Miguel Altiere es un espíritu filosófico que se adhiere, sin compasión alguna, a los textos de algunos blogeros. Se define, sin mucha coherencia, como neoplatónico y es muy insistente. Yo diría, sin exagerar, que es muy cansino. Hasta que logra su propósito no te deja en paz. Hoy a tocado al mío. Y aquí está, dispuesto a plasmar sus lunáticas ideas en una carta que les dirige a todos ustedes. Me ha advertido que debo afirmar que tiene todos los derechos reservados en una plataforma de registro de la propiedad intelectual, por lo que absténgase de copiar sus fantásticas ideas. Bueno, qué decir que él las cree fantásticas, pero, les confieso, tiene un ego demasiado subido. Creo que es poco consciente de la realidad. En fin, les dejo con su carta y juzgen ustedes. Sin duda, coincidirán conmigo que está un poquito alterado. Ay, lo siento, me acaba de sacudir una descarga eléctrica. Rectifico, es una reflexión muy profunda y muy a su altura…

El poder de la mentira. Cartas desde la caverna

       Dale un carpetazo a las leyendas, cuentos, parábolas y moralejas. Y disfruta, ya sobrepasamos el siglo de la razón. No hay nada más que lo que ves, no existe nada más que lo que se comprueba. Dios ha muerto, ellos, dice Nietzsche, lo mataron por nosotros. El trabajo ya está hecho, a partir de ese momento el hombre puede ser su propio dios. El ser maravilloso deconstruido en un mundo creado, y cada vez más, para mentes de infantes. Empapémonos con sus dosis de realidad. No hay nada más exuberante, sobre todo si tenemos el frigorífico lleno de cerveza y estamos dispuestos a disfrutar del espectáculo.

       Diremos que no es racional pensar en nada sobrenatural. Es una alucinación de tu pequeña mente. Eres el aquí y ahora. Libre de discernir. El ser más informado, más despierto. Pero te hablarán de su “relato”, no de su verdad, y manejarán las cifras, los medios de masa, las comunicaciones y te presentarán medias realidades, asumidas como verdad, en la cultura de la desinformación.

       Negaremos la paradójica fuerza de los mitos. Son leyendas para hombres primitivos. Ahora somos personas en el siglo XXI. Pero a la vez introducirán mensajes de la nueva era, la creación de tu propia realidad, las relaciones familiares que traspasan los tiempos y una nueva mística que se relaciona, de forma no muy explicable, con un campo de la física. Ahora todo es cuántico. ¿No entiendes qué implica? No importa, ellos tampoco.

      Abrazaremos esta realidad en un camino ansioso por agotar nuestro deseo, más cosas, más éxito, más sexo implícito y explícito, más comida, más abundancia, más…más…más…Buscar el placer no es malo, pero este propósito freudiano, nos enlaza en la carrera del más, sin realmente plantearnos qué cantidad queremos. El más, más, más …no nos dejará ver…Es como llegar a unos grandes almacenes abarrotados de cosas con objeto de buscar algo bien concreto. Abramos las puertas de la confusión. Es realmente divertido ser nuestro propio dios, creerse capaz de crear una imagen a medida, un mundo a nuestra medida. Pero cuando tengas instalado en tu vida esa ansia compulsiva del más, te dirán que deseas por encima de tus posibilidades, que has caído en un exceso, y que las consecuencias que procedan son tu culpabilidad. ¿Y estarás perdido? Claro, perdido, dispuesto a recibir tu dosis de castigo. No hay causa sin efecto, regla básica, nos cuentas. O estarás dispuesto a abrazar las tesis de cualquier gurú que te salve de la ruina, el exceso, el consumismo. Ya nada te satisface, siempre, es más, más, más… Y así volverás a sentirte pequeño. ¿Un dios? Un ser pequeño, diminuto y débil…

     Valoremos la prostitución del pensamiento. Regodeémonos en lo macabro. Hagamos de las víctimas bufones del siglo XXI. Aireemos nuestras mediocridades. Eso sí, con gritos, aspavientos, enojos, a impulsos, echando fuera todo aquello que parece tenemos dentro. ¿Pero lo tenemos de verdad? Da igual, lo importante es vomitar. Y que el receptor del vómito se contamine. ¿Para qué enseñar serenidad? ¿Para qué buscar soluciones? El problema no es un problema es un espectáculo. Se resuelve en las tertulias, dando charlas, cambiando eslóganes. Y como en un rito iniciático de regresión infinita, creemos otro relato, en el que las palabras mágicas que hayamos diseñado en una tarde cualquiera, supongan la redención de nuestros problemas.

     Exageremos las teorías de la conspiración, hasta el punto que abracen el absurdo, y con ello se diluya, si lo tuvieran, su fragmento de verdad. Clamemos al universo nos otorgue una cáscara nueva, que rocíe el sol y nos traiga la primavera más maravillosa. Aquella en la que el hombre, rey del universo, abraza el único grial reconocido: El poder del dinero. Nuestra salvación infinita en un mundo de ocio permanente, series, bestsellers, luces, destellos, nuestra mejor imagen en las redes, para desolación de nuestro yo desnudo.

   Sigamos, pues, ascendiendo, entre la desinformación, para nuestra mayor gloria.

   Pero si algo puede ser cierto de esta distopía, es que por mucho que te prometan, no serás feliz.

  Recordemos la torre de babel, si el Dios de Israel, evitó la fuerza de la conexión de aquellos que pretendían desafiarle, haciendo que no se entendieran, al hablar lenguajes diferentes, esta maraña disruptiva, distópica y desinformativa, es la mejor manera de hacer que no pienses.

 ¿Dios ha muerto como decía Nietzsche? O ¿hemos creado un nuevo ídolo?

  Disfruta. Ah, y no olvides invitarme a una cerveza.

  Atentamente,

  Un habitante de la caverna

6 comentarios en “Cartas desde la caverna

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