Viajo, a veces, con las manos vacías,

queriendo coger turno en la rebusca,

de todos los objetos imposibles.

Busco la fantasía que trasgreda

este acontecer distorsionado,

aquella página que me libere

de las estanterías de una biblioteca.

Imagino que existe un universo,

ese objeto imposible para mí,

la línea que rompe el círculo

y visibilizará mis partículas,

en el corta y pega de los tiempos,

un primer asiento en la academia

de hacedores del destino.

Confieso que prefiero el ácido a la tarta,

la pasión de las letras capitales,

capitulares, también, de este principio.

Amo a todos los pies que se descalzan

sobre la rugosidad del esparto,

los que se mecen sobre el mayor número de clavos,

aquellos que persisten,

nadadores,

de la desembocadura de las páginas.

Soy aprendiz de faquir,

buscando el truco,

para no dolerme.

2 comentarios en “Aprendiz de faquir

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