Un pez pequeño




Atuendos de seda para una nueva primavera,
plantas que renuevan frutos y se entregan
al renacimiento de los nombres.

¿Y tú crees en eso? Pero escucha,
yo sí tengo la clave verdadera,
la que se agita en las letras y comprende
que la intuición es la tormenta
y no hay más realidad en esta tierra
que el suelo que pisamos, la choza que se habita
y un paraguas para resguardarnos.
 
¿Por qué ha de ser lo que dices verdadero?
Hablas de letras agitadas y tormentas
para resguardar el aguacero.
Me pides que no confíe en mí
y que confíe en ti, en tu criterio.
Y cuál contradicción es imponer un dogma
sobre una realidad imperceptible
despreciando lo que interpretan otros
porque no se puede ver.
 
Ya es hora que lo diga. No te creo
y tampoco deseo tus palabras,
ni tus labios, tu cuerpo, ni la forma
con la que dices cuidarme cada noche.
 
 
 
Eres demasiado ingenuo, pececito
ansiando revolcarse entre las olas
de un inmenso mar.
¿No piensas que puedes ahogarte?
Que la inmensidad puede tragarte
y el océano puede ser la trampa
más fatal.

Yo solo veo tus dientes afilados,
tus guerras y luchas por los tronos,
las ansias de poder
la ausencia de misericordia.
 
Ya es hora que emprenda mi viaje
y si el mar ha de llevarme a puerto
que me lleve…
 
 
Llevamos demasiados siglos
justificando la barbarie
en nombre de la razón.
 
 
 
 
 
 

Alquimia

 

 

potion-3539394_1920Arañarse los dientes,

levitando

en la rumiación de los imposibles.

 

Pensamientos,

la mente siempre

imaginando pasados,

los caminos tortuosos

que se indican

sabedores

de la ausencia de salida.

 

Cada cosa a su tiempo,

cada cosa…

a destiempo.

 

Conocemos esa espiral imbatible

que juega a despistarnos.

 

Muchas veces tememos

soltar ancla,

pero toda iniciación obliga

a desterrar las irrealidades

de la materia.

Corregirse,

soplar viento,

transmutando

la nada

en una rosa.

 

Sanación ( manual contra lo tóxico)

 

El agua derrama la pintura negra,

mientras mis dedos

agarrotados

consienten el ritual

en la sanación del espejismo.

 

No eres más que la nada,

la nada que te envuelve

en semillas sobre campo infértil.

 

Hay quien dice que existe un borrador

en la energía oscura,

el aguarrás de las emociones,

que termina diluyéndola,

decapando las viejas oquedades.

 

Cómo no comprender tu juego,

pero comprenderlo,

no significa compartirlo.

 

La glaciación comienza,

y yo me elevo,

como ave fénix,

sobrevolando

su cuerpo petrificado

en la arrogancia de sus pretensiones.

 

Yo te suelto,

yo te alejo.

 

Tú no tienes poder sobre mí.

La ética contaminada

Cuántas son las muertes que no asisten

al funeral de nuestros fundamentos,

en esta sociedad de cicatrices,

de manos vendadas

y la vista perdida

en la receptación de las miserias.

 

Cuántas son las muertes que en la vida

transitan en los estercoleros de la ausencia,

zombies demandantes de la sal que crece

contaminada

entre las grietas del asfalto.

 

Cuántas son las voces conformadas,

las voces despistadas,

en el acúfeno de la sobrevivencia

y cuántas las borracheras que se fraguan

en los soportales de la impotencia.

 

Y, yo, persisto en creer en luna abierta,

la llave del portal,

en aquel día

en el que las luces de todas las ciudades

podrán amanecer,

sin permiso,

reclamando

ser cascada

de oxígeno

sobre los pulmones del futuro.