Viaje astral

Hay veces que no vivo, que me ausento

hacia un viaje extraño e infinito.

Me abandono y me dejo, me despego,

como no queriendo verme, por no ver

aquello que es exilio de mí misma.

Y así juego, entre luces violetas,

 quizá también azules,

y aquellas del blanco más intenso,

a traspasar galaxias pixeladas,

en una panorámica de estrellas.

Y cuando ya regreso a este camino,

los pies en la tierra son amargos,

nada vibra a mi paso, no me encuentro

en ninguna de todas mis versiones.

Cuando se es extranjero en tierra propia,

ninguna conversación es conectable,

y digo que no importan sus vestidos,

ni los metales que engalanen sus arrugas,

ni cuanto es su juventud, tan pasajera,

ni cuánto su olvido…

En esta madurez me resiento

como un adolescente desubicado,

buscando la tarde, regazándome,

para ver el sol anochecido…

En la página en blanco de wordpress,

le doy a publicar,  desnudo el verso,

y me conecto, de nuevo a mi viaje.

Y una voz se alza en el silencio,

quizá nazca en la nada,

quizá sea yo misma

para conminarme

que traspase la espiral de mi lamento:

La soberbia siempre se recoge

en los peores trozos de uno mismo.

No debo ignorar

que percibirse alejado, ausente, otro,

es solo un espejo que revuelve los sentidos,

pues cuando se halla la luz,

nada es necesario

y todo resulta suficiente.

Resucita. Toma las riendas





                      La tierra desangrada es una tierra extraña,
                      demasiado agria para sentirla propia,
                      cruentos, limitantes, parecen sus designios,
                      y la luna se amarga sobre un cielo en silencio.
                      Y eres tú quien decreta un terrible castigo,
                      Imaginando naipes de tela descosida,
                      remendados de alambre, y esposas que subyugan.
                      El miedo te acobarda, y la mirada calla,
                      el paso se detiene, y esa tierra atrapada,
                      va trabando grietas en los propios zapatos
                      y acaba contagiando a nuestras propias manos.
                     Caemos sobre el suelo, donde el árido fruto
                      apenas ramifica y todo sobrecoge,
                      el cuerpo se hace rígido, se toma por emblema
                      un estandarte roto por ajenas batallas,
                      los ojos desconectan, no sueñan, no respiran
                      aquel tributo fresco de cada primavera,
                      nos dejamos perder y por perdidos somos,
                      agitando ese vórtice de extremos insondables.
 
                     Y sabes que te digo, levantemos el paso,
                      si el pasado no es, tampoco lo es el límite,
                      no parece sencillo, pero por eso mismo
                      es tan solo un engaño que te deja perdido.
                      Tienes piernas y brazos, estamos preparados,
                      podemos alcanzar aquella fuente de agua
                      y regar las entrañas desangradas y fieras,
                       para que reverdezca de nuevo la esperanza,
                       Pues sabiéndose vivo ya no hay reto que anule
                       la suave templanza de un silencio nocturno
                       tu futuro ya es tuyo y tuyo es este vuelo,
                       las flores de tu cuarto, el jardín de tus ojos,
                       el café de la tarde, el abrazo de amigo,
                       y ese beso que eterno deposito en tu oído
                       para que tú me escuches cuando yo esté perdida,
                       para que tú me busques cuando tú estés perdido,
                      y seamos sustento de lo que no fue escrito.
 

Reflexiones de media tarde y un poema

Si bien la crítica activa, siempre desde el respeto, el cariño y las buenas palabras, puede ayudarnos a mejorar, la toxicidad del reproche convierte las relaciones en una solera de cemento en la que no pueden crecer las flores.

Pienso que la frase “he dicho lo que pensaba” a veces no es tan positiva como nos parece; no hay que decir siempre lo primero que se te venga a la cabeza, lejos de ser sincero- no lo es a menudo porque está contaminado por la ira, la rabia o el dolor- es más bien imprudente cuando no se ha medido el daño que pueden provocar las palabras.

REPROCHE

A veces somos fuego en artificio.

Las artes de defensa son crueles

y acaban desgastándonos los ojos,

de tanto mirarnos hacia fuera.

En el camino del reproche

no existe lugar para acomodos.

Es mejor abandonar la tierra,

estirar las manos protegidas

y regar tu semilla bajo un árbol,

resguardado hacia el sol.

Muchas veces rectificar implica,

entender que muchas lecciones de la vida

no son siquiera precisas.

Nada es tan importante

que merezca se te arrugue la sonrisa.

No importa lo que piensen, lo que digan,

ni siquiera lo que hagan.

El resto es un espejo

en el que habitan

nuestros propios miedos.

La paradoja es que, sin superar el miedo,

nunca podremos comprenderlo.

