Lado oscuro

En ocasiones todo parece salir mal. Nos sentimos emocionalmente heridos y descendemos, con nuestros demonios, a los parajes más oscuros de nuestros miedos. Podría haber hecho, debería haber hecho, no lo debí permitir, tendría que... Este poema habla de ese momento en el que ya estamos cansados de ese martirio. Decidimos abandonar la tiranía de nuestra propia mente y ya no nos importan sus machacones mensajes de culpa o de rabia Y, curiosamente, en este momento, comenzamos a sentirnos mejor.  Hay veces que la oscuridad es la que nos permite ver la luz.

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Reinvento ese grito,

que me abrasa,

pues no hay brebaje que calme la comezón de mi piel,

ese purito intenso que da bienvenida a la noche,

para encender las luces de la lámpara.

 

Siento

que en esta historia me he perdido algo

y no soy  capaz de seguir el hilo,

la trama se revuelve insomne

entre mis propios ruidos.

 

Demasiado drama para una comedia,

quizás tenga detrás un muerto viviente,

para revelarme mis debilidades.

Un thriller psicológico  me empuja

a enlatar las emociones.

 

Y es curioso, en realidad, me siento bien

ya no me importa que la lava caliente mis pies,

o que no exista conjuro que me rescate

de esta vuelta sin billete de ida

a mi particular infierno.

 

Hoy me quedo en este lado oscuro,

resiliente a la sombra de mis ojos,

para el regocijo de la luz.

 

Mensajes de texto.

  1. La costumbre es el arma secreta de la desesperación. Desacostúmbrate. Rebélate. Ten esperanza.
  2. Cuando estés turbad@ piensa que la realidad es siempre convertible y reversible. Cambia el prisma. Revierte el espejo.
  3. Amate a ti mismo como amarías a tu mejor tesoro.
  4. Cada ser en el mundo tiene un lugar, un abrazo  que siempre le espera. Ama, que tu abrazo te aguarda.
  5. No te lamentes por el pasado, el futuro no pide cuentas.
  6. Eres energía y si la enfocas puedes transformar tu vida.
  7. Cuando llores no sufras,  una lágrima me llegará y con ella te mandaré mi mejor beso.
  8.  Siempre hay una excusa para llegar a Avalon y la Isla de Cristal está  en cada sitio donde haya un propósito de fuerza.
  9. Cuando alguien te diga que no puedes, recuerda, todo es posible siempre que se intente. Lo que no se intenta es lo imposible.
  10. Si el tiempo es relativo, más relativa es la estupidez. Óbviala.

 

 

Compás del viento

 

flower-3729460_1920Déjame agarrar tu mano,

unirme a tus pensamientos,

abarrotando tus besos,

desbaratando tu aliento,

Inigualable cual verso

que se apaga y que se enciende

que se enerva, que comprende

y deja sin argumento

A todo lo que yo siento

 

 

Y es que es rojo este silencio

y son dulces los cimientos

de los besos que aquel día

me dejaron escondida

una flor en la cortina

y el aroma de tu aliento.

 

Voy imaginando el cielo

en cada compás del viento

para regalarte un trozo

por cada vez que te tengo

entretejido a mis ojos,

calando mi pensamiento

que retoma, que resurge

en la barrera del tiempo

 

Y quién quiere serlo todo,

cuando puede ser beso,

que se quede muy pegado

como la piel al deseo

a todo lo que yo quiero

en cada compás del viento

 

 

 

 

 

 

 

Espejos

 

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Es hora de volver.

Encontrarás la estancia,

menos desordenada y más abierta.

Hay muchos más espejos de obsidiana

y la luna recoge su palabra

bajo la cristalera de madera.

 

No serás indemne si tu espada

no refleja la luz.

Pero si tu metal es tan traslucido

que conoces las artes del amor,

entonces,

mi amado caballero,

si la diosa lo permite,

danzaremos hasta el amanecer,

reflejando cada palmo de la noche

en el banquete de las máscaras.

