He aquí de nuevo, tú

Podríamos afirmar que cada libro es un reto, una puerta abierta a un mundo diferente.Pero hoy curiosamente en lugar de realizar alabanzas a la magia de la lectura como sería propio, me sumerjo en las augas de la inquietud, para recuperar un poema escrito hace un año sobre la “belleza” de la superación del fracaso. Porque todo resurge, tú también lo harás.  He aquí de nuevo, tú.

 

Ruptura, desesperación, salto, vacío, noche

Digerir el sinsabor sin tener edulcorante

Destronarme y destronarte.

Ya no hay espacio en este papel

ni tinta para rellenar otro capítulo.

 

Es curioso,

en estos momentos de desolación

también hay quietud,

la observación serena del movimiento impropio,

queda reflejada en la fotografía de mi historia.

Y no es resignación ni abandono,

es confianza

en que la fuerza de la vida irá retomando mis pasos por segundos

en mis propias manos dibujando

una nueva cabecera a este tiempo

transformándolo en arco iris de sonidos

 

Dicen que el recuerdo es selectivo

aún así conservo

el retrato de una herida sobre mi cuerpo

para decirme y para decirte

que no hay ruptura, ni desesperación, ni salto, ni vacío ni noche

que no pueda recomponer el universo,

en trompo, rotación y precesión constante

luna de mis soles trasmutada

 

Y he aquí, de nuevo, tú,

sobre los polos,

majestuosamente humano y poderoso

 

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Ya no hay tormenta, ves

Hoy he pensado “resucitar” un poema del año pasado. Tras bucear en mi libreta he decidido rescatar este poema, ya que pretende expresar la renovación del amor.

 

Ya no hay tormenta, ves

Cuando el amor te duele y por amar te hieres

ahuecas en tu sombra una palabra vaga

quizás un imposible, porque hagas lo que hagas

todas las horas rompen, carcomen, te destierran

a trocar el silencio, cambiar lo que no puedes

por mucho que te empeñes,  pues tú queriendo quieres

Y es un fuego que arde, que corroe, que miente

que no aplaca la sed, ni calma ya tu llaga

pero como en la vida el tiempo todo sana

un día te despiertas con la mirada clara

Ya no hay angustia, ves, la luz de tu ventana

hoy tiene mil colores de noche y de mañana

Ya no hay tormenta, ves, en alma enamorada.

Esos días…

Hay veces que nuestro mayor enemigo somos nosotros mismos.

 

Esos días…

 

