El oráculo / Sin rumbo

              Antes de partir hacia el círculo de Jano, Suib pensó que sería interesante consultar al Profeta, un alma errante que se vanagloriaba de su carácter antisocial no compartiendo el submundo con las demás, viviendo entre los árboles del Parque del Retiro.  Era un ser curioso, alto, alargado, parecía un hilo de humo. Era también algo maniático. Había que reclamar su presencia con un ritual, marcando en el suelo tres triángulos concéntricos, era una excentricidad del Profeta, pero si no lo hacías, no acudía.

            ! Cuanto tiempo, Suib!- exclamó el Profeta- cayendo sobre un banco con una fuerza inusitada. Voy de camino hacia el Círculo, he pasado por el túnel de las errantes. Es lamentable verlas. He visto acartonada a la vieja Bruja y todavía estoy impresionado- dijo Suib, mostrando mucha preocupación-Además creo que están invadidos por un gas. Al principio creí que era oxígeno, pero ahora lo dudo, porque no pude respirar.

          El aire que respiráis, explicó el profeta está compuesto, aproximadamente, por 78,08 % de nitrógeno,  20,94 % de oxígeno,  0,035 % de dióxido de carbono  y 0,93 % de gases inertes, como argón y neón.  No respiras oxígeno puro, Suib. El oxígeno nos impone una paradoja. Si respirases oxígeno puro continuamente se colapsarían tus alveolos pulmonares. No podéis vivir sin oxígeno, pero a medida que respiráis,  la cantidad de oxígeno define vuestro envejecimiento.  Yo no creo que lo que hayas experimentado no sea oxígeno, prosiguió, habría que hacer un análisis, pero me arriesgo a decirte que, al contrario, por lo que me describes, lo que hay es un exceso de oxígeno. Más oxigeno del tolerable incluso para ti, Suib, errante universal.

         Lo ideal es que no fuésemos tontos, afirmó Suib, y respiráramos solo nitrógeno, nos conservaríamos como una fruta envasada al vacío. El profeta rió. y le contestó : Me temo que la evolución determinó que respires oxígeno, necesitas tu nivel oxidativo. Es el pago de la ley de la evolución, el envejecimiento y la muerte

        ¿Tú crees de verdad hubo un paraíso como el bíblico con otras condiciones? Preguntó Suib.

        Sabia pregunta, incluso imposible para un Profeta- le contestó-No, no lo creo, un cuento del Paraíso, manzanas y eso,  pero entiendo que quizás algo diferente pudo haber, distinto, que pudo haber marcado otra adaptación de los organismos vivos y que por algo se fustró.

    Tu sabiduría me asombra- dijo Suib-Me quedaría años aquí divagando contigo pero tengo que seguir viajando, a ver si encuentro algo que explique el atasco de los Puentes.

     El Profeta se marchó rápidamente,  tal como había llegado, no sin antes regalarle a Suib este consejo: “Sigue adelante, sigue adelante, pero no dejes de mirar cada paso que diste hacia atrás”

 

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¿Y si no es oxígeno?/ Sin rumbo

                    Reten pensó que no había mejor opción para investigar el problema que un nuevo análisis de la situación en la zona del colisionador de hadrones. Y allá se fue acompañado de Javier, con la intención de realizar todas las comprobaciones que se le ocurrieran. Utilizó herramientas, medidores, cálculos, pero nada, no veía nada que le pudiese arrojar una pista, hasta que, cuando ya daba todo por perdido,  advirtió que  Javier jugaba con un medidor de gases. Se fijó en su pantalla, advirtiendo que arrojaba unos datos contradictorios.

                    Espera, dijo Reten, ahí está. Hay un flujo de gas, no puedo identificarlo, pero que opera aquí dentro como un líquido, evaporándose y provocando una intensa cavitación. Eso puede causar la inestabilidad elástica de la cúpula y el atasco de los puentes. Pero de dónde sale este gas y qué es.

                    Puede ser un gas modificado, por algo, o alguien, quizás si calculamos su masa molecular- apuntó Javier- podremos saber algo más ¿Estamos en condiciones de hacerlo?

