Miedo

En el círculo giratorio de tu ombligo

te carcome la impotencia

te paraliza el miedo

ese miedo/ deseo, anhelo/ miedo, miedo/ angustia

roturando el inicio de tus intestinos,

colmándote de bardas

sobre las ruinas de tus fotografías

Es cómodo impedirse la salida

Ahogarse con las propias manos.

atraparse, enmarañarse, olvidarse, renegarse

La impotencia siempre claudicante

Idealizando la resignación,

alabando la mediocridad del conformismo

en falsa humildad decolorada

La impotencia como gran muralla de los días que nunca comienzan

del  futuro que nunca viene

La palabra no dicha

Sé fuerte, por una vez, maldita sea, sé  fuerte

Y no renuncies a tu vida

 

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Dónde va Vicente…

     Dicen que todo se pega menos la hermosura, y debe ser así, ya que acabo de leer un artículo que explica que nuestro cerebro, a consecuencia de su “neuroplasticidad”, se va amoldando y semejando a otros cercanos. Pienso que será por aquello de “hacer espíritu de grupo”, y si  es así, el dicho de “Dios los da y ellos se juntan”, pudiera partir de una premisa bien equivocada y deberíamos sustituirlo por aquel de “ellos se juntan y se van haciendo iguales”, tal parecido al otro que, referido al matrimonio, reza textualmente que “dos que se acuestan en el mismo colchón, se hacen de la misma condición”

         Me imagino el cerebro como plastilina, modificándose para semejarse al del congéneres y por doquier grupúsculos en semejanza con la peligrosa sentencia de que podemos, si Murphy no se equivoca, gravemente empeorar nuestras iniciales condiciones.

         Algo parecido debe pasar en las redes sociales en las que el encefalograma plano va dominando sus coordenadas a golpe de clic, bulo tras bulo, de manera que acaban hastiando y aburriendo. Hubo un tiempo que tuve la torpeza de intentar desmentir algún bulo, hasta que me di cuenta que lo que  menos importa a sus receptores es aterrizar en la realidad,  nadie quiere hacerlo, por lo que solo consigues agotarte. Aun así confieso que todavía en ocasiones se me corta el aliento al ver que el número de retweets crece en directa proporcionalidad a su falacia. Tal vez la única explicación a este fenómeno, al parte de que preferimos creernos lo que nos dicen a comprobarlo por nosotros mismos, esté en esa neuroplasticidad, que aboca a nuestras neuronas a uniformarse en el bucle infinito de la red de redes.

         Dicha maleabilidad por adaptación no es exclusiva de los adultos, sino se manifiesta en las edades más tempranas y ni siquiera es exclusiva de los humanos, habiéndose demostrado comportamientos semejantes en Orangutanes y Chimpancés.

            Lo que para algunos es un riesgo en la identidad, para muchos es la principal pista para el uso de técnicas para determinar comportamientos. Por eso, basta que cunda la idea de que algo es mayoritariamente asumido para que el disidente se vea forzado a disimular sus diferencias, por lo que no es hasta que comprueba que no existe tal mayoría, cuando se permite manifestar la diferencia. Normalmente justificamos estas acciones en el temor a ser excluido, pero ¿Cuántos se habrán adaptado al nuevo pensamiento? Esa es la gran pregunta y la clave de muchas estrategias de marketing.

 

Residentes no visibles

   Cando chega esta època todo lémbrame a Compostela. Ese paso polas rúas cara á Catedral, quentándome as mans co papel do cucurucho das castañas. Cada castiñeiro unha ruta, cada castaña un desexo, un tempo, un son. Cada castaña un paseo.

    Chega Samain, bendito nome, inigualable para traer aquí o que non paso, o que non sucederá, pero que sempre estará na memoria. Convídovos a pasear esa noite no paseo interior máis abrupto, cara a dentro, cara dentro. E alí comezar a escudriñar no universo dos días non pasados, non futuros, non presentes. Eses días que me traen o aroma intenso a muérdago e lémbranme que estamos aquí por algún motivo.

     A prosa apíñaseme entre as letras, mentres se dilúe na cervexa, o mel dos designios. A quén pasearás o 31?  A quén?. Sempre a mesma pregunta. E sempre a mesma resposta. A todos, pero principalmente a min.

     Soa raro, pero hai unha parte de nós que está morta porque está escondida no prezo que pagamos polos días que non sucederon. Paseemos pois a noite de Samain, sen que os fachos do seu lume céguennos e impidan apreciar que na máis absoluta escuridade reside a luz.