En el cemento no crecen bien las flores.

¿Ya lo has visto? La luz es diferente

según donde se mira.

Oscura

Oscura está la plaza, nadie hay.

Nadie juega a la comba en sus esquinas,

ya no suena el bullicio de sus días,

en sus ensordecidas marquesinas

Oscura está la calle y la salida.

oscura, siempre ha sido y resiliente,

oscuridad  de siempre, detenida,

a quedarse en la sombra de mis idas

y regresos a vueltas con la vida.

Oscuridad sobre mi cuerpo ausente

encallado en la piedra de la herida,

oscuridad que reta y que levita

oscuridad, ya sombra, ya  batalla

oscuridad, manando, donde halla,

una plaza desierta y apagada

una noche cualquiera ensimismada

y un recuerdo de amor.

Oscuridad de luz,

la nada ausente,

son tus labios el fuego primigenio

la verdad no verdad

y el sueño eterno,

y el despertar sintiendo que te siento,

ese tacto suave de tus manos,

y la palabra omitida de los vientos.

Lado oscuro

En ocasiones todo parece salir mal. Nos sentimos emocionalmente heridos y descendemos, con nuestros demonios, a los parajes más oscuros de nuestros miedos. Podría haber hecho, debería haber hecho, no lo debí permitir, tendría que... Este poema habla de ese momento en el que ya estamos cansados de ese martirio. Decidimos abandonar la tiranía de nuestra propia mente y ya no nos importan sus machacones mensajes de culpa o de rabia Y, curiosamente, en este momento, comenzamos a sentirnos mejor.  Hay veces que la oscuridad es la que nos permite ver la luz.

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Reinvento ese grito,

que me abrasa,

pues no hay brebaje que calme la comezón de mi piel,

ese purito intenso que da bienvenida a la noche,

para encender las luces de la lámpara.

 

Siento

que en esta historia me he perdido algo

y no soy  capaz de seguir el hilo,

la trama se revuelve insomne

entre mis propios ruidos.

 

Demasiado drama para una comedia,

quizás tenga detrás un muerto viviente,

para revelarme mis debilidades.

Un thriller psicológico  me empuja

a enlatar las emociones.

 

Y es curioso, en realidad, me siento bien

ya no me importa que la lava caliente mis pies,

o que no exista conjuro que me rescate

de esta vuelta sin billete de ida

a mi particular infierno.

 

Hoy me quedo en este lado oscuro,

resiliente a la sombra de mis ojos,

para el regocijo de la luz.

 

Florecemos

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Hay veces que el camino se hace agreste,

demasiada maleza sobre los pies,

en ese punto en el que se ahogan los sueños,

por no querer discutir de porvenires

y aburrirse de la propia resistencia.

 

Hay hojarasca,

Y el torso del futuro

se anuncia tosco, oscuro, terremoto

llamando a la noche de los tiempos.

 

Las viejas murmullan en la esquina,

ya no queremos seguir hilvanando,

remiendos en las pérdidas,

ni coser los labios cada mañana

para no perder nuestros propios ojos.

 

Ya no queremos la juventud marchita,

somos bellas,

como la aurora floreciente,

en el camino de las rosas.

 

Y ahí la reina en jaque, la señora,

la hojarasca es jirón, desvanecida

bajo la servidumbre de luna.

 

Yo te traigo el poema,

pon tú la rosa

y florecemos,

 

 

 

11 de abril: Soltamos. Sentirse suave

 

Siéntete,

suave,

siente

una brisa ligera sobre tu nuca,

llamándote,

a soñar.

 

Siempre has querido imaginarte

flotando sobre un gran algodón,

una  nube terrenal

en la que recostarse y arroparse

y sentir su tacto,

esponjoso,

sobre la piel.

Su tacto

amortiguando el peso,

la carga, el oleaje

de la marea de estos días.

 

Imagina como flotas,

sobre un cielo cálido,

sin gravedad,

sin pensar, solo estando,

en el palco suave de los sentidos.

Imagina

transitando los cielos,

mientras abrazas un instante

y el tiempo te devuelve la sonrisa.

 

Nada es pesado,

inhalando

exhalando,

momentos.

Suave.

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Imagina que puedes trasladarte entre un bosque de nubes; que eres ligero, ligera, porque has soltado todo aquello que te oprimía. Cuando abras la ventana de tu mente y puedas alcanzar aquel castillo, ya no estará encadenado. Flotará, sin gravedad, ligero. Tú lo habrás liberado y te habrás liberado. No hay cargas. El futuro no pide cuentas ni reproches. Desata las cadenas. Tu fantasía se hará en ti, libre, suave…sin peso…soltando…

     Constrúyete.

      Y construiremos un mundo mejor.

      Cuidaros mucho.

