Laberinto

Antes de venir aquí,

aceptaste el reto

de una oferta irrevocable:

Vivir.

Lo recuerdas,

te creías capaz de superar cualquier prueba,

Yo, yo, decías, en el andar de las almas,

con un ímpetu propio de tu juventud

entre las huestes de las eternidades.

Ahora no te quejes,

por no haber leído la letra pequeña,

haciendo cómplice al destino

o maldiciendo al rojo del infierno de luces,

“No hay otra” que seguir el laberinto

para encontrar la puerta de salida.

Anuncios

El peso de la fuerza

.

Cuando el Guerrero  pega sus ojos a la espada

piensa que es complicado reconocerse fuerte y a la vez débil

Pobre fortaleza de aquel a quien todo se lo exigen

y nada le disculpan.

Cuánto daría por un  mendrugo de pan caliente de sonrisa

por un anochecer agradecido

Acurrucarse sin armadura, sin silencios

Bendiciendo no tener que volver a rendir cuentas

Caminando entre la luna