Millas

Hace falta más que un aliento,

para proseguir millas,

romperse a jirones tras el asfalto,

conociendo que no llegarás a tiempo a la meta

porque ninguna meta está prevista para ti.

 

Correr tras el tiempo,

en rebeldía,

a todo destino impuesto,

a todo lo previsible,

para hacer imposible

la derrota.

 

Sí, correr

correr salvajemente,

pegado a la tierra, arañando arena,

masticando,

los sinsabores de las aceras.

 

Hay quien dijo que ya no hay tregua

para los malvados.

 

 

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Cuestióname

                Vivimos en una sociedad que teme a la cuestión, tiene miedo que se pongan en duda sus premisas y por ello califica negativamente lo que resulta contestatario o rebelde. Esta misma sociedad, paradójicamente, parece no importarle que se justifique la imposición por la fuerza de lo que ha asumido como premisa. Todos comprendemos que la sociedad ha de regirse por unas normas y tener unos límites básicos. No me refiero a esto, me refiero a las presiones, las imposiciones sociales, de grupo, el odio a lo diferente. Recordemos que bajo la afirmación de hacer un bien se han cometido grandes males.

        Cuestióname

No sigas mis pasos

Sin hacerlo

Cuestióname, discrepa

Transmíteme argumentos

Interrógame, pregunta

Se vehemente en la defensa de lo que piensas

Exprésate, no te limites

No te creas las conclusiones que ofrezco

Y cuando alcances el convencimiento

Entonces simplemente acompáñame

Pero nunca trates  de imponerme ni imponerte

Pues es el miedo el que se impone

Pero la autoridad se gana.