Bestiario

En el bestiario de la Apocalipsis

deshabito mil identidades,

como si se pegaran a mi ropa,

las encarnaciones más desesperadas,

para que sienta su aliento.

Me resultan más apacibles las Ánimas,

que desprovistas de ego,

danzan al anochecer.

Si todo es para bien,

no entiendo,

por qué rebota la luz

y la energía

se oculta oscura entre la noche.

No proyecto mi imagen.

No hay espejo,

que todavía me reconozca.

Respiro

He quebrado las patas de la mesa

ya no hay espacio para comensales,

ni peces, ni vino,

ni siquiera uvas,

para una agradable sobremesa.

Los cubiertos no encuentran mensajeros,

mientras una gaviota,

busca carroña en mi basura.

La observo detenidamente,

desde la ventana,

preguntándole,

por qué tantas veces,

avistamos mar abierto

y nos conformamos con un patio soleado.

La necesidad de supervivencia

es un programa reactivo,

que se enreda en el camino fácil,

sin hacernos conscientes,

que ya es hora, ya es hora,

de sobrevolar el laberinto.

La lluvia espanta

a la solitaria gaviota

y yo me quedo danzando

festejando

que nada me alimenta.

No deseo tener una larga melena,

ni unas uñas pintadas de dorado.

No preciso nada,

No deseo nada,

respiro,

exhalo,

respiro,

permitiendo me alcance

el aire renovado,

de mi misericordia.

Tierra firme

A veces no sentimos nuestra tierra firme,

todo es hostil y ausente,

y olvidamos,

que somos aire, fuego y agua.

Siempre existe un lugar,

libre de caos,

para dejar paso a nuestros besos.

Vampiros

  Estos vampiros no llevan traje negro,

           ni tienen largos colmillos.

        Ellos viven en la cotidianeidad de los días

         y parasitan todo

            para el beneplácito de su ego.

          El vampiro no llena sus ropajes

          por mucha sangre ajena que consuma,

          sus venas no son cauce ni torrente,

          son sustento de su ira, su venganza,

           la soberbia y la culpa sobre otros.

           Te dirán que ellos son las víctimas

          de su extrema tristeza.

         No pueden ver su rostro en el espejo

          ni encender la vela en sus oscuridades.

           Sus ojos son raíces del abismo,

        entretejidas,

          encogiéndoles las manos.

       Ellos llevan siempre clavada una estaca.

        Se les clavó en los labios,

        al no poder pronunciar el alfabeto        

           sin provocar incendios.

           Recogerán en canastas tu alimento,

           y llenarán de bruma tu sonrisa.

            Harán suyos tus sueños.

            Huirán las palabras bendecidas.

             El pan de la vergüenza

             construye castillos de naipes,

             indolentes, tan frágiles

              que caerán por su propio peso,

               cuando sople la brisa

              y el aire renueve las cortinas,

                exhibiéndonos su verdadero rostro.

            No es recomendable buscar refugio

              en las proximidades de su casa,

               a menos que guardes una ristra de ajos,

               y sepas iluminar la estancia

               para el resurgir del sol,

                sobre la fuente primigenia.

                 Un vampiro no es un ser malvado,

                  aunque siempre cause daños.

                 Es un ser ignorante,

                 desconectado de su propia vida.

La noche era oscura

Era una noche oscura,

sin huella de una Luna,

ninguna luminaria

asomaba en el cielo.

Mis ojos eran negros,

confusos, silenciosos,

amargos y distantes,

de las velas ausentes.

Y el bosque ya marchito,

inundado, impreciso,

con todas esas lágrimas

que me quedaron dentro.

El dolor es mi espejo,

lo único presente,

la espada que me atrapa,

la restricción, otoño,

plagado de desiertos.

Y en esas horas negras,

oscuras y pérdidas,

no hay nada que me una

esos pedazos solos.

No hay nada

nada

Ya no encuentro herramienta

para amainar tormentos

renaciendo la vida,

a pasos, pasos lentos.

Me quedo en el dolor,

más tiempo del preciso,

quiero la herida abierta,

la ausencia de sutura,

no voy a persistir

en transmutar mi sangre

en una flor de primavera.

El dolor no te engaña,

ni tampoco abandona.

Los sueños sí te rompen,

te abandonan, te increpan,

te culpan, te arremeten.

No plantaré una flor.

La noche es muy oscura.

Y sin embargo,

aunque no lo comprenda,

hay algo en mi,

que me empuja a salir,

en pleno mediodía

Y plantar esa flor

que dije no plantaba

Y seguir en el sueño

de las velas ausentes,

Y a amarlas en la ausencia

y en pura rebeldía,

robar el fuego externo

e iluminar mi estancia,

frente a todo decreto,

venga del propio abismo.

