Babel

    Escuchar,

       ser como un junco

obviando la rigidez del tronco

y la descompostura de la máxima

que siempre cuenta la historia a su manera.

         La puerta de los dioses,

el adobe cromado,

el ágora,

la recurrencia métrica que expresa

el templo de las aguas,

                  quién dice que tu caos no es tan humano,

como el desafío de tu torre,

el diluvio, la noche, y las contiendas.

  Quizá es hora de reconocer que la soberbia

se da en todos los bandos entre lides,

y que el entendimiento no es una torre en ruinas,

sino un propósito de buena voluntad.

Amarte

Amarte,

recorrer tu cuerpo,

abarrotarnos a besos

y seguir deseando que me beses.

Piedras

Tropezar con la piedra

y masticarla,

como en un ritual liberatorio.

Volver a ver la piedra,

digerirla,

maldiciendo la caida reiterada,

destronándote de lides,

pues es humano ser rey de auto-reproches.

Repetir el camino,

y no ver piedras..

Tu cerebro memorizó el abismo

que te abraza, al futuro de sus ojos

Estar arriba y querer volver abajo,

añorar las piedras,

y bañarse

en el sabor agridulce del fracaso.


Visitar las lagunas traicioneras,

el viento de levante,

el acantilado del oeste,

las brumas y las nieblas.

Descender,

 para subir contra-corriente,

nadando en mar abierto y en tormentas

ser torbellino en luz,

tornado sin arena,

remolino,

porque no hay mejor victoria

que saberse sin miedos.

Hubo un tiempo,

en el que se apilaban piedras

para recordar cuán transitoria

es esa imagen

serena de los pastos

y cuán inestimable

es la sabiduría, que nos deja

cada tropiezo,

en la piel de nuestros versos.

Voy a poner una piedra sobre tus hombros

para que puedas ascender montañas,

saltar sobre su cima

y descubirme

en la carta de navegación de tu mirada.



Convergentes

Si pudiera,

revertir el viento,

y traerte,

galopando,

si pudiera,

alistarte,

en ocho puntos cardinales

a las coordenadas de la paz.

Si yo pudiera…

traerte,

no sería dificil

expresarte

que no hay tanta diferencia

entre la compostura de tu corcel,

y la sagacidad del unicornio,

la elegante figura de pegaso,

y los pies ligeros de Aquiles.

Si pudiéramos

apostarnos,

entre las manos tendidas,

manos abiertas,

en las trincheras de la vida

con la sola palabra de la Paz

Vía lactea

La leche materna

fluyendo,

despiadamente apartada,

en la siempre constante tragedia mitológica.

Ella,

la columna dorsal del universo,

el camino,

que lleva a la tumba del oeste,

la luz que ilumina el árbol desde el sur

y acuna el nacimiento de la luna.

Los mensajes

que el tiempo nos deja sobre los hombros

no son tan grandes

como el espiral que protege nuestra vida.

¿Por qué diablos existimos?

Colisionarse a sí mismo,

ser liviano,

para levitar en gravedad

y reconocerse

en anticuerpo,

el rayo cósmico,

que desbarata todos los asientos

y nos revuelve dentro.

Recobrar el manual de Majorana*,

los ángeles de custodia

adentrarme en sus mares,

atravesando el muro de su tacto,

revirtiendo la formulación de mi mirada,

estar en negativo,

no estar, o sí estar,

imprimirse en positivo,

enajenarse con el caos

y desligarme de la irrealidad de mis sentidos

Admitámoslo,

la partícula no se comporta diferente porque la miras,

es que tu percepción la enmarca

en una trayectoria presuntiva.

Los ojos son traicioneros,

tanto,

como la propia mente,

en el mercadillo de las bagatelas,

un aforismo,

una máxima,

unas presunciones.

Admitir que no hay nada seguro,

es preguntarse,

por qué diablos existimos.

*Ettore Majorana, físicoitaliano, desaparecido sin dejar rastro hace ochenta años, dedicó su vida aestudiar los neutrinos y sus antipartículas.¿Por qué diablos existimos? Es la gran pregunta. Quizá nunca podamos responderla. Todo lo que percibimos esta lleno de subjetividades, pero eso es realmente  vivir, desde un yo limitado, pero maravilosamente humano.

Sol de invierno

El sol tamiza tus ojos viajeros,

la gestada cosecha que rebosa

la recolección de las miradas.

Sostenerse y sostenerte,

el equlibrio,

del bálsamo renacido de sus besos,

reiventándose,

en amante improvisado de tu  invierno.

La quita

Hierba, sobre mis pies,

descalzando la vida

y ese sol de otoño barnizando

los rojizos paisajes.

Hay un volcán que me observa

desde el subsuelo de mis ojos,

y no resulta posible echar el cierre

de la insolvencia de las emociones,

 una espera, balance, la cuenta

  en el silencio de palabras.

Es el fuego, el habitante,

de la cordillera de mis pasos

entre las ascuas que enardecen

el verde pasajero.

Soy ceniza,

soy quien vuelve,

sin quemarse,

en la quita de las revelaciones.

Decepción

La noche no despierta,

 de la misma manera

cuando la tarde amarga

 la suerte mensajera

y te arrebata el alma,

desatando la niebla,

de un periodo confuso

 que no aguarda ni espera.

 Y todo lo que pesa

 aturde los sentidos,

 queda pegado dentro,

 cual mago del destino,

en corte de baraja,

 con el as en la manga

y la burla en camino.

No existe nube roja,

 ni pipa de la paz,

la sartén bajo el mango,

la luna de metal,

inalcanzable y triste

desespera en final

abocándose a abismos

derrotados al mar.

Quien por querer se daña,

no debe querer más.

Reflexiones de media tarde. El carro alado.

La mente dicotómica, razón y pasión/ alma/cuerpo, ha llevado en ocasiones a justificar el mal, en pro de la razón, de la misma manera que la pasión puede perder la empatía y la finalidad del bien. Denostar la integridad de ser humano y del ser social, ha llevado a una decadente progresión en la que la razón se eregía antaño como reina, y hoy, lo hace la superficialidad y el utilitarismo( en base al logro económico por encima de todo). Cuando Platón concibió su carro alado, puso el acento en el regidor, pero  no nos confundamos, no solo es preciso la destreza del auriga para un vuelo presto hacia Orión. Se precisa la integridad de las bestias, blanca y negra, luz y sombra, la unidad del ser humano al fin y al cabo.El caballo negro, la pasión,  no es feo y oscuro, también es bello, es la fuerza, la energía, el sentimiento.  La sal y el azúcar que nos hace vivos. El caballo blanco no siempre es luminoso, pues la propia razón no está exenta de subjetivismo.A veces un sentido de la rectitud se distorsiona provocando el mal, el rechazo, la discriminación del diferente. El  conductor es el paradigma del arte, aquello que los hace uno, en la maestría de la vida. La unidad es la clave, como para el bien social, la clave es la comunidad. Por eso es preciso que el regidor sea honrado, pero también lo es que lo sea la comunidad. Una comunidad corrupta no sancionará al gobernante corrupto y comenzará la decadencia. No hay mejor «rienda» que la comunidad que tira del carro.