Reflexiones al borde del pijama

                 Seguramente escribo esto porque soy una antigua, tanto que corro el riesgo de ser «desclasificada», y ya pido perdón de antemano a todos aquellos a los que pudiera ofender, en este su amor a  las redes sociales. Hoy he leído en un artículo que influencer podría convertirse en un oficio, no excepcional, sino tan normal,  como ser panadero. Pues bien, me quedo con el pan. Lo tengo bien decidido.

           Si  carisma es ese conjunto de talentos que hacen a una persona atrayente a los  los demás  porque  saben escuchar, te implican, hablan de nosotros, son capaces de contagiar entusiasmo;  los influencer ofrecen una realidad bien diferente, alejada de ese nosotros y de ese escuchar, ya que son seguidos, contrariamente, porque exhiben un mundo idílico o de lujo,  ese mundo ideal que admiran sus seguidores.  En verdad lo que pudo aproximarse en principio a su realidad, pasa a ser un oficio, un modelaje de una vida no tan real. Hacen deporte, sin hacerlo (para una foto); van de compras (pactadas), ponen una frase bonita y un pijama, que genera esa apacible sensación de hogar y luego se lanzan al somnífero.  Ay, detrás de las bambalinas, otro mundo hallarás.

      Una joven poeta me decía “una chica pobre difícilmente será influencer. Cómo lo va a ser con ropa barata. Eso a la gente no le gusta, la gente quiere lujo, una vida perfecta, de cuento, que sigue en las redes como inalcanzable “. Bendito Branding y bendito Instagram,  crea paradojas irreconciliables, tan complejas que merece una teoría de sistemas. Una marca de lujo contrata una influencer a la que la siguen millones de seguidores, de  los cuales muchos- por no decir la mayor parte- difícilmente tendrán acceso a sus productos,  aunque los admirarán y mucho.  Se presenta como logro del marketing, una técnica revolucionaria, en un mundo en el que ya nada se hace sin las redes. Será importante, no lo dudo, eso de crear estado o  crear marca, pero sabéis que os digo, que yo me quedo con el pan y con el carisma.

Hay quien…

 Piedra

Hay  quien afirma la nada

por huir del vacío,

gritando en un acantilado

al viento,

apuesta frente al calendario

pretendiendo

que el tiempo le favorezca,

como si detuviera

la impresión de la vida

Papel

Otros se engullen

cual canívales

entre cosas inservibles

trasponiéndose,

multidimensionando

plásticos que determinen sus fronteras

 Tijera

Otros se afirman bajo el todo

buscándose en la luz

inmensidad del óceano

la memoría colectiva,

los primigenios metales

y los consabidos preceptos del inconsciente

Piedra

Otros disfrazan identidades

en el engaño

de que la soledad no les comprende

compartiendo un emoticono permanente

repelentemente impostado

Papel

Carpe diem

comiéndose la vida

Peldaño a peldaño,

reto a reto, minutos

con tan incesante actividad

que desconcierta,

parecen desear llegar a ese final

que al mismo tiempo tanto temen

 

Piedra, papel, tijera

Sobre círculos de agua

en el movimiento de la vida.

 

Sin que quieras partir, sin que yo quiera

Cuando alguien se va, queda un interno vacío que pesa como plomo. Recupero esta entrada que reflexiona sobre este sentimiento amargo

 

Tú te vas de mi,

sin que quieras partir,

sin que yo quiera.

 

Es cruel la visitante, siempre fría

impredecible y amarga compañía

que puede reclamarnos a cualquiera

 

 

Y es que al fin, no somos más que olas,

navegando hacia al azul de las mareas,

y por mucha la fuerza o las batidas,

por mucho aplomo que tengan las maneras,

alguna vez nos toca la partida,

hacia el ocaso del agua que bombea,

los latidos del alma que surtía,

Aqueronte en corriente pasajera,

más allá de la muerte conocida,

más allá de la muerte y de la vida.

 

 

Quién pudiera reclamarte al Hades

para encontrate mañana cuando vuelva

Mas no hay con quien hablar

ni nadie que comprenda

Y tú te vas de mi.

aunque yo grite,

sobre el agreste cristal que nos separa,

no hay nada que lo evite,

ni nadie a quien clamar que no te mueras

 

 

 

 

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón

Imagen: cesión gratuita Pexels. Cedida por @ronindice

 

Belleza

Ella camina sobre las densidades,

con sencillo atuendo.

 

Muchas le envidian,

retorciéndose en sal.

Y se sonríen,

altivas,

comparando lo lujoso de sus ropas

frente a su modesto vestido,

los anillos que las engalanan

frente a su sonrisa.

 

Cuán  torpe es la comparación

y  cuán triste

 

Nunca podrán entender

que la belleza

reside

naturalmente salvaje

entre su pelo,

cada vez que ensortija pensamientos.

 

La belleza

es dinámica

Música

Espacio

luz sobre las flores amarillas

que te he de traer cada noche

 

Ni el peso de la ropa,

ni metales sobre la muñeca,

pueden clarear la mirada.

La verdad

La verdad

rota sobre el yeso impreso

La creta de unos ojos

Injuriosos

frente a la indomable presencia del abismo

Nadie crece mintiéndose

 

 

 

 

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón

Imagen: Cedida gratuitamente por Geralt. Banco de imágenes Pixabay

En positivo

 

Quien bien te quiere,

profesa la libertad de tus caderas,

roturando viento,

es devoto de tus senos

apalabrando dunas

de tus caricias, de tus noches,

del arrebato de tus ojos clavados en los suyos.