4 de abril

Me gustaría prometerte un arco iris,

que ilumine tus días,

apalabrarte la esperanza,

en un contrato de versos musicados.

Sin embargo,

yo no puedo negar la oscuridad que nos visita,

y sucumbo, cada tarde, en el pánico

la ausencia de respiradores,

enfermos y un triaje

anunciado por la partida de nacimiento.

 

Me gustaría decirte que resistas,

que vendrán lunas y soles, y mañanas,

y volverá la cotidianidad de las caricias.

 

Sin embargo,

mis manos,

se sienten impotentes,

tropezando con el cristal de la mampara,

la protección que nos separa,

la máscara del miedo.

Y me desangro,

por no encontrar cordura en cada tarde.

No tengo el medicamento,

ni la vacuna,

que permita resucitar a nuestros muertos,

solo me queda rezar,

pedir clemencia

y que la diosa naturaleza nos ampare.

 

Te podría decir que este verano,

volverás a reír, tendrás amores,

desvestirás el alma y serás fuego,

en las hogueras de junio, en el solsticio.

 

Y ello será así,

sin duda.

Después de la tormenta, siempre amaina,

pero tendremos pérdidas,

demasiadas,

y todavía no puedo quitarme las lágrimas

que ya anidan de forma permanente

en la ventana.

 

Pudiera pedirte que te unas

al alarido de mis gritos,

las inclemencias de los inocentes

y que cuando esto termine,

no cierres tu ventana y  vuelvas a irte al bar,

como lo hacías ordinariamente,

te pido tengas presente,

que habrá alguien caído,

al que dar la mano,

alguien al que levantar,

alguien que sanar,

alguien que cuidar,

y ese es el lenguaje en que se imprime

la verdadera resistencia.

 

La verdadera resistencia…

ya lo veo,

nos daremos la mano y,

ese sí puede ser nuestro arco iris.

 

 

 

 

Muros

Los muros no son inexpugnables,

toda puerta cerrada tiene

una rendija,

para respirar aire fresco

y ver paisaje.

 

Tú quizá no lo creas,

basta solo cambiar la frase, 

para que ninguna barrera sea eterna,

siempre habrá una sonrisa

demoliendo,

las murallas del miedo.

 

La luz es rebelde,

inexorable,

todos los días  amanece,

destronando,

el dominio de las sombras

Es suyo

Se levantó con una sensación extraña. No se le iba de la cabeza una idea absurda: Alguien había robado parte de su identidad y hoy se la devolverían. Se fue, inmediatamente, a mirarse al espejo. Era ella, sin duda, sus manos, su pelo, esas arrugas en el entrecejo. Era su casa, su armario, su baño, todo estaba igual ¿Y entonces qué era lo que no encajaba?

Se sirvió un café doble muy caliente y decidió olvidarse de ese absurdo pensamiento. Era un bonito sábado de mayo. Un paseo no le vendría nada mal. La calle de siempre, el portal de siempre, los vecinos de siempre. Todo igual. Le saludaban sin advertir nada extraño. Está todo bien, se decía sin cesar.

Pero como la intuición a veces nos alerta, lucía recordó una escena de hace muchos años. Una vieja, vestida de negro y de aspecto desagradable, le había pedido todo el dinero que portaba para hacer un ritual que le aseguraría- eso le dijo- su felicidad. Lucía obviamente se negó, y se dio la vuelta, mientras la vieja le maldecía.

Un cortejo fúnebre se acerca. La curiosidad le hace entrar en lo que parece un tanatorio. Allí, en una de las salas hay muchas personas pero sorprendentemente celebrando la muerte y no llorándola. Sobre un ataúd la fotografía de aquella vieja. Se acabó la maldición, decían.

Pasa, pasa, le dijo un niño de cabello rubio rizado de unos ocho años de edad, a mi me tocó todavía niño, tú has tenido que esperar un poco más.

Fuego. Llamas. Se desintegra el ataúd. Todos aplaudiendo. Lucía no da crédito a lo que ve con sus propios ojos.

De nuevo está en la calle, ya no hay cortejo fúnebre, ni ataúd, ni tanatorio, ni personas aplaudiendo. Lucía se vuelve a frotar los ojos ¿Pero dónde está ahora todo esto? Me estoy volviendo loca, pensaba, mientras al alzar la vista vislumbra como en un cartel publicitario, el mismo niño rubio, ahora muy sonriente, sujeta una pancarta entre sus manos: “Hoy comienza una nueva vida”

Con esa frase en la mente, sigue paseando, con una luz diferente en su mirada.

Te brillan mucho los ojos, le dijo un transeúnte desconocido. Por supuesto, contestó Lucía, “hoy comienzo una nueva vida”.

 

 

PD: No te quedes con lo negativo que te transmiten otros. Devuélveselo, es suyo y no tuyo.