Reflexiones al borde del pijama

                 Seguramente escribo esto porque soy una antigua, tanto que corro el riesgo de ser “desclasificada”, y ya pido perdón de antemano a todos aquellos a los que pudiera ofender, en este su amor a  las redes sociales. Hoy he leído en un artículo que influencer podría convertirse en un oficio, no excepcional, sino tan normal,  como ser panadero. Pues bien, me quedo con el pan. Lo tengo bien decidido.

           Si  carisma es ese conjunto de talentos que hacen a una persona atrayente a los  los demás  porque  saben escuchar, te implican, hablan de nosotros, son capaces de contagiar entusiasmo;  los influencer ofrecen una realidad bien diferente, alejada de ese nosotros y de ese escuchar, ya que son seguidos, contrariamente, porque exhiben un mundo idílico o de lujo,  ese mundo ideal que admiran sus seguidores.  En verdad lo que pudo aproximarse en principio a su realidad, pasa a ser un oficio, un modelaje de una vida no tan real. Hacen deporte, sin hacerlo (para una foto); van de compras (pactadas), ponen una frase bonita y un pijama, que genera esa apacible sensación de hogar y luego se lanzan al somnífero.  Ay, detrás de las bambalinas, otro mundo hallarás.

      Una joven poeta me decía “una chica pobre difícilmente será influencer. Cómo lo va a ser con ropa barata. Eso a la gente no le gusta, la gente quiere lujo, una vida perfecta, de cuento, que sigue en las redes como inalcanzable “. Bendito Branding y bendito Instagram,  crea paradojas irreconciliables, tan complejas que merece una teoría de sistemas. Una marca de lujo contrata una influencer a la que la siguen millones de seguidores, de  los cuales muchos- por no decir la mayor parte- difícilmente tendrán acceso a sus productos,  aunque los admirarán y mucho.  Se presenta como logro del marketing, una técnica revolucionaria, en un mundo en el que ya nada se hace sin las redes. Será importante, no lo dudo, eso de crear estado o  crear marca, pero sabéis que os digo, que yo me quedo con el pan y con el carisma.

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Un molesto inquilino

        Ayer encontré un libro  en el trastero. En el enjambre, de Byul Chul Han, ni siquiera me sonaba. No recordaba haberlo comprado, siquiera tenido, y menos relegarlo a un lugar recóndito, debajo de una caja y una almohada, que tampoco, en honor a la verdad, me sonaba mucho. Lo hojeé un poco y lo volví a dejar en su lugar, con la intención de preguntar a mis amigos si era posible que hubieran dejado este libro cuando me ayudaron a guardar unos muebles viejos.

       No todos los amigos son igual de importantes. En mi caso era curioso que mi amigo más especial, aquel que siempre tenía algo que decir, fuera un amigo virtual. Nos seguíamos en todas las redes. Él era ingenioso, divertido. Me encantaba leerle. Además, era culto, listo y físicamente estaba fenomenal. Ya, ya, cierto, me tenía enganchadita.

       Cuál fue mi sorpresa que mi amigo Reten21 había puesto una entrada comentando ese libro, sí, ese, el que estaba en mi trastero. Será casualidad…Me quedé alucinada, y pese a que eran las tres de la mañana,  me vino a la cabeza la posibilidad de rescatarlo. Ahora sí que iba a impresionar a mi amigo Reten21, le copiaría unas frases del libro y quedaría como una experta en filosofía

        Accioné la linterna de mi teléfono y subí en el ascensor a la planta de trasteros. Me dirigí hacia el mío con determinación y cuál fue mi sorpresa: Tenía un inquilino, un sorprendente inquilino.

     Ya estaba claro, por eso había encontrado el libro. Ahí estaba Reten21 durmiendo sobre mis cajas. Me miró sorprendido, con cara de susto, como suplicándome. Dijo que me lo podía explicar, que se había quedado sin trabajo, sin vivienda, que tomó prestado el trastero para dormir unos días hasta encontrar nuevo empleo, que no sabía que era el mío, que le ayudase…

       Me dejó atónita, no sabía qué decirle. Ya no me parecía tan genial. Estaba despeinado, era más bajo de lo que pensaba y encima parecía menos interesante. Así que no le dije nada. Llamé a la policía sin dirigirle palabra y fue desahuciado amablemente por los agentes.

      La pena es que me bloqueó en las redes y no puedo darle al me gusta a esa entrada sobre el libro.

     ¿Y de qué iba? Pues, bueno, una rayada de esas, sobre que la era digital y el mundo virtual nos están alejando de los otros,  que no hay unión para cambiar las cosas.

     ¡Qué sabrá ese Coreano! Qué lástima de filósofos, seguro que no salen de su mesa de estudio y no tienen “mundología”, que no, que no, hazme caso a lo que te digo, que esa gente no está en la vida. No se fijan en la cantidad de amigos y relaciones que se “hacen” en la redes ni en lo que puede hacer twitter cuando “arde”.