En esta noche oscura

no hay más que versos rotos..

Luminarias

Ellas son blancas luminarias,

sin porte de guerrera,

ni más pretensiones,

que no despertar de un sueño

y danzar sobre lagos infinitos

de aguas cálidas y suave orografía.

Ellas han desertado,

de los viejos imperios de la luna,

del narcisismo del sol,

de la constante contienda

del día y la noche entre sus ojos.

Por muchas conjunciones de planetas,

ellas no precisan escudo,

y su futuro lo escriben cada tarde,

alejadas del ruido de las ánimas.

Mi poema es hoy su mariposa,

que me reta a romper los pentagramas

e irrumpir en indisciplinado oleaje,

para bendición de mis pies.

No llevarán más rosas a su tumba,

ni tendrán más nostalgia de sí mismas.

Tampoco lavarán de nuevo ropa blanca,

para vestir el solsticio

con la bienvenida del verano.

Han desertado y son libres

del cielo y el infierno,

de la imposible cópula,

entre las raíces veneradas

del árbol prohibido y no accesible.

 Ellas son quien portan

el espejo roto y la manzana.

Y yo hace tiempo que decidí romperlo,

pisando

un racimo de uvas en septiembre.

Y desde entonces,

las noches de verano

bailamos sobre un arcoíris

sin ropa del olvido,

sin vestido,

y ya no sé si, a veces, yo soy ellas

y ellas, a veces, son yo…

No te extrañes,

si no quiero despertarme a la mañana

y seguir soñando hasta la noche…

Sacerdotisas

Ellas conocen

que no hay templo que sirva de refugio,

ni fuego extraño que contener ardiendo

por jóvenes vírgenes danzantes

en un amanecer de primavera.

Ellas te invitan

a atravesar la puerta del camino,

reposando sus límites,

descalzo,

para recoger entre las piedras

las flores escondidas.

La puerta ha estado siempre abierta

para cualquiera que quiera transitarla,

si es capaz de hacer fuego entre sus manos

y formar una esfera luminosa

cuando la exigencia de los besos,

sea más que un instinto necesario.

Desatando el ovillo

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Cuando nos replegamos ante algo negativo, la mente, a veces, convierte nuestras hebras ordenadas en nudos. En ocasiones nosotros mismos somos nuestro peor adversario.

Ahogarse en el propio charco,

y amarrarse las venas,

para gritar hacia dentro,

conteniendo,

la sangre en las arterias.

Siempre es complicado

detenerse,

ante el ir y venir de las olas,

apresarse

en la propia cárcel

mientras la mente

hace su trabajo,

sin herramientas

ni hilo de sutura.

Cuando la mente trabaja

y el corazón se desespera,

ningún lugar es bueno

para esconderse

hasta que escampe la tormenta.

Zombie

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                   Si imaginara un universo

                   habitado por zombies,

                   no tendrían un rostro extravagante,

                   sino tan humano como cualquiera,

                   no vestirían ropas rotas

                    ni embarradas

                   con la sangre de la tierra,

                   ni perseguirían a los niños,

                   para intentar retomar ese soplo

                   que trae la consciencia recobrada.

                   Los muertos en vida son tibios,

                   amantes de las rejas en ventanas,

                   indolentes con lo que acontece.

                    Para un zombie, no hay más muerte

                     que la propia, ni más suerte

                     que sobrevivir en sombra

                     para no implicarse con la vida.

                      Por eso viven entre nosotros.

                      Y nos habitan…

Los extraños ojos de Marina Bao. Anuncio de Mundos Flotantes editorial.

Mientras la distribuidora emprende su camino y se culmina la tienda on line de este maravilloso y original proyecto editorial, quienes quieran un ejemplar «recién sacado del horno» de los «Extraños Ojos de Marina Bao» pueden dirigirse a la editorial, quien dispondrá su envío a su domicilio.

Narrada en primera persona ,y desde el punto de vista de una persona altamente sensible, Marina Bao crece entre leyendas, criaturas mágicas y aprende a manejar su don de la mano de una mentora meiga y sabia. Un extraño amuleto le unirá al destino de otras dos mujeres, Lúa y Aurora. Y las tres deberán enfrentarse a quienes pretenden imponer una terrible distopía mediante la manipulación, el terror y el control digital.

Si quieres que entre en tu vida magia y realidad, un thriller psicológico con grandes notas de realismo mágico, pensar y no pensar, y reír, especialmente con las ocurrencias de Aurora, disfrutarás conociendo Los extraños ojos de Marina Bao.