No tengo poemas

Hay veces que no tengo poemas,

mente en blanco,

la emoción en furia, destrabándose

como ametralladora de conceptos,

tropezando

con virulencia en el asfalto.

Pudiera decirse que la mecha arde

sin gasolina,

alborotadamente,

entre los bordes de mis pensamientos.

No tengo poemas,

porque hay días negros,

porque solo me queda rabia para gritarme hacia dentro,

Por eso

hay días que no tengo poemas.

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Háblame de ti

A penas has partido medio metro,

y hablas de cicatrices en cinturas

de torsos desencajados

y de sangre,

a raudales,

sobre los ministerios de la carne.

Yo te asiento, como si impresionada

por esa hiperbólica  autoayuda,

hubiese descubierto el algoritmo

que encomendase mi suerte al árbol de la vida

y al magisterio de Odin.

Sin embargo olvidas,

que toda hazaña interior precisa

de una valentía de titanes,

y que ninguno de los hombres que  enfrenta

la muerte cara a cara, ignora

el latigar del corazón en palmo

y el rezo sigiloso a la esperanza.

 

Desconoces las rugosidades de mi ropa

y el altanero imperio del vacío.

No des consejos, háblame,

háblame,

tan solo de ti,

de como el mar humedece tus zapatos,

y de como cada atardecer

te enredas con el sol,

buscando el oasis

en un bar de Madrid.

Así, solo así,

con alma abierta,

podré quererte.

 

Virar rumbo

Abrir las manos y avistarte,

en toda la densidad de los océanos,

el futuro es una materia maleable

entonces,

desertemos de esta ruta,

viremos el rumbo,

cielo abierto.

Aun tengo guardada aquella sonrisa,

y puedo rescatar de mi memoria,

el horizonte de aquellos nuestros besos

Linaje

   Dice la leyenda artúrica que existen muchos reinos, guardando el grial. Quizá, la verdadera encomienda no es la tutela de ninguna posesión. Contrariamente,  lo que ha de custodiarse no es una copa, un plato, o un referente histórico, ni siquiera la memoría de alguien, sino nuestra propia esencia; la fuerza para mantener la claridad en la mirada.

               

   No beberé del agua de la inclemencia,

          ni de la ausencia de calor en los pasillos de la espera,

                        ni de ese ver al otro objeto, al otro perdido, en un yo no soy de esos,

                            destierro hacia el submundo inanimado.

 

                     No me sentaré a la mesa de los sabios

                 pero compartiré el azúcar de las manos tendidas,

                     ante los ojos de un niño que voltea las láminas de  un dibujo,

                         en los templos de la selva

                             

No creeré en las palabras de soberbia:

                   La impaciencia, el fracaso, la histeria, la noche, la sombra, la duda, el deseo, el ansia, la desolación y también el amor son tan humanos,

                  como los brazos recostados sobre el regazo madre

                         de todas las tormentas.

     Por eso, no quiero salvadores, ni hechiceros ni profetas

            quiero manos frágiles, ardientes, emotivas,

manos coronadas,

                       en el Outeiro Rei de todas nuestras vidas

                 

 

 

 

Angustia

Toda una vida cosida a fotogramas,

deshilados en una procesión momificada

entre el verde ungüento de las nauseas

quebradas en la angustia, maniatadas

en una composición de videocámara.

El tiempo se repite,

un nudo en la garganta

que ha venido a instalarse,

entre el papel pintado y la insuficiencia

de toda incertidumbre.

 

Las manos en enredadera,

cubriendo la cabeza,

posición de defensa.

Me estoy tragando la luz,

Voy engullendo

lo poco bueno que asoma a las ventanas

y no sé cuál será la próxima pantalla

No existe camino para volver atrás,

el tiempo se lo cobra

Siempre estará él para decirte

Cuanto te equivocaste

 

Quiero abandonarme en el minuto cero

estar ausente, libre, sin espacio

cesar el tormento, romper el lazo

que me une a la candelaria de las sombras.

 

Por ti

 Si no vives la luz, estás muerto. No hace falta ser zombie para estarlo, en vida.

 

POR TI

En la agonía de la tierra,

el asfalto esquizófrenico de la noche,

ahogada siempre en alcohol,

zombies de zapatillas multicolor

sobre los aparcamientos del descrédito

y la veneración del carnero opulento y traicionero

que los deja apagados en cualquier esquina,

con la sobredosis publicitaria de su droga.

En la agonía de la tierra,

si no fuera por ti,

por esos ojos que quiebran toda duda,

y esa noche infinita de palabras,

dejaría de seguir persiguiendo

operaciones especiales.

Tú eres mi especial misión,

la única,

de todo este camino entre los muertos.

 

 

 

 

Contaminados

Retumba,

el aullido magnético del ruido,

sobre la cima de la tierra.

Retumba,

sobre su cráter,

en la ebullición de sus conversos,

hay demasiado metano

sobre el silencio.

 

Las leyes de la naturaleza,

exponen las razones,

para quebrar el camino

columpiándonos,

sobre la noria incesante de los tiempos.