 

 

 

La chica del oeste

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Quién pudiera,

sumergirse en los sueños infantiles

y creersee un vaquero,

siendo niña,

una vaquera más fuerte que los ojos

que pueden poseer todas las lunas

y surcar las llanuras infinitas,

de naipes boca arriba,

sin sorpresas,

ni trampa ni cartón.

 

Aderezarse entre las líneas,

abruptas e inconexas,

de una imaginada escena

y cabalgar sin límite sobre un caballo blanco,

posesa de esa locura quijotesca

de buscar dulcineas en salones,

que huelen a whisky barato,

la afrenta del repoquer,

y ese desierto empujando al alma hacia el poniente.

 

La regresión impone un final

no siempre redentor.

 

Los cactus no saben de palabras,

siempre tienen una flecha escrita

sobre las espinas de las impaciencias.

 

En el mundo de los buenos versus malos,

la rebeldía es solo un acto complaciente,

la carne de cañón tiene fecha de caducidad

y el ferrocarril traerá una nueva empresa,

la superioridad del norte que se impone

sobre la infantil dicotomía de los sueños.

 

Los vaqueros en extinción extrema,

en un mundo trepidante del comercio,

un préstamo de vidas,

el primer automóvil

aquellos nuevos sombreros,

y los vestidos imperiales

destronando a las botas y al can-can.

 

Los indios en reserva,

la danza de la lluvia,

generando círculos,

expandiendo caza-sueños en imposibles árboles

en la extensa montaña de sus ojos.

 

Mientras la caballería tome alas

sobre los fuertes en cinemascope,

seguirá rondando

ese silbido

a cien pesetas y un bote de coca-cola (1),

anunciando el climax del relato.

THE END.

 

 

)Kurt Savoy fue a un concurso de radio para ganar cien pesetas y un bote de Cola Cao con una canción de Elvis, y en lugar de ello, decidió lanzar un silbido que acabaría personalizando las bandas sonoras de los»western»

 

 

Lienzo roto

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En blanco,

sobre el papel,

el lienzo roto de mi mirada.

 

Lejos,

muy lejos de mí,

sigue la vida.

 

Viatori nocturnalia

 

 

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No me cuentes hoy, que este solsticio

que traerá san Juan en las hogueras,

quemará los males de mi ropa

y traerá caricias como brisas,

sobre las cicatrices de mi piel.

 

No me digas, que hay un vuelo

de chamánica profecía,

para abotargar mi hechicería,

con una imaginaria procesión,

de cuervos entre olivos.

 

Hay veces, que yo me siento entre los muertos

y los hago comensales de mi mesa.

De alguna manera su silencio,

es más prometedor que una mentira.

 

No hay solsticio purificador,

si uno no se arremanga y se dispone

a pescar los peces con sus propias manos.

 

Es hora de barrer, puertas adentro.

Hace ya demasiado tiempo que tus manos

desconocen las fronteras de mi cuerpo,

y yo ya vago errante y prisionera

de la deconstrucción de mis cimientos.

 

Saltemos, pues, las llamas en un trueque,

la fealdad del tiempo por la risa.

Cuando el horror se hace bello,

una sonrisa no es más que el pacto siniestro

de la ausencia de misericordia.

 

No aplaudas. Esto no es un teatro

ni hay ninguna función.

La rueda de la vida gira para nuestro descrédito,

en las revoluciones primitivas.

 

Mi ser humano,

hoy se tuerce

porque no hay raíces en los troncos

que inundan de dolor los cementerios.

 

Eso sí, bebamos hasta el amanecer,

hasta que desconozcamos nuestro nombre

y pueda amarte de nuevo sin quererte.

 

 

Cuatro huesos

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Vomitó, y lo hizo con ganas, como provocándose, hasta que notó que la bilis quedaba atragantada en su garganta. Luego lloró, desconsoladamente, como diría su padre, como una niña a la que se le quita la muñequita. Menudo era su padre, con esa voz grave y ese tono alto, autoritario, como pretendiendo comerse el mundo, y ahora, ya no quedaba nada de aquel hombre, si podía llamársele de esa manera. Lo miraba y no le parecía su padre, era un pellejo, cuatro huesos depositados sobre una cama. Lo había odiado tanto, pero ahora sentía que no le quedaba odio, ni siquiera le quedaban lágrimas. Las había agotado en el camino de ida al hospital. Sintió vacío. Mucho vacío. Un hueco en el estómago, como si un ácido le corroyese por dentro.

