Reflexiones al borde del pijama

  El paracetamol no está en la lista de sustancias prohibidas. Lógico, me diréis, si es un medicamento de común uso, cómo va a estar prohibido. Pues eso, no lo está, y, sí,  es de uso común y generalizado como analgésico, pero hoy he leido que existe una relación- no sé su grado de  comprobación científica- entre el consumo prolongado paracetamol y la falta de empatía, tanto o más como el  tener una situación de poder. No es que el paracetamol nos haga poderosos, no confundamos, es que ambas cosas, el estar demasiado tiempo en un cargo o tomar paracetamol, al parecer, disminuyen la empatía. Lo primero es comprensible. El ego siempre se va alimentando. Lo segundo verdaderamente sorprendente.

    Una noche cualquiera en Madrid, conocí un personaje extraño, en un momento, que ahora, me parece revelador. Yo. como siempre, empeñada en realizar largas caminatas, sin bajar ni un centímetro mis zapatos de tacón, precisé de urgente descanso en medio de una calle. Me apoyé sobre la pared para descansar un poco, mientras mi amiga, pacientemente,  esperaba mi recuperación. Y apareció el, un hombre de unos setenta años de edad, que se dirigió a nosotras, ofreciéndonos  “paracetamol “del bueno, sí, aspirina, paracetamol, quizás un ibuprofeno. Pues he ahí aquel hombre del que pensábamos era un chalado, ahora parece un adelantado a su tiempo.

      “Nene, si quieres ser malo, toma paracetamol”

      Bueno, como a mi me disgustan los malvados, solo me queda pensar que quizás dicho estudio científico no sea tan solvente. Y, de verás, no se que haré si un día me duele la cabeza…Ya miro con desconfianza la caja de paracetamol que hay en mi botiquín. En fin, no sé si pasará de esta noche sin ser arrojado-” sin empatía” a la basura.

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Ventanas del mañana

 

No existe un plano monocorde,

en el que las rutas,

se extienden simétricas coronando

un castillo de naipes y princesas.

 

No existe,

una odisea sin trampa,

un destino sin pérdida,

un velero programado

en el horizonte de los designios.

 

No hallarás un pentagrama unísono

ausente a la derrota,

el canto de sirena

para el concierto de la vida.

 

Por eso,

bendice los errores de tus versos,

los quiebros de tus rutas,

la lejanía de Ítaca,

el telar de tu paciencia.

 

No lamentes la piedra que tropieza en tu nombre,

por miles de veces,

imponiéndote desacordes,

en el fango de la tristeza.

 

 

Las ventanas del mañana encontrarán el sol de este invierno.

 

 

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón

Imagen: Pixabay. Cedida gratuitamente por Kellepics.

 

 

 

 

Incendiaria

El silencio huele a gasolina

Prendiendo tus vientos

El humo amarilllea las cortinas

Invidentes de  luz

No comprendes

Que no hay incendio externo

Que sofoque

Tus duelos

No hay batalla

Que sane tu impotencia

La verdadera lucha

Has de tenerla adentro

Bailemos

En ocasiones, basta

con una bombilla en un cuarto para sentirte iluminada,

Si es así, por qué no cambiamos,

la desazón por un arco iris

impermeable a los desconciertos,

necesitamos poco para poder atravesarlo

barnizando nuestros matices.

 

En ocasiones,  basta

que estés allí, en el otro lado,

y podamos bailar imaginariamente.

Unas velas que traigan sueños,

un paisaje, la luz atravesando la ventana

y esa canción que tanto te gusta.

Es lo que importa.

Bailemos.

 

 

Poema. Universoespejo.com. Pilar Astray Chacón

imagen obtenida de Pexels-photo. Cedida por Tim Gouw

Versales

Cuesta trascender, y en nuestro abismo, siempre es imposible la respuesta.

 

Precipitarse

Sobre las grandes preguntas

Para reconocerse

Maleable a todas las respuestas

Es tanto el miedo al vacío

Que me vale

Cualquier réplica

 

Sobre la curva de mis pensamientos

Va ondulando la vida

Perder por no perderse uno mismo

Unos altos vuelos para una mariposa

Entre las versales del abismo

Reflexiones al borde del pijama

          Muchas veces pienso que mi mente intenta complicarme. Con toda seguridad está guiada bajo un plan secreto para sembrarme desconcierto. Camino hacia el gimnasio como cualquier día, a la hora usual, pero no pienso en el trayecto, ni siquiera en el plan de entrenamiento, me pregunto qué pensaría  sobre los humanos un extraterrestre si estuviera en el aquí y ahora, en esta calle. Y se me ocurre que nos vería muy feos. No tenemos el majestuoso porte del león ni la elegancia del caballo, somos en realidad unos bichos no realmente muy agraciados. Así nos vería.  Menos mal que llegó al semáforo y está en fase roja, así, mientras me detengo, otra fantástica idea puede sacudir mi cabeza ¿Y si tuviésemos pelo? ¿Seríamos como el Yeti?

            Llego a la altura de la floristería. Su encargado colocaba las plantas cariñosamente cada noche antes de cerrar. Y hoy no lo hacía. Golpe a la rutina.  Ah, ahí está, pegado al móvil  ¿Y las queridas plantas? En fin, ni los románticos soportan este siglo.

          ¿Si fuéramos un ejército de bichos peludos tendrían algún sentido las cremas anticelulíticas? Seguro que no, todo es imagen y lo que no se ve, no está sencillamente.

           Profundas reflexiones, ya lo veis, para un día en el que mi traje rosa,  ese rosa de la mala suerte ¿Os acordáis? se ha convertido en uniforme de trabajo de unas cuantas presentadoras de televisión. No puede ser, pues sí, es. Clavadito, clavadito a mi vestido y por doquier ¿Será que existe de verdad un complot extraterrestre?

Un nuevo día

Resulta muy difícil abrir un nuevo día

y observar ese aire que envuelve la mañana

con esa intensa huella que lleva agonía

que la noche dejó impresionando al alba

 

Hoy grito como grita un volcán encendido

y lloro, como llora la mejilla de un lirio

la verdad olvidada en el rostro de un niño

fatigados los ojos en el presente huido

por mor de hordas cruentas que desde aquí maldigo

 

Estamos lastimados, nos supura la herida

la cruel impotencia y la absurda letanía

que alude a fortalezas cuando falta la vida

 

Imprimiré la  flor que resurge de nuevo

que traiga la palabra fraguada en el caldero

origen de la vida en espiral de fuego

con la verdad del aire y la fuerza del trueno

 

Hay días que es difícil abrir un nuevo día

tras el dolor prendido en las horas amargas

que nos dejó la noche impresionando al alba