Ráfagas

Por mucho que se oscurecían

los rincones de la casa,

ella, de rodillas, los limpiaba

una y otra vez,

llenándolos de luz.

 

Lástima que él,

no tuviera ojos para verla,

ahogado en un mar de cervezas,

irreconocible ante el espejo.

 

Ella seguía limpiando,

desenredando,

callando.

 

De súbito,

se abrieron las ventanas.

Ya terminó el tiempo de la oscuridad.

 

Y no hubo rincones, ni enredos,

ni labios a medias,

ni ausencias,

ni mujer ahogada

ni un sueño.

 

Solo la luz,

reinando,

con sus ráfagas delicadas

y una mujer viajante,

guiada por las estrellas,

dueña de su propia vida

2 Comentarios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s