Lírica

   Los gajos más delgados de una mandarina existen y son tan importantes para el todo, como aquellos de mayores dimensiones.

 

Si el mundo de las cosas,

respondiera,

la totalidad de las preguntas,

no habría poesía en las postales

que quiebran la razón de la palabra.

 

Si el mundo de las cosas,

fuera el todo,

omnicomprensivo de misterios,

la disonancia no tendría notas

y el sonido,

no sería,

esa cifrada verdad de nuestras manos.

 

La lírica

es el junco roto,

la apertura

la ventana,

que retoma la brisa entre las sombras.

 

Por eso,

no midas,

expresa,

sé el acantilado

el rompeolas

los tambores,

el  precipicio

de la conciencia de la vida.

 

La esencia,

la universal pauta,

solo conoce la música

que obliga a levitarse en los zapatos.

 

 

 

 

 

Los segundos son como una noria

que revierten

los cántaros de agua,

sobre la densidad de las mejillas.

 

Cuando la tormenta cesa,

cada pájaro,

reconstruye su nido,

rebuscando

los trozos más robustos,

el sol indemne

del aguacero inopinado

y súbito

en la naturaleza de las cosas.

 

 

 

No somos más que un parche

a quema-ropa,

el zurcido

de todos los pronombres que tuvimos

y de aquellos que nos inventaremos.

 

Un parche recosido,

la puntada,

que sirve de unión entre dos cuerdas,

siempre reintentando

descoserse y mantener el equilibrio.

 

Por eso,

deshabito mis ojos,

para comprenderme

en todas mis miradas.

 

Sensaciones

Olvídate

Olvídate de mí,

de mis zapatos

abarrotando el armario,

de los frascos de perfume vacíos,

las pinturas en el cuarto de baño,

de los pinceles,

de las pinzas de depilar

(que no uso),

de los libros invadiendo todas partes,

de las camisetas con frases,

del café a media tarde,

olvídate…

Olvídate también de mi risa,

de mis ganas de abrazarte,

de mi mirada ausente

cuando no puedo escucharte.

Olvídate de todo,

olvídate de mí

porque yo no puedo olvidarte.

 

Impresiones

Ausencia propia

Tropiezo,

con la misma piedra,

en el mismo lugar,

casi miméticamente,

reiterando,

los segundos,

la deshora indiferente.

Y pienso,

que fue ya demasiadas veces,

el cántaro a la fuente.

La luna hoy no lleva pasajeros

no aúllan los lobos,

silencio.

La pausa repetida,

suena a ausencia,

pero esta vez de mí misma.

 

Dependencia

Nadie debe complicarse

en buscar claroscuros

permanentes,

cuando el bosque es abierto

y la retina,

nos trae un verde intenso a nuestros ojos.

Respira.

 

Hay un árbol cerca de tu casa,

El día es soleado.

 

 

Comienza a pensarte

desde dentro.

 

Resucita,

tú existías

antes de su gesto manchado

y de sus gritos.

Él, en cambio,

solo existe en ti

porque tú sufres.

 

Si has llegado a leer hasta aquí, te invito, tras este poema mío, a leer uno de Bukowski, pues no puede decirse más sencillo y más claro.

Oh sí

Hay peores cosas que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde.

 

 

 

 

El vaso medio lleno

Hay días que son

acantilado,

recipiente del mar,

de ese de dentro,

y pirotecnia

de todos los sentidos.

Cascada sobre dunas,

turbulencia,

esculpiendo la luz.

 

Cuando la luna que habita

tu noche o tu desencuentro,

vista de negro tus alas,

y el tic tac del reloj

torture todos los motivos,

retoma sus aires,

pues esos días son mapa,

amaneceres,

coronándote,

en el gobierno de los vientos.

 

 

 

 

 

Fantasma

La forma se acomoda,

en un escenario vacío,

en la rebelión normada de las sillas,

contestatarias,

al movimiento de la batuta.

 

El lienzo es partitura

es el abrigo,

del pentagrama al óleo,

y aquellos tornasoles

que va dejando el temple en la puntera

que danza a destiempo con las sombras,

disimulando,

ya no estar entre nosotros.

 

 

Es suyo

Se levantó con una sensación extraña. No se le iba de la cabeza una idea absurda: Alguien había robado parte de su identidad y hoy se la devolverían. Se fue, inmediatamente, a mirarse al espejo. Era ella, sin duda, sus manos, su pelo, esas arrugas en el entrecejo. Era su casa, su armario, su baño, todo estaba igual ¿Y entonces qué era lo que no encajaba?

Se sirvió un café doble muy caliente y decidió olvidarse de ese absurdo pensamiento. Era un bonito sábado de mayo. Un paseo no le vendría nada mal. La calle de siempre, el portal de siempre, los vecinos de siempre. Todo igual. Le saludaban sin advertir nada extraño. Está todo bien, se decía sin cesar.

Pero como la intuición a veces nos alerta, lucía recordó una escena de hace muchos años. Una vieja, vestida de negro y de aspecto desagradable, le había pedido todo el dinero que portaba para hacer un ritual que le aseguraría- eso le dijo- su felicidad. Lucía obviamente se negó, y se dio la vuelta, mientras la vieja le maldecía.

Un cortejo fúnebre se acerca. La curiosidad le hace entrar en lo que parece un tanatorio. Allí, en una de las salas hay muchas personas pero sorprendentemente celebrando la muerte y no llorándola. Sobre un ataúd la fotografía de aquella vieja. Se acabó la maldición, decían.

Pasa, pasa, le dijo un niño de cabello rubio rizado de unos ocho años de edad, a mi me tocó todavía niño, tú has tenido que esperar un poco más.

Fuego. Llamas. Se desintegra el ataúd. Todos aplaudiendo. Lucía no da crédito a lo que ve con sus propios ojos.

De nuevo está en la calle, ya no hay cortejo fúnebre, ni ataúd, ni tanatorio, ni personas aplaudiendo. Lucía se vuelve a frotar los ojos ¿Pero dónde está ahora todo esto? Me estoy volviendo loca, pensaba, mientras al alzar la vista vislumbra como en un cartel publicitario, el mismo niño rubio, ahora muy sonriente, sujeta una pancarta entre sus manos: “Hoy comienza una nueva vida”

Con esa frase en la mente, sigue paseando, con una luz diferente en su mirada.

Te brillan mucho los ojos, le dijo un transeúnte desconocido. Por supuesto, contestó Lucía, “hoy comienzo una nueva vida”.

 

 

PD: No te quedes con lo negativo que te transmiten otros. Devuélveselo, es suyo y no tuyo.