Rescatar las lágrimas

           No temo la crueldad de la batalla, ni el fracaso, lo que temo es recrearme en esa sensación de pérdida,  porque cada minuto que nos autocompadecemos y seguimos en la queja,  perdemos un segundo de subida.

 

Confieso, a veces, he perdido batallas.

He perdido silencios,

rutas, tiempos.

Pero también confieso que no lamento el fracaso,

lo que lamento,

es no haber sido capaz de rescatar las lágrimas

para formar un acordeón con sus sentidos.

 

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Modificar el nombre de las flores

La medida de la inteligencia es la capacidad de cambiar.(A. Einstein)

 

Sobre la vitrina una propuesta:

Siempre la misma anti-receta:

Un edulcorante para dormir esta noche

y la máquina para encalarte los segundos.

 

Me asombra

como recoges con prisa el final del día,

grapándolo entre tus ropas,

anhelando

la detención de las promesas

 

Ansías que se acabe el día.

por no vivir,

quizás

también por vivir,

no viviendo.

 

Me pregunto

si tu vacío puede modificar el nombre de las flores,

si puedes escuchar el sonido de la espera,

si en algún reducto de tu obsesión,

se puede salpicar otro comienzo:

Otra vida

donde no sea necesario procrastinar deseos,

donde se sueñe despierto,

y no se precise blanquear el compromiso

entre las limitaciones de la impaciencia,

donde haya un espacio para que nos acerquemos,

en siete dimensiones,

a las identidades de las almas.