                Mientras Reten proseguía en su búsqueda, también lo hacía Suib, en su particular visita a las almas errantes. ¿Hay alguien más aquí que sepa algo? preguntó a la Doncella y al Inglés. No creo, contestaron al unísono las almas errantes, la mayor parte de las criaturas que aquí vivían ya están acartonadas, son materia muerta, cartones, nada. Nos pasará a nosotros también- dijo la Dama- es triste, muy triste,  si no detenemos el avance del oxígeno.

                  Suib comenzó a toser. No es nada, no es nada, masculló, me ahogo. Suib comenzó a sentir una presión incompatible con la presencia de oxígeno en grandes cantidades como al principio parecía. Tuvo que hacer uso de su mochila de oxígeno para respirar.

                 ¿Y si no es oxígeno? Al principio me pareció que sí, pero ahora…no respiro. Sea lo que sea no era propio de ese submundo, ya que paradójicamente, estaba “matando” a las criaturas fantasmales, El problema era complejo, realmente complejo, pensó Suib mientras se despedía, para proseguir su camino hacia el círculo de Jano.

            En ese momento, les sorpendió volando una imagen acartonada, que exclamaba con voz entrecortada: ¡son ellos, han sido ellos ¡ cayendo acto seguido al suelo.

               Suib reconoció enseguida esa figura de cartón. Todos la conocían por el nombre de Berta, la bruja del abismo. Ella guardaba el tránsito al inframundo, y siempre evitaba que las almas buenas, por muy errantes que fueran, cayesen en sus aguas.Desconcertaba verla así, sin vida, con la misma textura de una caja de cartón . Ya ves, afirmó  el Inglés, pronto todos seremos eso, cartulinas extendidas por estos túneles. No hay esperanza.

             ¿Pero quién eran ellos? ¿A qué o quién se refería la vieja Berta?

Oxígeno/ sin rumbo

       No fue la pérdida de una batalla, ni siquiera la batalla de la vida, la que llevó a Suibhne a aceptar su destino de errante. Fue justamente todo lo contrario, en él se depositó la mayor confianza y se le otorgó todo un poder, no precisar de los portales para visitar las diferentes realidades. Este poder llevaba una gran obligación como maestro y padre de las siete sagas: la necesidad de dar cohesión a la función de todos los mundos, siendo guía material y espiritual y quien sabe, algún día, poder ser testigo de la normalidad del tránsito entre las diferentes fases. Reten estaba destinado a sucederle en su función pero en un mayor estado de cohesión, juntando el mundo errante de Sweeney y la guardia de los portales  temporales de Jano. Era tal su destino, que existía un grave peligro de que pudiera pasarle algo, pues a ninguna fuerza del mal le podía interesar su existencia. Por ello,  el Comité de Sabios decidió se fingiera su desaparición, siendo llevado a la dimensión terrestre y adoptado como si fuera un huérfano normal. Suibhne nunca dejó de seguirle el rastro, por eso cuando el eje terrestre determinó el atasco entre portales, el día 5 de junio de 2017, no fue casual ni la pérdida de su empleo ni su encuentro en el almacén.

     Suib- como era conocido- sabía que Reten solucionaría el atasco en cualquier momento, pero tan importante como hacerlo era averiguar la causa real del mismo y quien estaba detrás. Cuando nos preguntamos a quién le interesaría dejar a la tierra aislada en el siglo XXI, en el año dos mil diecisiete, sin que ninguna intervención pudiese hacerse en el acontecer de la misma, nos podemos imaginar miles de sospechosos. Lo principal, en esta búsqueda, era averiguar que está pasando a partir de septiembre de dos mil diecisiete y cuyo control se intenta evitar por los guardianes del principio. ¿Pretenden un cambio de la historia? ¿Un caos en el que no se pudiera intervenir? Sabía que la aparente normalidad que vivía la tierra en estos momentos era eso, apariencia, y temía que si no se actuaba pronto poco se podría hacer.

           Como quiera que los portales estaban cerrados, la única manera de averiguar algo era  que el vagabundo Suib se internase en las calles de Madrid en busca de alguna respuesta. Por eso debió partir tras encontrar a Reten en el almacén, dejándolo a cargo de Sweeney (y no lo contrario).

