Isla

Nada es igual

sin transitar el mar como una isla,

en la asimetría de los nombres

de las gotas minúsculas que forman

un paisaje imaginario.

Nada es igual,

sin verse desde dentro, encaramada

en el caos primordial y el viento ajeno.

El aire siempre sopla y alza velas

en la ilusión cromática de un cielo

que emula un fuego interno,

atemporal, privado de su espacio

dejando que el vacío

imprima la inexistencia de las formas.

La materia no existe,

y siempre asombra

la plasticidad de su relato

tal cual lo ves,

tal cual tú eres,

tal cual yo soy.

La irrealidad del bosque

que se cierne

sobre despistados ojos.

Solo puedo decir

que las leyes de la termodinámica

no conocen el efecto de tus besos.

Sin letras

   A la paz se le han caído las letras

y vagan por los campos de la muerte

La oscuridad está presente

en la forja de las identidades

en la idolatría de los ojos ausentes

y el temor a que la noche nos invada

para revelarnos impotentes

a la herida, la sangre y el martirio.

Los ojos de un niño huido

percuten en mi mente

mientras la vida parece que no alcanza

a revelar la fuente de los besos

La materia es un valle

para plantar rosas, no metralla

Y, sin embargo

tantas veces

por tanto tiempo oscuro

donde la egolatría es un templo

hay más metralla que rosas

¿Qué podemos hacer? ¿Dónde está la llave

de la puerta de la casa? ¿Dónde parar la muerte?

El poder material y traicionero

arrasa las entrañas de inocentes

 La violencia anida

entre el propio polvo de la tierra.

Quizá podríamos construirnos

sin espejo

de las identidades frente al otro.

 Cuando seamos nada por ser nosotros mismos

pararemos los tanques con los ojos.

El árbol de la ciencia

              

             Para recorrer tu cintura y alcanzar los frutos,

             no preciso comprender los precipicios

             de las bifurcaciones de tus ramas.

             Solo necesito saber que tus raíces

             no dejan de ser las mismas que las mías

              Por eso, tu abrazo es más infinito

             que cualquier cosa que percibo

             y lo que pueda acontecer no importa

             cuando tus besos son uno con mis labios.

El amor es de todos los días. Feliz día!

Teatro

Será el amor un sueño en un teatro,

donde el guion se escribe a trompicones,

y sin hallar traspunte de emociones

nos requiere aplomo en cada acto.

Y alguna desmesura entre las letras

que ya nacen rebeldes a la prosa,

con las cartas de amor sobre la mesa

para la complacencia de las rosas.

Tus manos son festejo sigiloso,

para sentirte cerca desde lejos,

entre los bastidores no hay reflejo

de ese beso que se impone ansioso

en todas las fronteras de mi cuerpo.

En un roce de amor vertiginoso

suena la música ardiente como el fuego,

y son mis lunas tus ojos encendidos

cuando el telón se abre sorprendido,

a la pasión oculta en bambalinas.

Y reclama el proscenio indisciplina

los tambores, el beso, torbellino

las miradas, el viento, remolino

revolviendo las ropas y las hojas

hasta poner el mundo boca arriba

y tu nombre en las letras poderosas.

La pasión atraganta, sobrecoge,

enardece y desboca en correntía

hace herida, escuece y también calma,

y es suave, y abrupta, y mediodía.

Imprevisible y franca, como la propia vida.

Por eso dame teatro, dame escena

caballeros, espadas, damiselas,

huracanes, conciertos, mariposas,

cataratas, misterios y escaleras,

ese ritmo trepidante de la acción

hasta que caiga el telón …

Dybbuk

En la imaginaria del terror,

su imagen sobrecoge,

y es oscura,

porque oscuro es el miedo

entre las sombras.

El dybbuk

se pega a las paredes

de pieles indolentes.

Dicen que desconoce que está muerto

y pretende habitarse en otro cuerpo,

con la complicidad de sus entrañas.

Pudiera hablarte en doce idiomas,

mover objetos, destronar amores

de coronados fastos y etiquetas.

Y mirar como ausente.

Es un espejo

De la agonía de la ira.

Tal vez pudieras atraparlo

en una caja de vino,

embriagarlo,

para arrastrarlo al inframundo.

Tal vez como un lémur,

se contentaría,

con un plato de judías negras.

Los espíritus no tienen hambre

de cestas de panes y de dulces.

Le disgustan las velas y las flores,

las sonrisas, la eterna primavera,

las luces de neón y las palabras

que se susurran suaves al oído.

Por eso piensa en el mar,

en las ventanas,

abiertas a la luz del mediodía,

pues no hay peor espíritu que el propio

cuando se torna en destructora larva

y corroe las venas y los ojos.

No temas al dybbuk

solo tiene el poder que tú le otorgas.

Reina oscura

Si ella se hubiera perdido entre la noche,

habitara lagunas sin nombre

y espacios ajenos a toda profecía,

si tu alma gemela, de existir,

fuera una reina oscura.

Si los nudos que se tejen en otras dimensiones

atrajeran tu suerte en el presente,

si fueras tú quien la ausentas,

cada vez que alimentas los dragones

que duermen en tu mente.

Si por cada pensamiento negativo,

la tuvieras más lejos,

te fuera incluso una desconocida.

Si fueras tú quien derrama

el vino de su copa

y la condenas a ser una errante

entre todas tus oscuridades

¿Aceptarías que eres el responsable?

¿Hasta dónde jugarías la partida?

Sonidos

Escuchar mantras y frases alentadoras es una práctica positiva. Los occidentales somos, en realidad, complejos, porque nuestra mente está muy acostumbrada al método y no es tan fácil que suelte las presiones. Sin embargo, bucear y bucear en nuestras raíces nos lleva a descubrir cuán cerca todos estamos y que maravillosa es la música. La genialidad de nuestros clásicos nos eleva a un mundo donde se funde el método y la intuición en un equilibrio generoso.

Me he permitido, disculpad la insolencia, trabajar con esta maravillosa, impresionante y siempre alentadora Aria para la cuerda de sol.

Aria para la cuerda de sol es un arreglo que realizó el violinista August Wilhelmj en el siglo XIX del segundo movimiento de la Suite orquestal n.º 3 en re mayor, BWV 1068. Bajó un tono a la composición, de re mayor a do mayor disminuyéndola una octava. Y la adaptó a instrumentos como el violín y el piano.

Siempre duele

Crecer, a veces, duele

Nada

( Un poco de metafísica, realmente física)

La nada no existe.

Es solo un concepto funcional

y no demasiado elevado

para cuadrar el cálculo.

Imagina cómo fue el vacío creador,

en la distorsión de sus energías.

Para crear hay que vaciarse.

Para crecer hay que vaciarse.

Y llenarse.

La nada favorece

el soplo del viento sobre las aguas primordiales.

Es el aliento, la burbuja que nos envuele,

lo que nos mantiene a flote.

Un sonido, pequeño, insignificante

que lo modifica todo.

La onda que resuena y nos abarca.

La nada no existe.

Nadie puede no ser nada.

Ni nada puede ser nadie.

Porque siempre hay alguien

  algo/algunos…

La nada es nuestra madre

pero ese no es su nombre.