 

Quien bien te quiere,

disfruta los días que recoges margaritas,

colocándolas con mimo,

en el jarrón que pintaste con su nombre.

Quien bien te quiere, te ama,

sin importarle el largo de tu falda

pero sí la longitud de tus sentidos.

Quien bien te quiere, te ama

en tus ausencias, tus complejos, tus me gustas,

todas esas veces que tú llegas tarde

y aquellas que él llega pronto.

 

Quien bien te quiere, te ama

sin cadenas

 

Texto: Universoespejo. Pilar Astray Chacón

Imagen. Banco de imágenes Pixabay. Cedida gratuitamente por Ben Kerckx

Reflexiones al borde del pijama

  El paracetamol no está en la lista de sustancias prohibidas. Lógico, me diréis, si es un medicamento de común uso, cómo va a estar prohibido. Pues eso, no lo está, y, sí,  es de uso común y generalizado como analgésico, pero hoy he leido que existe una relación- no sé su grado de  comprobación científica- entre el consumo prolongado paracetamol y la falta de empatía, tanto o más como el  tener una situación de poder. No es que el paracetamol nos haga poderosos, no confundamos, es que ambas cosas, el estar demasiado tiempo en un cargo o tomar paracetamol, al parecer, disminuyen la empatía. Lo primero es comprensible. El ego siempre se va alimentando. Lo segundo verdaderamente sorprendente.

    Una noche cualquiera en Madrid, conocí un personaje extraño, en un momento, que ahora, me parece revelador. Yo. como siempre, empeñada en realizar largas caminatas, sin bajar ni un centímetro mis zapatos de tacón, precisé de urgente descanso en medio de una calle. Me apoyé sobre la pared para descansar un poco, mientras mi amiga, pacientemente,  esperaba mi recuperación. Y apareció el, un hombre de unos setenta años de edad, que se dirigió a nosotras, ofreciéndonos  «paracetamol «del bueno, sí, aspirina, paracetamol, quizás un ibuprofeno. Pues he ahí aquel hombre del que pensábamos era un chalado, ahora parece un adelantado a su tiempo.

      «Nene, si quieres ser malo, toma paracetamol»

      Bueno, como a mi me disgustan los malvados, solo me queda pensar que quizás dicho estudio científico no sea tan solvente. Y, de verás, no se que haré si un día me duele la cabeza…Ya miro con desconfianza la caja de paracetamol que hay en mi botiquín. En fin, no sé si pasará de esta noche sin ser arrojado-» sin empatía» a la basura.

Versales

Cuesta trascender, y en nuestro abismo, siempre es imposible la respuesta.

 

Precipitarse

Sobre las grandes preguntas

Para reconocerse

Maleable a todas las respuestas

Es tanto el miedo al vacío

Que me vale

Cualquier réplica

 

Sobre la curva de mis pensamientos

Va ondulando la vida

Perder por no perderse uno mismo

Unos altos vuelos para una mariposa

Entre las versales del abismo

Reflexiones al borde del pijama

          Muchas veces pienso que mi mente intenta complicarme. Con toda seguridad está guiada bajo un plan secreto para sembrarme desconcierto. Camino hacia el gimnasio como cualquier día, a la hora usual, pero no pienso en el trayecto, ni siquiera en el plan de entrenamiento, me pregunto qué pensaría  sobre los humanos un extraterrestre si estuviera en el aquí y ahora, en esta calle. Y se me ocurre que nos vería muy feos. No tenemos el majestuoso porte del león ni la elegancia del caballo, somos en realidad unos bichos no realmente muy agraciados. Así nos vería.  Menos mal que llegó al semáforo y está en fase roja, así, mientras me detengo, otra fantástica idea puede sacudir mi cabeza ¿Y si tuviésemos pelo? ¿Seríamos como el Yeti?

            Llego a la altura de la floristería. Su encargado colocaba las plantas cariñosamente cada noche antes de cerrar. Y hoy no lo hacía. Golpe a la rutina.  Ah, ahí está, pegado al móvil  ¿Y las queridas plantas? En fin, ni los románticos soportan este siglo.

          ¿Si fuéramos un ejército de bichos peludos tendrían algún sentido las cremas anticelulíticas? Seguro que no, todo es imagen y lo que no se ve, no está sencillamente.

           Profundas reflexiones, ya lo veis, para un día en el que mi traje rosa,  ese rosa de la mala suerte ¿Os acordáis? se ha convertido en uniforme de trabajo de unas cuantas presentadoras de televisión. No puede ser, pues sí, es. Clavadito, clavadito a mi vestido y por doquier ¿Será que existe de verdad un complot extraterrestre?

Nada que decir

Callar, no expresando nuestros sentimientos más positivos, puede hacernos perder lo que más queremos.

 

No hay nada que decir

para mejor consuelo

lo niegas, y al partir

detienes ese vuelo

todos los sentimientos

de bruces hacia el suelo

Incierto el porvenir

ignorante de cielos

hipotecado en duelos

que se perdió al partir

sin recordar lo nuestro

Cuando nada se dijo

por no decir te quiero

no hay nada que decir

aunque de amor me muero