            En un local, hoy destinado a bar, de la Plaza del dos de mayo, existe una puerta al espacio de las almas errantes, aquellas que por alguna cuestión se encuentran atrapadas tras su muerte y vagan de un lugar a otro sin cesar. Suib pensó que sería un buen lugar para empezar a investigar. Siempre había contado con la simpatía de esas lúgubres almas fantasmales, pues, de alguna manera, compartían el pesado destino de no estar en ninguna parte.  En aquel submundo no había oxígeno, por lo que tenía que portar una mochila auxiliar para facilitarle su respiración.

           ¿Dónde va? le preguntó el camarero, al ver que Suib entraba en el local y se dirigía a la trastienda. Suib hizo caso omiso, corriendo el camarero tras él, en un intento fallido de retenerle, pues la imagen de Suib desapareció como el humo, dejando atónito al empleado del bar.

           Suib  siguió un estrecho pasillo hasta una estancia donde la sensación de humedad era intensa. Allí se encontró con  la Doncella y el Inglés, dos de las más sabias almas errantes. De hecho, llevaban errando desde la guerra de la Independencia y habían visto muchas cosas. “No es nuestro el movimiento” le dijo el Inglés, a nosotros también nos está afectando. Mira mis manos, dijo la Doncella, se están agrietando como cartón piedra. Algo hay en el aire en este submundo. ¡Nos está entrando oxígeno! Y era cierto,  Suib retiró el tubo de inhalación y pudo comprobar podía respirar…Oxígeno.

        Y que hubiera oxígeno donde no debiera estar decía mucho sobre la posibilidad de que hubiera una fractura de las dimensiones de la tierra. ¿Qué pudo causar esa fractura? ¿Dónde se localizaba?

        Suib- dijo la Doncella- tienes que acabar con esto, estoy envejeciendo, hecha un asco, es terrible, terrible. !Ayudanos!

 

 

 

 

 

El puente/ sin rumbo

       Ven siéntate aquí Reten, me dijo Sweeney, señalándome una silla libre en la mesa que ocupaba. El comedor era una amplia estancia, de más de doscientos metros cuadrados, dispuesta de una forma bastante curiosa. Las paredes, pintadas de blanco degradado, se estrechaban hacia el fondo, a la par que su pintura iba oscureciendo. Existían mesas de diferente geometría. Todas estaban cubiertas con manteles, igualmente blancos, sobre los que destacaba una vajilla en gris oscuro. Las sillas eran también grises, de un gris oscuro intenso y brillante. Confieso que, en una primera impresión, agobiaba esa simple combinación de colores. La nota divergente la ponían los comensales Las dos primeras mesas tenían forma ovalada y albergaban ocho comensales cada una. Pude reconocer a alguno de ellos. Eran Guardianes del Principio. A su lado una alargada mesa llena de soldados con distinto uniforme. A estos pertenecía el grandullón que me avisó que no se podía cruzar el muro de noche. Las siguientes formaban un curioso pentágono de lados dispares. En ellas se sentaban una serie de niños y niñas, con rasgos propios del denominado síndrome de down, que parecían muy alegres, armando mucho revuelo. La siguientes, tres mesas, con forma de triángulo. En una de ellas, a la izquierda, estaba el lugar que Sweeney me había reservado. Los comensales de las mesas triángulo eran muy variados, había niños, jóvenes y ancianos, y todos llevaban un brazalete amarillo menos Sweeney, que lucía hermosa como siempre, vistiendo un sencillo vestido azul.  Finalmente, y en su fondo, la mesa presidencial, dispuesta con tres servicios. La única que estaba vacía.

       La iluminación era sorprendente. No se veían lámparas, ni bombillas ni leds, nada que indicase su existencia. Sin embargo la amplia estancia, de más de doscientos metros, gozaba de gran luminosidad. ¿Dónde están las bombillas?  Pregunté. Sweeney se rio. De qué cosas te ocupas- dijo-la iluminación no está visible porque es, está, sin necesidad de que exista.

