Vía lactea

La leche materna

fluyendo,

despiadamente apartada,

en la siempre constante tragedia mitológica.

Ella,

la columna dorsal del universo,

el camino,

que lleva a la tumba del oeste,

la luz que ilumina el árbol desde el sur

y acuna el nacimiento de la luna.

Los mensajes

que el tiempo nos deja sobre los hombros

no son tan grandes

como el espiral que protege nuestra vida.

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Delfos

El cántaro a la fuente,

allí Castalia,

entre el barranco de rocas de Parnaso,

con su promesa de frutos venideros.

 

La piedra en el camino,

el cántaro en pedazos,

que se clavan

como cuchillos encendidos

infartando el desacierto.

 

Una angina insistente

y reiterada,

mi cuerpo en neumotórax,

ya no importan,

mis ojos caídos,

la falta de aliento

ni aquella fotografía que dibujaba

mi cintura en primavera.

 

Yo, viajera de nubes

no sé cómo expresarme,

y voy corriendo

en la búsqueda

de un espacio vacuo,

entre los laureles.

 

El bosque se revela alegoría

de mis manos, temblorosas

agitadas,

sobre la cerámica quebrada,

rebuscando tus pasos.

 

Las musas y las ninfas se entretienen

ajenas a mi huida bulliciosa.

Si tu padre es un rio,

es complicado,

no ser cascada en tormento,

correntía,

colapsando el ritmo de la lira.

 

Delfos me detiene

y me responde:

No busques la razón,

donde el dolor asienta

el escenario del invierno.

 

El daño se presenta traicionero

pero hay puertas abiertas,

tras el laberinto de cometas.

 

 

 

 

Sanación ( manual contra lo tóxico)

 

El agua derrama la pintura negra,

mientras mis dedos

agarrotados

consienten el ritual

en la sanación del espejismo.

 

No eres más que la nada,

la nada que te envuelve

en semillas sobre campo infértil.

 

Hay quien dice que existe un borrador

en la energía oscura,

el aguarrás de las emociones,

que termina diluyéndola,

decapando las viejas oquedades.

 

Cómo no comprender tu juego,

pero comprenderlo,

no significa compartirlo.

 

La glaciación comienza,

y yo me elevo,

como ave fénix,

sobrevolando

su cuerpo petrificado

en la arrogancia de sus pretensiones.

 

Yo te suelto,

yo te alejo.

 

Tú no tienes poder sobre mí.

DUENDE

Puedo verte

asomándote,

a la barandilla de mi mundo

desde la estrella de tus ojos.

 

La hierba tiene sonidos

que se escuchan,

cuando las hadas duermen

y la ropa se tiende sobre el campo

blanqueándose.

 

La tropa de los duendes,

escuadra victoriosa,

en el duermevela de las cosas,

desordena todos las cortinas,

tumultuosamente,

sobre el tendedero de la noche.

 

No hay duende que no comprenda

que este universo

tiene, a veces, una belleza indescriptible.

 

El agua de la vida reclamando,

el renacimiento de mis notas.

 

 

Virar rumbo

Abrir las manos y avistarte,

en toda la densidad de los océanos,

el futuro es una materia maleable

entonces,

desertemos de esta ruta,

viremos el rumbo,

cielo abierto.

Aun tengo guardada aquella sonrisa,

y puedo rescatar de mi memoria,

el horizonte de aquellos nuestros besos

Desgarro

Hace millones de años la tierra sufrió un golpe desgarrador. Esta colisión determinó se fragmentara y se formara lo que hoy conocemos como luna. La luna, como parte de la tierra, alter ego, sombra y luz, domina ciclos y mareas. Sería inconcebible nuestro mundo sin ella. Este poema utiliza la metáfora del nacimiento de la luna, para aquellas situaciones que, si bien nos desgarran, suponen un nuevo comienzo.

 

A veces,

ese golpe violento y seco

que nos lleva al abismo

es curiosamente un nuevo comienzo,

polvo de estrellas que trasluce

el contorno de mi galaxia,

siempre errante hacia tu poniente,

 

Un desgarro de luz,

ese alarido sin sonido,

se transforma en luna,

conjugando la suerte de mis mareas.

Sin esa luna

no existiría el viento  abanicando mis orillas

ni las olas que suavizan el agreste corte de mis rocas,

y esa atmósfera azul que tanto sobrecoge

todas tus bienvenidas.

Nada es igual que ayer

Porque nada es igual que ayer, estribillo incluido

 

Nada es igual que ayer,

al menos, como hoy lo ves,

lo que se va y lo que viene,

lo que fuiste y lo que tienes,

Nada es igual que ayer

Diferentes perspectivas

se disipan cada día

y aquello que te dolía

ya no te vuelve a doler

Y la luz que hoy alimenta

los rincones, las macetas,

la que tu cuerpo perfila

entre tonos violetas,

se tropieza en tu cintura

y tus brazos ya no dudan,

es el amor el que augura

y destierra la amargura

por aquello que se fue,

porque nada,

nada es igual que ayer.