la cuenta

  en el silencio de palabras.

Es el fuego, el habitante,

de la cordillera de mis pasos

entre las ascuas que enardecen

el verde pasajero.

Soy ceniza,

soy quien vuelve,

sin quemarse,

en la quita de las revelaciones.

Sobrevivir al poema

Sobrevivir al poema

y ser poeta,

ya sea por descuido o ignorancia,

las palabras se pierden en las manos

y tiembla la llanura de sus ojos,

más cerrados que antaño,

más cansados.

 

Sobrevivir al poema

y ser mujer,

que quiere transcenderse entre las puertas,

que aguardan entre versos

nuevas alas,

y quizá, la pregunta más guardada,

la que tarda la vida en olvidarse

de ser siempre trinchera en retaguardia.

 

 

Cuántas flores esperan en la huerta,

la sonrisa que ayer encabalgada

a sus pétalos rojos su mirada.

 

Lo que estuvo fue ayer,

nunca se puede

rebobinar el hilo,

y recoser,

las puntadas, en tela ya gastada.

 

Nunca es lo que ha sido

pero cuánto se es,

cuando nada has sido.

 

 

 

 

 

No tengo poemas

Hay veces que no tengo poemas,

mente en blanco,

la emoción en furia, destrabándose

como ametralladora de conceptos,

tropezando

con virulencia en el asfalto.

Pudiera decirse que la mecha arde

sin gasolina,

alborotadamente,

entre los bordes de mis pensamientos.

No tengo poemas,

porque hay días negros,

porque solo me queda rabia para gritarme hacia dentro,

Por eso

hay días que no tengo poemas.