        Las mesas ovaladas, continuó explicando Sweeney, están ocupadas por las escuadras de Jano. Mi hermano dispuso que sus escuadras fueran de ocho guardianes. Están de paso camino a Isla Mariña. Al lado de las escuadras de Jano y en una larga mesa ves a doce soldados, ellos pertenecen a la Guardia de este Puente. Este lugar se denomina así, Puente.  Es una especie de hotel de tránsito hacia el resto de dimensiones, una de ellas es la tuya, la terrestre. Las otras espero las puedas ir conociendo. En los pentágonos están sentados los soñadores. Son niños de la saga de mi hermana Alana. Benditos soñadores. Sé  lo que piensas- continuó Sweeney- en la tierra estáis ciegos para distinguir qué es lo bueno y qué es lo malo. Habéis pensando que portar el síndrome de Down es una discapacidad, pero eso porque no veis más allá de vuestras narices. Estos niños portan una grandeza, un gran don, que nos salva a todos cada día. Ellos son la inocencia más pura, la ausencia de mal. Son sus sueños los que iluminan la oscuridad del mundo. Gracias a sus sueños el mundo es mejor. Este grupo de soñadores estaban aquí, en el Puente, con destino a su Ciudad del Sueño, situada en las profundidades del océano atlántico, Una especie de Atlántida, pero llena de sueños. El resto de mesas están ocupadas por gente de aquí y allá, que les pilló aquí, de viaje, en el momento que nos atascamos. No sé si lo sabes, estamos atascados, y ahora solo podemos acceder a ese almacén en el que te encontramos, siempre el mismo día y la misma hora. Nosotros podemos variar lo que hacemos, pero el día es el mismo, Una locura. La mesa presidencial está vacía, como cada vez que no está mi padre. Él tenía que marcharse aprovechando la actividad magnética de la tormenta. Debe averiguar qué está pasando en el resto de nuestros puentes. Hay algo que sospecha, como si pensase que esto no es fortuito.

        Pero dime- interrumpí a Sweeney- por qué si estás tan acompañada me necesitabas ¿Para qué demonios me contrató tu padre? ¿Por qué estoy aquí? Recuerdas, me dijo, sus palabras. Te dijo “Hazle recuperar el aliento de la vida, la cordura, la realidad…” Esas palabras anuncian lo que estamos esperado, una vuelta a nuestra realidad. Supongo que ya lo sospechas, sonrió Sweeney- estás aquí porque eres mi hermano, el Ingeniero. Menos mal que te localizamos por la red. No sabíamos cómo decírtelo, cómo traerte sin que pensases que éramos unos chalados, pero la casualidad quiso traerte justamente hasta aquí. Y ya todo se ve más fácil. ¿Fácil? Preguntó Reten. Me estás tomando el pelo.

      Bueno, Sweeney, dejémonos de tonterías- dijo uno de los soldados grandullones de la mesa rectangular- nos vas a presentar de una vez al Ingeniero. Cuándo demonios va a arreglar nuestro colisionador. Mantengan la calma, señores- alzó la voz Sweeney- todo a su tiempo.

      Pudiéramos decir que era una rica oferta culinaria, con un pescado excelente y unas verduras a la plancha de primera, pero a mí se me estaba atragantando. Demasiadas cosas a la vez. Hermano, ingeniero, colisionador…Lo peor es que asustaba, tenía visos de ser cierto, de alguna manera había conocido un portal dimensional o algo parecido y ahora estaba en un lugar inubicable denominado “puente”. El plato fuerte no fue el postre, ni siquiera esa manera dulce que tenía Sweeney para sugestionarme, sino cuando traspasando la pared más oscura del comedor, pude acceder al lugar más increíble que había visto nunca en mi existencia. En ocasiones había visto imágenes de un colisionador de hadrones, había visitado alguna página de internet, pero esta era la primera vez que tenía uno delante, y era mucho más pequeño que los que conocía pero, a la vez, impactantemente más luminoso. Su emisión era la  Aurora boreal en su momento más majestuoso.

     Existían tres puentes o hoteles de tránsito, cada uno situado, si lo dibujásemos en un plano, en los ángulos de un triángulo equilátero imaginario. En su mediatriz se ubicaba un colisionador de hadrones.  Cada vez que se le hacía rotar, abría un portal dimensional, que era el que favorecía su tránsito entre Puentes y a la vez entre dimensiones. El Puente en el que me encontraba permitía el paso a tres portales importantes, la Isla Mariña, el círculo de Jano y nuestra propia dimensión, la terrestre. A la vez permitía el tránsito a los puentes dos y tres, que a su vez llevaban a sucesivos lugares de asentamiento de las sagas, como la Ciudad de los soñadores, el portal de Brais y lo que era más sorprendente mi propia dimensión Reten21.

