Delfos

El cántaro a la fuente,

allí Castalia,

entre el barranco de rocas de Parnaso,

con su promesa de frutos venideros.

 

La piedra en el camino,

el cántaro en pedazos,

que se clavan

como cuchillos encendidos

infartando el desacierto.

 

Una angina insistente

y reiterada,

mi cuerpo en neumotórax,

ya no importan,

mis ojos caídos,

la falta de aliento

ni aquella fotografía que dibujaba

mi cintura en primavera.

 

Yo, viajera de nubes

no sé cómo expresarme,

y voy corriendo

en la búsqueda

de un espacio vacuo,

entre los laureles.

 

El bosque se revela alegoría

de mis manos, temblorosas

agitadas,

sobre la cerámica quebrada,

rebuscando tus pasos.

 

Las musas y las ninfas se entretienen

ajenas a mi huida bulliciosa.

Si tu padre es un rio,

es complicado,

no ser cascada en tormento,

correntía,

colapsando el ritmo de la lira.

 

Delfos me detiene

y me responde:

No busques la razón,

donde el dolor asienta

el escenario del invierno.

 

El daño se presenta traicionero

pero hay puertas abiertas,

tras el laberinto de cometas.

 

 

 

 

LLama que no cesa

En un día de esos que el trabajo te sale por las orejas, me tomo un respiro y recupero una antigua entrada, sobre el amor reincidente.

Dice la leyenda que hay amantes que se reencuentran una y otra vez en sucesivas vidas hasta que aprenden a convivir sin su soberbia, y es entonces, cuando quedan unidos para siempre.
Dicen que puedes distinguirlos por una llama azul sobre el hombro izquierdo.Si lo ves, aunque sea un roce, un instante o toda una vida, sabrás que es él/ella…

Porque hay llamas que no cesan…

 

Aun recuerdo ese adiós,

el que nos dimos,

cuando nos huimos,

y nos fuimos

mirando hacia delante,

temiendo regresar,

por un instante,

siempre es hábil cegarse,

apostando al boleto de la pérdida

en las lagunas de los desaciertos.

Hay quien dice

que, en otra vida

nos volveremos a encontrar,

y cuando ello suceda,

nos amaremos

de nuevo en mil intentos.

Cuando te ibas

yo me dí la vuelta

y pude ver

la llama azulada

sobre nuestros hombros.

Hay una historia inconclusa

en nuestro retroceso,

ahora vuelvo cada día,

a aquel lugar,

por si tú,

quisieras,

volver a mirarme.

Raiña poderosa

Non poñerei a imaxe do lume, non glosarei o lume, glosarei o rexurdimento

RAIÑA PODEROSA

Qué din os rumorosos, qué din

cando a costa non é verdescente

cando o delirante raio tórnase lume

na  queimada das bágoas

asolagadas  nos castros

O nunca mais das ánimas no bosque

o nunca mais  ardente

daquela escura lembranza

Xa non hai verdor cinguido

e é intransitábel o aire pesado de cinza

O son do vento pecha nosas palabras

rogando a choiva que atrape  o seu silencio

E qué arume arpado, qué son teñe a arpa

cando as ramas crebadas na saída

deixan saudade da terra inacabada

O reson coma unha ladaíña

cristalizando o seus camiños

Galicia non réndese

é valeroso chan

fogar ancestro

é a esencia gloriosa

da terra que  non teme a adversidade

unha terra, raiña poderosa

compartindo

as novas sementes

resurxentes no outeiro dos seus días

 

 

Buscar un sitio

Buscar un sitio, abrir, las puertas de la casa

donde el sol de abril se cuele en la ventana

ordenar los armarios, repararse en la cama

y arroparse de sueños temprana la mañana

volver, volverme a mí, regresar de la nada

sentir lo que sentí, con la mirada franca

buscar un sitio al fin que rebosante en calma

me traiga del ayer los trozos de mi alma

y ser la que yo fui, amara lo que amara

sufriera por sufrir, o dejara en mi almohada

aquello que perdí en tardía batalla

buscar un sitio, abrir, las puertas de la casa

sentir lo que sentí, amara lo que amara

 

 

 

Suerte

Vengo para posarme en tus rodillas

abandonarme en tus brazos

mutar en los abrazos

que han de suceder

Vengo para pagarte sonrisas

entre mil diamantes

eternas dibujantes

de lo que he de querer

Vengo tintineando la suerte

de una buena hechicera

Espirales de fuego

quebradas en el vuelo

que perdimos ayer

Vengo con la maleta de sueños

destronando misterios

volteando hemisferios

para amarte sin miedo

rotando en un te quiero

pegado a nuestra piel

 

 

 

 

De cero infinito por ciento

Paso la tarde pegada a una nube

buscando un momento sin pensamiento

De cero infinito por ciento

Dibujo sobre mi mano una palabra

Reclamándome

Todavía guardo una caja polvorienta en el balcón

hay agua de lluvia en las losetas

siempre huidiza

Por cierto,

la luz azul no se apagado en el jardín.

Quizá hay alguna esperanza

para abrir este cuaderno y escribirlo de nuevo

empezando por el final

para así asegurarnos

que caminaremos entre las rocas de la playa

con una caracola de arco iris.