De inocentes, esmeraldas y “wabi sabi”

              Esta época sacrifica la inocencia a favor del marketing y el capitalismo tardío resulta algo así como un mounstro que devora los sueños más infantiles y los convierte en un cosmético o un perfume. A mi me sigue gustando la inocencia, esa mirada clara, la que se tiene cuando hablas a la persona, sin siquiera reparar en si su indumentaria es mejor o peor, la marca de su camiseta o  el lugar donde te encuentras.

             Este pensamiento me recuerda un libro que me impactó positivamente  sobre la filosofía japonesa del wabi sabi. Dicho de forma banal, el wabi sabi, es una forma oriental de apreciar la belleza en lo imperfecto.

            Curiosamente mientras escribo esto, veo en la televisión una imagen publicitaria de un anillo de diamantes, con un lema que dice algo así como “la belleza de la mujer que lo porta”.

              Lástima que nos falte esas miradas, inocentes, o las miradas wabi sabi( huidizas del lujo) para ver, en lugar de las piedras,  las lágrimas de sangre impregnadas en cada diamante, las lágrimas derretidas en las manos pequeñas que filtran esmeraldas. Lástima no volvamos de nuevo a la inocencia. Quizá tengan razón los japoneses, que para ello, debemos empezar por la contemplación de lo imperfecto.

               No me des esmeraldas, dame una sonrisa.

 

 

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Me ves,

estoy aquí

con un cesto de manzanas y de flechas,

que son encrucijada entre mis ojos.

 

Porque no me quisiste,

yo no pude quererme,

por eso,

arañé mis brazos

hasta que brotó la sangre,

sangre,

espaciosa, blanda

sangre a solas,

en el vendaval de mi impaciencia.

 

Y en ese empeño persistí en la daga,

tatuando un emblema sobre mis manos,

esas manos,

que apenas son visibles en las cortinas de la luz.

Tú me viste,

altiva, quizá, pensaste, débil…¿alocada?

entre la densidad de tu delirio

 

No me reflejes, no,

no me reflejes

Tus espejos me molestan

y ya las nubes no son consejeras en nosotros.

 

Yo soy tu sombra,

soy tu voz,

la mácula

de la ignorancia del mundo.

Y si arde Alejandría,

oda a los libros

que se contuvieron en la memoria,

mi memoria…

la memoria de todas ellas.

 

No me reflejes, no,

no me reflejes

que temo,

hacerme daño.

 

Háblame de ti

A penas has partido medio metro,

y hablas de cicatrices en cinturas

de torsos desencajados

y de sangre,

a raudales,

sobre los ministerios de la carne.

Yo te asiento, como si impresionada

por esa hiperbólica  autoayuda,

hubiese descubierto el algoritmo

que encomendase mi suerte al árbol de la vida

y al magisterio de Odin.

Sin embargo olvidas,

que toda hazaña interior precisa

de una valentía de titanes,

y que ninguno de los hombres que  enfrenta

la muerte cara a cara, ignora

el latigar del corazón en palmo

y el rezo sigiloso a la esperanza.

 

Desconoces las rugosidades de mi ropa

y el altanero imperio del vacío.

No des consejos, háblame,

háblame,

tan solo de ti,

de como el mar humedece tus zapatos,

y de como cada atardecer

te enredas con el sol,

buscando el oasis

en un bar de Madrid.

Así, solo así,

con alma abierta,

podré quererte.

 

Soltar una estrella…

Tengo que recitar un poema de León Felipe, Drop a star, suelta una estrella…y mientras lo releía se entremezcló otra historia sobre deshacer el eterno retorno para avanzar. Quemar etapas es posible, pero cuán difícil es soltar una estrella… (si se tiene)

 

Quiero hacer una hoguera con todas las sonrisas

y que ello no suponga mal agüero,

bendecir la sal que rocía mi espalda

no retornar las cepas ni las vides,

y secar esa lágrima que tanto me acostumbra.

Quiero hacer una hoguera,

dinamitar en fuego la tormenta,

no es más que un aguacero

y yo tengo mil paraguas para despedirme.

Vuela estrella hacia el firmamento,

Descuida,

no volveré a llorar,

pero no te prometo

que todas, todas las noches

desde mi ventana,

no quiera atrapar tu luz en mi bolsillo

y volver a la casilla de salida.

 

Te quiero distinto

Pautas,

unas páginas marcadas,

una estructura,

la línea horizontal,

un  programa sobre el calendario

y una numeración para cada suceso,

en un amor/ convenio contratado.

 

Pautas,

en este deber ser, siempre  hiperbolizado,

en la rigidez de la forma,

la estrechura de su perímetro.

Toda pauta inflexible supone un error de cálculo,

el corsé que aprieta la generosa cintura

del universo.

 

Pautas,

sobre la puntera deslizante,

de unas bailarinas,

reglas

en la geometría de la vida,

cuanto más se aproximan, más se alejan

por eso no hay cálculo sin contra-cálculo,

el caos apretando,

el magma,

la pasión inconmensurable de tus labios,

la libertad,

el viento,

la ausencia de raíces,

ser nómada sobre tu piel

y paisaje en tu recuerdo.

Mi querido Walt

( Poema que he dedicado a Walt Whitman). Este poema lo dedico a la trascendencia de Whitman, entremezclando mis versos, con un guiño a alguna de sus brillantes alegorías. Espero que os guste y lo disfrutéis.

HOJAS DE HIERBA, en fin,

el verde iluminado va retejiendo estrofas,

en cambio permanente,

y es que cada mañana va mutando el poema,

he querido saludarte desde fuera,

contando los filamentos de mis dedos,

aguardando el trabajo de la estrella.

Nuestros átomos están conectados, tú lo has dicho,

que se callen los credos y las escuelas,

que se callen,

y nos dejen escuchar,

el imponente discurso de la naturaleza.

 

Linaje

   Dice la leyenda artúrica que existen muchos reinos, guardando el grial. Quizá, la verdadera encomienda no es la tutela de ninguna posesión. Contrariamente,  lo que ha de custodiarse no es una copa, un plato, o un referente histórico, ni siquiera la memoría de alguien, sino nuestra propia esencia; la fuerza para mantener la claridad en la mirada.

               

   No beberé del agua de la inclemencia,

          ni de la ausencia de calor en los pasillos de la espera,

                        ni de ese ver al otro objeto, al otro perdido, en un yo no soy de esos,

                            destierro hacia el submundo inanimado.

 

                     No me sentaré a la mesa de los sabios

                 pero compartiré el azúcar de las manos tendidas,

                     ante los ojos de un niño que voltea las láminas de  un dibujo,

                         en los templos de la selva

                             

No creeré en las palabras de soberbia:

                   La impaciencia, el fracaso, la histeria, la noche, la sombra, la duda, el deseo, el ansia, la desolación y también el amor son tan humanos,

                  como los brazos recostados sobre el regazo madre

                         de todas las tormentas.

     Por eso, no quiero salvadores, ni hechiceros ni profetas

            quiero manos frágiles, ardientes, emotivas,

manos coronadas,

                       en el Outeiro Rei de todas nuestras vidas