    No sé si yo me había puesto ese nombre por casualidad, o es que en realidad pertenecía a toda esa saga. ¿Cómo diablos iba a arreglar un colisonador de hadrones?  Eso no era gestionar recursos informáticos, mis conocimientos no llegaban ahí.

    Tomate tiempo Reten, tiempo, naciste con la información necesaria para abarcar tu destino. Ya sabrás como hacerlo, ya sabrás.

   Qué decir que esa noche no fue una noche cualquiera. Me desperté empapado, temblando, sobre el viejo camastro del almacén. Todo fue un sueño- dije en voz alta- todo fue un sueño, repetí.

   En ese instante, oí la voz de Sweeney diciéndome “Tal vez no, tal vez no”, al tiempo que se acercaba, vestida de azul, como la había “soñado”, con un termo de café caliente.

                                                                                                          .

Las siete sagas/ Sin rumbo

¿Reten21? ¿Qué nombre es ese para un hombre? preguntó Sweeney, clavando fijamente la mirada en su nuevo cuidador.

   No me llamo Reten. Es un alias para internet. Mi nombre es Alejandro, Alex, mejor. Así me llaman todos, Alex.

   Vaya, no sé si me gustaba más Reten21, creo que te seguiré llamando así si no te importa, Alex frunció el ceño y contestó ¿Y Sweeney? ¿Qué nombre es ese para una chica? ¿No es un nombre de chico? ¿No eres española?

     Digamos que soy ciudadana del mundo. En cuanto a mi nombre, elección de mi padre. Él dice que nos ha puesto los nombres que se identifican con nuestra misión. Siempre pronuncia la misma frase cuando se lo pregunto. “el nombre hace tanto o más que la voluntad”.

    ¿Misión? ¿Qué Misión? preguntó Reten21. Quizás ser maravillosamente dulce, contestó Sweeney y acto seguido sonrió.

   Alejandro, nuestro Reten21 pensó que quizás estaba pretendiendo razonar con unos “medio-tarados”, pero no tenía donde pasar la noche, por lo que era mejor callarse. Al día siguiente pensaría bien lo que iba a hacer.

   Cuando estaba felizmente recostado en el viejo camastro del almacén, con los ojos prácticamente cerrados, fue sorprendido por la voz de Sweeney. Venga vamos, no pretenderás dormir ahí….venga… La chica tomó del brazo a Reten21 y se dirigió directamente hacia un muro de un almacén. Reten se detuvo. ¡Que nos vamos a  chocar! exclamó, frenando en seco, mientras delante de sus ojos se abrió una puerta de acceso a otras dependencias.

    Ya no sabía si era un sueño, una realidad o una locura. Se pellizcó, y de verdad sentía, Miró su reloj, las agujas giraban bien. Y ahí estaba él, no dando crédito a lo que veía. De las indigentes y viejas dependencias del visible almacén, se pasaba a otras que parecían de ficción, una dependencia circular que daba lugar a otras muchas con puertas numeradas a modo de hotel. Ocuparás la habitación 21, como tu nombre, le dijo Sweeney. Al fondo está el comedor, cenaremos a las nueve. Tienes ropa limpia en tu cuarto y todo lo necesario para tu aseo.

   Ahora sí que quería huir, pero ya era tarde, quizá. Una voz de mando desde lo lejos y un sonar de pasos acompasados le evidenció no estaba solo, ni mucho menos. Los guardianes del Principio- dijo Sweenwy-no temas, son ruidosos, pero buena gente. Es su ronda habitual. Es una escuadra de las comandadas por mi hermano Jano.

  ¿Jano? ¿Hermano? Si, dijo Sweeney, hermano. Somos siete, como nuestras siete sagas. Alana, Brais, Jano, Marvin, Mabel, la chiquitina, y yo que voy justito detrás de Jano.  Al mayor no le conocimos. Sé que mi padre lo estaba buscando, porque lo raptaron recién nacido. Es necesario que comande su saga.

