Revelación

Los árboles te escuchan

Mis pies reposan sobre la hierba húmeda

que ha dejado la lluvia en primavera

y ese verde iluminado vespertino

despierta las sonrisas de mis dedos

todavía inconscientes y dormidos.

La tierra se revela y se hace nombre

formando una palabra imaginada,

cómplice con el sol que va menguando

a la par que sus rayos atraviesan

el tronco de los árboles.

Hay un fuego invisible

que penetra

en mis ojos como velas encendidas.

Ella está ahí

para arroparme

en esta mi nocturna imaginaria.

Ella posee más de mil vestidos

y mil pronunciaciones.

Ella es una.

Si alguna vez alcanzáramos

ese entendimiento

no dejaríamos de besarnos

y los abrazos

serian el único lenguaje conocido.

Una rama entre muchas

             

Érase una vez, en un universo muy lejano, un pequeño planeta donde los árboles hablaban entre sí. El bosque era bullicioso y alegre, un refugio para todas las aves y criaturas que lo habitaban. El árbol madre, maravillado por el hermoso paisaje que habían construido los árboles, dio a cada rama su individualidad y el don de la palabra. Y así llegó el día que las ramas pudieron hablar también entre sí, presumir de sus elegantes hojas, competir por su verde más intenso, los frutos más exóticos. Las ramas empezaron a compararse con las otras, a repudiar a aquellas que tenían menos frutos o las hojas menos verdes, más diversas. La vida en la unidad del árbol era insoportable y los bosques se convirtieron en un lugar desagradable para las otras criaturas vivientes. La Madre de los árboles decidió separarlos y de un soplo transformó el bosque en una amplia llanura donde plantó independiente cada rama de los árboles y ocultó sus troncos tras un velo invisible, el cual no se alzaría hasta que abandonasen su ceguera por sentirse únicas. Como no tenían raíces, las ramas comenzaron a secarse. Ya no había alimento para su verdor, no daban espléndidos y coloridos frutos. Sufrieron mucho para sobrevivir, debieron alimentarse de lo que pudieran encontrar bajo la tierra. Un día, una misteriosa estrella se compadeció de las penurias de las ramas e iluminó su penumbra. Las ramas fueron conscientes de que había perdido su verde. Se veían tan oscuras y tan débiles. Las lágrimas comenzaron a brotar de la endeble cáscara que les recubría. La tierra se humedeció y comenzó a reverdecerse. Los troncos se hicieron visibles y a cada rama le fue permitido volver a ocupar su lugar. Comprendieron que su mejor realidad era formar parte, todas juntas, de la maravilla de los árboles.

            Soy una rama, parte de lo que he venido, de los que me han precedido, lo que me es mostrado como presente, lo que será el futuro. Soy una entre muchos y entre muchas uno. Las leyes de la naturaleza muestran que la mejor versión de uno es la que no se comprende sin los otros.

VIRIDITAS

Benedicta viriditas ( Bendito verde)

Reverdece,

siembra,

en laberintos,

sobre todas tus ramificaciones,

sánate,

permite que el agua acaricie

todas las grietas,

resurgiendo,

los tallos más verdes

en cada oquedad de tus heridas.

No importa dónde estés,

ni a dónde vayas,

la edad que tengas,

ni cuáles son tus miedos,

todo bosque conlleva

una salida al mar,

como todos los tránsitos,

los hoy no transito,

son solo fragmentos

de esa primavera venidera.

Reverdece,

cuida, protege, abrázate

riégate, espera,

 y no decaigas,

comprende

que no podemos ver los frutos

sino después de sembrar nuestra cosecha.

Reverdece.

5 de abril: Tú eres el mejor paisaje

Invernando,

las alas del infierno,

encontraron hospedaje

en el invierno,

y rompieron los faustos

terrenales

desbocando al viento,

cada vez más negro.

 

La cueva se hizo más fría

y fue el albergue

de un ejército mutante,

que se confabuló contra las nubes

y dinamitó todos los puentes

de nuestras posverdades.

 

El mar gritó,

luego gritó la tierra,

gritó la savia entera

y la montaña

la carcoma de los bosques,

el avance de las sombras,

la contaminación.

 

Hubo muchos,

que se taparon los oídos,

mientras comentaban

desde su móvil

su mejor selfie posmoderno,

de sus múltiples realidades

tan imaginarias como relativas.