   Se acercó una enfermera. Una mujer de unos cuarenta años, alta, delgada, de pelo castaño y ojos grandes, de un color opaco, como tristes.

   —No murió de Covid, no fue coronavirus. Le hemos hecho la prueba. Fue un desgraciado accidente. Resbaló en la residencia y cayó, con tal mala suerte que se rompió la base del cráneo.

    No sabía por qué iba a consolarle más que fuera un accidente. Había muerto su padre y, lo que era más desgarrador, sin llegar a quererle nunca.

   La enfermera siguió hablando hasta que entendió que él no estaba, allí, en la conversación.

   —Lo siento mucho, comprendo lo que está pasando. Ahora lo llevarán al depósito hasta que lleguen los de la funeraria. Lo siento.

    —Gracias. Hablaré con la funeraria entonces.

    Entraron dos hombres que, con gran delicadeza, emprendieron el traslado del cadáver a la morgue. La cama quedó vacía. La observó un instante. El mal es como un agujero, la nada, la ausencia.

    Una amarga sensación de regresión hacia su pasado inundó su mente. Se veía, con su pequeño cuerpo, lleno de golpes, por el pasillo, sin encontrar refugio donde acurrucarse y esperar que todo pasase. “A este niño lo enderezo yo —decía su padre, con ojos de poseso y mano abierta. “Déjale ya” —, gritaba su madre. Y él enfurecía todavía más, la apartaba, discutían, siempre gritaba, siempre rompía algo, siempre la rabia atada a su ser y su pensamiento, la rabia que descargaba sobre él y sobre su madre. Esa rabia, la que le dejó tan pegada, durante años, a una sensación intensa de impotencia, ahora eran cuatro huesos. Era la nada. La mirada hueca. La ausencia de alma.

   Salió del hospital con la cara tan desencajada que asombró a su buena amiga Laura, quien le esperaba en la puerta.

   —Te dije que no debías de ir. Que se encargase la funeraria. Te hace daño incluso aunque esté muerto.

  —Tenía que asumir este trance, Laura. Si no lo hubiera hecho yo, hubiera venido mi madre y eso tenía que evitarlo. Ya bastante pasó.

   Laura apretó su mano—. ¿Qué has sentido, Jorge?

   —Nada. Justamente eso, nada. No había nada en aquella habitación. Era eso, él no tenía alma.

Inspiración

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Pudiera ser la pluma pasajera

la que traiga los aires de otros tiempos,

aquel apresto de la vez primera,

marcando rima y aplomo en la manera,

para decirte, de nuevo, que te espera.

 

Pudiera ser la pluma más ligera,

que te acaricie como un soplo de viento,

en este, aquel, lenguaje que volviera

como verso en lucera pionera

mientras el sol alimenta la madera.

 

Podrá, tal vez, quizá, quisiera…

escribirte de nuevo, hacerte rostro,

beso, sonrisa, abrazo, primavera

alimento, sentido y escalera

hacia el sol de esos ojos que venera

toda pluma suave y pasajera.

Es el hada, la musa del poema,

la palabra, la bruma y torrentera.

Vendrá, tal vez, quizá, quisiera…

 

 

 

Ráfagas

Por mucho que se oscurecían

los rincones de la casa,

ella, de rodillas, los limpiaba

una y otra vez,

llenándolos de luz.

 

Lástima que él,

no tuviera ojos para verla,

ahogado en un mar de cervezas,

irreconocible ante el espejo.

 

Ella seguía limpiando,

desenredando,

callando.

 

De súbito,

se abrieron las ventanas.

Ya terminó el tiempo de la oscuridad.

 

Y no hubo rincones, ni enredos,

ni labios a medias,

ni ausencias,

ni mujer ahogada

ni un sueño.

 

Solo la luz,

reinando,

con sus ráfagas delicadas

y una mujer viajante,

guiada por las estrellas,

dueña de su propia vida