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     Cuando llega esta època todo me recuerda a Compostela. Ese paso por las rúas, por las calles, hacia la Catedral calentándose las manos con el papel del cucurucho de castañas. Cada castaño una ruta, cada castaña un deseo, un tiempo. un sonido. Cada castaña un paseo.

  Llega Samain, bendito nombre, inigualable para traer aquí lo que no paso, lo que no sucederá, pero lo que siempre estará en la memoria. Os invito a pasear esa noche, en el paseo interior más abrupto, hacia dentro y allí comenzar a escudriñar en el universo de los días no pasados, no futuros, no presentes. Esos días que me traen el aroma intenso a muérdago y me recuerdan que estamos aquí por algún motivo.

     La prosa se me agolpa entre las letras, mientras se diluye en la cerveza, la miel de los designios. ¿A quién pasearás el 31, Pilar? ¿ A quién?. Siempre la misma pregunta. Y siempre la misma respuesta. A todos, pero principalmente a mí. Suena raro, pero hay una parte de nosotros que está muerta porque está escondida en el precio que pagamos por los días que no sucedieron. Paseemos pues la noche de Samain, sin que las antorchas de su fuego, nos deslumbren e impidan apreciar que en la más absoluta oscuridad reside la luz.

Crisis

No hay pétalos,,no, ni margaritas

que puedan despejar la incertidumbre

y sabes que lo tengo por costumbre

por eso me aturde y me despista

Y no es luna de abril ni primavera

para proseguir como cualquiera

como si fuera ayer la vez primera

Es difícil  volver sin autopista

No hay plano que voltee hacia mi misma

ni atajo que seguir si yo pudiera

No hay pétalos, no, ni margaritas

Reflexiones al borde del pijama

          Muchas veces pienso que mi mente intenta complicarme. Con toda seguridad está guiada bajo un plan secreto para sembrarme desconcierto. Camino hacia el gimnasio como cualquier día, a la hora usual, pero no pienso en el trayecto, ni siquiera en el plan de entrenamiento, me pregunto qué pensaría  sobre los humanos un extraterrestre si estuviera en el aquí y ahora, en esta calle. Y se me ocurre que nos vería muy feos. No tenemos el majestuoso porte del león ni la elegancia del caballo, somos en realidad unos bichos no realmente muy agraciados. Así nos vería.  Menos mal que llegó al semáforo y está en fase roja, así, mientras me detengo, otra fantástica idea puede sacudir mi cabeza ¿Y si tuviésemos pelo? ¿Seríamos como el Yeti?

            Llego a la altura de la floristería. Su encargado colocaba las plantas cariñosamente cada noche antes de cerrar. Y hoy no lo hacía. Golpe a la rutina.  Ah, ahí está, pegado al móvil  ¿Y las queridas plantas? En fin, ni los románticos soportan este siglo.

          ¿Si fuéramos un ejército de bichos peludos tendrían algún sentido las cremas anticelulíticas? Seguro que no, todo es imagen y lo que no se ve, no está sencillamente.

           Profundas reflexiones, ya lo veis, para un día en el que mi traje rosa,  ese rosa de la mala suerte ¿Os acordáis? se ha convertido en uniforme de trabajo de unas cuantas presentadoras de televisión. No puede ser, pues sí, es. Clavadito, clavadito a mi vestido y por doquier ¿Será que existe de verdad un complot extraterrestre?

Naturaleza

 

Ella resultaba impredecible

a veces tan ausente y otras…

tan presente, intensa, arrebatada

desparramándose inquieta, furibunda

en ese acontecer de los segundos

siempre inquebrantablemente suspendidos

entre la volición de nuestro pensamiento

y la eterna abolición de sus aspectos

 

Puede ser que, un día, detenida

ante la sombra de un futuro invierno

por esa tan suya adicción a la belleza

nos revele su fugaz naturaleza

y el magistral imperio de su sabiduría

proverbial en la fuerza de la vida

Implacable

Implacable, el paso de la vida

taconeando  arrugas

serpenteando densidades

degradando el color de las agendas

un minuto que resta

dos o veinte, quizá diez mil

No somos una fotografía

ni siquiera la huella de un escrito

somos esa piel que se encuentra

ahí fuera, en el otro lado

sorteando las plumas del papel de mariposa

mientras las gotas de agua

se difuminan

de forma inexorable

 

Antes de que mis botas

caigan en las hojas del olvido

permite que te piense y que me pienses

quién eres