 

Y ahora se preguntan,

por qué no son indemnes

al vampiro que acecha la puerta de su casa.

 

Super-hombres,

tropezando

en el universo de los zombies.

Super-hombres

tropezando,

frente a la duda,

y he ahí la pregunta,

quizá yo también fuera

un muerto en vida,

tan ausente,

de ti y de mí mismo.

 

Cuando nuestros antepasados

precisaban purificarse,

se descalzaban sintiendo el tacto de la tierra,

el peldaño de ascenso,

la mejora,

ese saberse parte,

solo una pequeña parte de todo.

Nadie es inmune a lo que construya

o a lo que destruya.

La naturaleza impone

el orden de las cosas.

Nuestra primera obligación es conservarla

para conservarnos.

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Ahora te pido dos segundos. Observa la belleza del paisaje, los cálidos colores que te arropan. Respira. Siéntete dentro, siente el calor de los rayos del sol, recuéstate sobre la hierba de forma imaginaria. Vuelve la vista a la imagen ¿Ves algo entre las piedras? ¿En el árbol? ¿En algún extremo del bosque? Es tu mirada la que sana y retoma la luz de un nuevo día.

Tú eres el mejor paisaje. Cuídate.

 

 

 

 

 

 

En ti. Cuídate

En tu mano veo un paisaje,

que sabe a madera y a raíces,

un mar de besos, oleaje,

y esa brisa

que descubre

un universo sobre tus ojos.

 

Tu piel me invita a navegarte,

en el perfecto diseño de tu rostro,

imaginando

mil maneras de amarte,

en cada segundo que me ofrezcas.

 

 

En tus ojos veo la tierra,

el hogar, la casa, la paciencia,

esa tierra,

que suena a sinfonía cada tarde,

cuando la luz refleja

la naturaleza sobre los pies.

 

En ti

reside el árbol más hermoso

y mi mejor primavera.

 

 

Cuídate,

eres mi mejor apuesta.

 

Raíz

 

En la naturaleza de los pensamientos

siempre hay una raíz agreste

demandando,

su ancestral imperio,

acantilando las horas.

 

La última vez que sus retallos

impresionaban de verde

apostando la tierra,

era otoño, recuerdo,

las hojas de los árboles ya amarilleaban,

y es curioso, ahora

que los rayos del sol de primavera

alegran aquel viejo castaño,

reivento una hoja, una de aquellas

como posavasos de mis sentidos.

Dama del bosque

La palabra, en compostura de lo eterno,

va derramando los anillos de los árboles,

para contar los dedos,

que han de señalar las bienvenidas

de savia, en la temprana madrugada,

de las castañas enredadas a tus ojos.

Vieja dama del bosque,

el tiempo es ya testigo,

en crecimiento,

del musgo del invierno

y son tus luces,

templo abierto, nube en grito

sobre la verde cúpula que corona

el altar de hierba, el claro-oscuro,

las que anuncian descendiendo

el retorno de tu brisa.

Mar, en salto, mar

Flotando, sobre corriente, visualizando cada giro

cada ola que irrumpe, conteniendo

la decisión del salto

En este tránsito

las piedras que interrumpen mil paisajes

son solo instantes

una sensación de felicidad casi infantil se apodera

y vive en plenitud

No es el cambio sino el reto

el oráculo que revela

la levitación del cuerpo

La pacificación de la mente

Y el alma salvaje retozándome, retozándose

Allí, bajo la ola mágica que me envuelve

cuando soy parte de mar, inmenso todo,

curiosamente, en ese momento poderoso

te siento más cerca y te proclamo

abrazándote en  los nueve  silencios de cada marea

El color de lo simple

Hacer a nuestros ojos visible la naturaleza, puede ser un buen método para reencontranos. Mi padre siempre miraba al mar, de forma persistente, en busca de esa paz que curiosamente, casi siempre tenía. En este poema se intenta emular ese estado al que se llega tras descender a la nada para reiniciar el camino desde ella. Los colores y las formas son irregulares, impresionantes, complejos y a la vez simples.

 

Mar, cobalto azul, indefinido

en gris te amo como la roca tosca

sin erosión en desde, quizás hacia la nada

amanecer en alba,  de blanco-plata en brote

Tierra, sin mas, deseo, de ocre sobre el lienzo

amarillea el trigo y se delata el fruto, verdeando

en el simple devaneo de las hojas.