Raíz

 

En la naturaleza de los pensamientos

siempre hay una raíz agreste

demandando,

su ancestral imperio,

acantilando las horas.

 

La última vez que sus retallos

impresionaban de verde

apostando la tierra,

era otoño, recuerdo,

las hojas de los árboles ya amarilleaban,

y es curioso, ahora

que los rayos del sol de primavera

alegran aquel viejo castaño,

reivento una hoja, una de aquellas

como posavasos de mis sentidos.

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Dama del bosque

La palabra, en compostura de lo eterno,

va derramando los anillos de los árboles,

para contar los dedos,

que han de señalar las bienvenidas

de savia, en la temprana madrugada,

de las castañas enredadas a tus ojos.

Vieja dama del bosque,

el tiempo es ya testigo,

en crecimiento,

del musgo del invierno

y son tus luces,

templo abierto, nube en grito

sobre la verde cúpula que corona

el altar de hierba, el claro-oscuro,

las que anuncian descendiendo

el retorno de tu brisa.

Naturaleza

 

Ella resultaba impredecible

a veces tan ausente y otras…

tan presente, intensa, arrebatada

desparramándose inquieta, furibunda

en ese acontecer de los segundos

siempre inquebrantablemente suspendidos

entre la volición de nuestro pensamiento

y la eterna abolición de sus aspectos

 

Puede ser que, un día, detenida

ante la sombra de un futuro invierno

por esa tan suya adicción a la belleza

nos revele su fugaz naturaleza

y el magistral imperio de su sabiduría

proverbial en la fuerza de la vida

Mar, en salto, mar

Flotando, sobre corriente, visualizando cada giro

cada ola que irrumpe, conteniendo

la decisión del salto

En este tránsito

las piedras que interrumpen mil paisajes

son solo instantes

una sensación de felicidad casi infantil se apodera

y vive en plenitud

No es el cambio sino el reto

el oráculo que revela

la levitación del cuerpo

La pacificación de la mente

Y el alma salvaje retozándome, retozándose

Allí, bajo la ola mágica que me envuelve

cuando soy parte de mar, inmenso todo,

curiosamente, en ese momento poderoso

te siento más cerca y te proclamo

abrazándote en  los nueve  silencios de cada marea

El color de lo simple

Hacer a nuestros ojos visible la naturaleza, puede ser un buen método para reencontranos. Mi padre siempre miraba al mar, de forma persistente, en busca de esa paz que curiosamente, casi siempre tenía. En este poema se intenta emular ese estado al que se llega tras descender a la nada para reiniciar el camino desde ella. Los colores y las formas son irregulares, impresionantes, complejos y a la vez simples.

 

Mar, cobalto azul, indefinido

en gris te amo como la roca tosca

sin erosión en desde, quizás hacia la nada

amanecer en alba,  de blanco-plata en brote

Tierra, sin mas, deseo, de ocre sobre el lienzo

amarillea el trigo y se delata el fruto, verdeando

en el simple devaneo de las hojas.