Linaje

   Dice la leyenda artúrica que existen muchos reinos, guardando el grial. Quizá, la verdadera encomienda no es la tutela de ninguna posesión. Contrariamente,  lo que ha de custodiarse no es una copa, un plato, o un referente histórico, ni siquiera la memoría de alguien, sino nuestra propia esencia; la fuerza para mantener la claridad en la mirada.

               

   No beberé del agua de la inclemencia,

          ni de la ausencia de calor en los pasillos de la espera,

                        ni de ese ver al otro objeto, al otro perdido, en un yo no soy de esos,

                            destierro hacia el submundo inanimado.

 

                     No me sentaré a la mesa de los sabios

                 pero compartiré el azúcar de las manos tendidas,

                     ante los ojos de un niño que voltea las láminas de  un dibujo,

                         en los templos de la selva

                             

No creeré en las palabras de soberbia:

                   La impaciencia, el fracaso, la histeria, la noche, la sombra, la duda, el deseo, el ansia, la desolación y también el amor son tan humanos,

                  como los brazos recostados sobre el regazo madre

                         de todas las tormentas.

     Por eso, no quiero salvadores, ni hechiceros ni profetas

            quiero manos frágiles, ardientes, emotivas,

manos coronadas,

                       en el Outeiro Rei de todas nuestras vidas

                 

 

 

 

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Angustia

Toda una vida cosida a fotogramas,

deshilados en una procesión momificada

entre el verde ungüento de las nauseas

quebradas en la angustia, maniatadas

en una composición de videocámara.

El tiempo se repite,

un nudo en la garganta

que ha venido a instalarse,

entre el papel pintado y la insuficiencia

de toda incertidumbre.

 

Las manos en enredadera,

cubriendo la cabeza,

posición de defensa.

Me estoy tragando la luz,

Voy engullendo

lo poco bueno que asoma a las ventanas

y no sé cuál será la próxima pantalla

No existe camino para volver atrás,

el tiempo se lo cobra

Siempre estará él para decirte

Cuanto te equivocaste

 

Quiero abandonarme en el minuto cero

estar ausente, libre, sin espacio

cesar el tormento, romper el lazo

que me une a la candelaria de las sombras.

 

Por ti

 Si no vives la luz, estás muerto. No hace falta ser zombie para estarlo, en vida.

 

POR TI

En la agonía de la tierra,

el asfalto esquizófrenico de la noche,

ahogada siempre en alcohol,

zombies de zapatillas multicolor

sobre los aparcamientos del descrédito

y la veneración del carnero opulento y traicionero

que los deja apagados en cualquier esquina,

con la sobredosis publicitaria de su droga.

En la agonía de la tierra,

si no fuera por ti,

por esos ojos que quiebran toda duda,

y esa noche infinita de palabras,

dejaría de seguir persiguiendo

operaciones especiales.

Tú eres mi especial misión,

la única,

de todo este camino entre los muertos.

 

 

 

 

Contaminados

Retumba,

el aullido magnético del ruido,

sobre la cima de la tierra.

Retumba,

sobre su cráter,

en la ebullición de sus conversos,

hay demasiado metano

sobre el silencio.

 

Las leyes de la naturaleza,

exponen las razones,

para quebrar el camino

columpiándonos,

sobre la noria incesante de los tiempos.

Pasquines de miel y sin hojuelas

Extraño pensamiento maquetado

en la revista de las irrealidades

anhelo juvenil en cuerpo trasnochado

todavía pegado a vanidades,

anuncios de perfume y bagatelas,

impersonal, ausente, a la deriva

en ese blanco vacío de diseño,

que es como el gris privado de la vida,

aun no sabes que todo tiempo vuela

por mucho Botox que cuelgues en la espuela.

 

Pequeña humanidad idiotizada

en pasquines de miel y sin hojuelas

Demando tus manos

Yo demando tus manos,

la mirada hacia atrás,

el fuego,

la trastienda

de la caverna de las ideas.

 

El epicentro de la mentira

nos pretende,

agitándose

en la propagación de sus cimientos,

ofreciéndonos

la bengala aparatosa

de la abundancia.

Pero la barrera ignífuga de tus ojos

nos permite transitarnos sin cadenas

 

No preciso

la tela verde del croma

para ver el paisaje

que recorren

nuestros cuerpos amantes

en todos nuestros parajes.

Yo demando tus manos,

el  asiento

indescriptible

de tu boca

sobre mi nuca,

una llamada a la eterna primavera

danzante,

sobre el lago del averno.

 

Lunática

Mi cara,

sobre los bordes del agua,

apenas mantiene sus rasgos.

La luna me oscurece,

declamando,

un cántico infantil

El patio de mi casa…

No hay patio en mi casa.

Se cerró,

cuando te fuiste,

cuando me fui,

depositando parte de mí en esta demencia,

como una llave a plazos,

el timbre de una letra sin fondos.

No me encuentro,

mis ojos están oscuros,

quiero la bala de plata,

la purga,

el sarcófago,

la lluvia pausada depurando

la vida,

y qué vengan a mí

todas las flores

que un infinito jardín sea un principio,

porque las criaturas del invierno

no encuentran acomodo en primavera.