No llevo la cuenta de los días negros,

cuando la mañana inventa un acuerdo,

cuando cada noche no busca el aliento

y todo se esconde, cuando nada tengo,

cuando cada hora que pasa yo creo

que cambia la ruta, que todo lo intento,

apagar las sombras, no tener lamento

pero no es posible tal cual yo lo pienso

Hay algo perdido que, hoy,  no lo encuentro,

resurgen las dudas, se troquela el tiempo,

qué inquieta la vida, qué dispar el juego,

qué triste la huida, imposible débito,

luz desconocida en lo que me invento

para no decirme lo que tengo dentro,

herida y silente, me estoy resintiendo

debo protegerme de mi pensamiento

anclarme a la luz, a otro sentimiento

que me traiga paz en este momento

Los versos más bonitos

Tus ojos, en llamas

lágrimas pegadas al desconcierto

trozos de lamento entre dientes

esa herida que rebrota y cruje

reptando para no sangrar

ese dolor atado a la angustia

se transforma

cuando das la vuelta a esos cojines viejos del salón

y observas aquel pequeño dibujo

te acuerdas, lo dibujaste, hace tanto

una margarita,  pequeña flor de acrílico oráculo

Si, no, si, no, si, no, si…quizás no

y comienza a rebrotar aquella planta que regaste ayer

sus hojas son tan verdes que parecen quererte hablar

si, no, si, no, si ,no…quizás sí

Ya no necesitas más tiza para preguntarte

porque ya no necesitas ni la pregunta ni la respuesta

Eres tú suficiente,

para secarte esas lágrimas

y cantar, y bailar, y cantar, bailar hasta que la luna

descanse sobre el sol de marzo

sobre este sol que algún día será puente entre nosotros

Tus ojos son los versos más bonitos que yo he visto

Prometiste

                   Cuando queremos amor, a veces, prometemos demasiado, lo imposible, nos mentimos  a nosotros mismos y mentimos al otro, y por esa exigencia dejamos paradójicamente de querernos, de creer en nosotros y en nuestro amor. Este poema reflexiona sobre ello, exagerando esas imposibles promesas incumplidas con metáforas, y para concluir que el amor es más sencillo que eso. Amarse y nada más.

 

Prometiste, mil estrellas en mi cielo

golondrinas sobre el suelo

Un puente por explorar

hacia el lugar donde anida

la pasión que se destila

entre dos cuerpos que vibran

cuando se llegan a amar

 

Prometiste darme los besos más tiernos

abrigarme con silencios

atrapados en mil sueños

dibujando diamantes

sobre patas de elefantes

mil cuentos para contar

 

Prometiste cultivar más de cien flores

para que con sus colores

versaran mis sensaciones

arco iris hacia al mar

 

Prometiste, y en lugar de tu promesa

solo hay palabras que aprietan

y se esconden sin hablar

 

Tu, te dejaste de quererte

y por no querer creerte

tampoco creíste en mí

A ti mismo abandonaste

y me abandonaste más

mientras que pensando en vuelos

te aturdías en los duelos

de una promesa mayor

 

Yo no quiero

este tormento que sucumbe

este martirio que aturde

el amor sin terminar

 

Aún hay tiempo

Para, destronando aludes

amarnos sobre las nubes

Aún hay leña que quemar

 

Comencemos

solo con un simple beso

sin tilde, solo con eso

sin promesar que contar

 

El amor no requiere tanta escena

ni tanta promesa bella

Solo amarse y nada más

 

Por persistir, seamos reslientes

Toco mi piel y es madera sobre el lecho

piel sobre piel en roce disuasivo

la mirada en silencio persuasivo

olvido por pasión y por despecho

 

Siembra la duda, bajo el aplomo herido

de un falso duelo, en tiempo diferido

mientras me increpo, en tono imperativo

que he de olvidarte, como si fuera olvido

lo que está unido para querer quedarse

lo que se encuentra en verbo entretejido

entre los trozos del viento siempre amante

del aroma del norte arpado y mio

 

Hielo sobre el café,  que me despierte

del sueño que me es siempre recurrente

poblar cualquier limbo que me haga resistente

un puente hacia el amor que está presente

puente sobre las nubes para verte

 

Dejemos ya el ayer, el antes, el olvido

lo que no pudo ser o lo que ya ocurrido

momento por momento, en beso efervescente

por persistir amor, seamos resilientes

Yo también te olvidaré

Te olvidaste

del sonido de mis pasos

del color de mis zapatos

del olor de aquellos ratos

donde el mar furioso y bravo

nos traía la tormenta

con dulce sabor de menta

conquistándome la piel

Te olvidaste

de aquel rincón de mi cuarto

donde tropezando en plumas

sorprendidas en la bruma

abrazaste mi cintura

con almohadas de papel

Te olvidaste

de la pared de aquel patio

aquel verso que escribimos

los soles que compartimos

y que ahora son pedazos

de un corazón al revés

Te olvidaste,

del sonido de mis pasos

de aquel rincón de mi cuarto

de la pared de aquel patio

de que te quería tanto

y te podía querer

Navegante de cien redes

armador en tempestades

quien fuera reina de mares

para abrazarte después

de doblegar la marea

sobre las sombras que fueran

un pasado que fue ayer

Te olvidaste

Y cada vez que no te llamo

Sintiendo lo que te amo

Voy de deriva en picado

Sin embargo

El tiempo todo lo cura

hasta amarte con locura

Y más tarde o más temprano

cualquier día, en cualquier parte

Yo también te olvidaré