  ¿Sagas? Se supone que si sois hermanos pertenecéis a la misma saga ¿no?, preguntó Reten21. La hermandad no implica siempre lo mismo, afirmó Sweeney, al tiempo que le preguntó cuál sería la suya.  La mía, dijo Reten21, yo no tengo saga. Sweenwy, no me vuelvas loco, suplicó.

   Reten21 se detuvo unos minutos mirando al muro, lo que llamó la atención de un guardián  corpulento, el cual se acercó advirtiéndole que no se podía cruzar, con un contundente  “Ni lo intentes”.  Por la noche se cierra y es imposible hacerlo- afirmó el guardián- Mañana será otro día. Pero yo ni siquiera lo haría, para lo que hay que ver, siempre el mismo lugar, siempre el mismo tiempo, siempre el mismo día. Menos mal chaval que no repetimos en “deja vu” la misma secuencia. A ver si llega el ingeniero y esto se repara, sino me voy a volver tarado.

   Acto seguido se marchó, quedando Reten21 más desconcertado que nunca.

 

Sin rumbo/ So, I´m astray

      Llovía cuando fui desalojado por los agentes de policía de aquel trastero propiedad mi amiga virtual. No podía comprender como una persona que tanto afecto me había demostrado en las redes, había sido incapaz de prestarme una mínima ayuda. Revisé mi billetera, le quedaban 20 euros para acabar el mes. No podía permitirme pagar una pensión.

     Cansado de vagar entre portales encontré abierta una puerta de un viejo almacén. Seguía lloviendo insistentemente, así que me dispuse a entrar en el mismo, no sin miedo de encontrar alguien a quien no le agradase su presencia. Sin embargo, para mi sorpresa, parecía como si me estuviesen esperando. Pasa, pasa, se oía una voz femenina a lo lejos. Se reavivaron mis temores, pero aun así pasé. No tenía dónde ir.

      Allí estaba ella, la mujer más bella que jamás había visto. La reina de los homeless, la emperatriz de los vagabundos.. Resguárdate. Aquí estarás bien. Soy Sweeney

     ¿Sweeney? ¿Quién? Comenzó a pasar por mi cabeza el poema de Seamus Heaney, los ciclos de los reyes, el irlandés errante, un pájaro. Quizá me estaba volviendo loco.

      Me estrechó la mano, me ofreció pasar a sus dependencias, tomar asiento, comer una taza de caldo caliente y me permitió descansar en una cama.

     Pronto apareció quien dijo ser su padre. Yo no me puedo quedar mucho tiempo en este sitio, dijo. Pero tú, cuida de ella, de mi hija. Hazla recuperar el aliento de la vida, la cordura, la realidad. Yo no puedo ya hacerle ningún bien. Debo partir.

   Pero ¿Por qué debía partir? ¿Por qué confiar en mí?¿ Por qué pedirme algo tan serio como encargarme de alguien sin conocerme?

   Motivos tengo para emprender mi marcha, pero ahora no es tiempo de que te sean desvelados. Pero eso de que no te conozco no es cierto. Tú eres Reten21, ingeniero de sistemas, de Madrid, aficionado a la filosofía y a la literatura. Te acaban de despedir, te encontraron en un trastero, lo puso una chica en Facebook etiquetándote. No tienes a dónde ir. Aquí estarás bien. Tendrás dinero, cama, y una ocupación. Yo soy Suibhne17; Suibhne por Sweeney y 17 por el año en curso. Somos amigos en todas las redes.

   Cómo no había caído. Suibhne, por blue Suibhne, la vieja historia irlandesa. El perfil de un errante. Pero ¿Qué quería de mí? Me estaba comenzando a asustar.

  Tenía ganas de irme. Recogí mi mochila y me dirigí hacia la puerta, momento en el que Sweeney me cogió del brazo. Ven, no te asustes, no es nada malo encargarse de una chica a cambio de alimento. Me derritió su mirada de ángel y volví a sentarme. Sweeney, entonces, comenzó a recitar:

Sin rumbo

Desviada, extraviada

viajera errante

para purgar tu ausencia

disipando

versando

las tablas de la impaciencia

cual pájaro a la deriva

en un cielo sin aire

quebrado en soles

en el que todavía

retumba tu nombre

sin rumbo