Reflexiones de media tarde y un poema

Si bien la crítica activa, siempre desde el respeto, el cariño y las buenas palabras, puede ayudarnos a mejorar, la toxicidad del reproche convierte las relaciones en una solera de cemento en la que no pueden crecer las flores.

Pienso que la frase “he dicho lo que pensaba” a veces no es tan positiva como nos parece; no hay que decir siempre lo primero que se te venga a la cabeza, lejos de ser sincero- no lo es a menudo porque está contaminado por la ira, la rabia o el dolor- es más bien imprudente cuando no se ha medido el daño que pueden provocar las palabras.

REPROCHE

A veces somos fuego en artificio.

Las artes de defensa son crueles

y acaban desgastándonos los ojos,

de tanto mirarnos hacia fuera.

En el camino del reproche

no existe lugar para acomodos.

Es mejor abandonar la tierra,

estirar las manos protegidas

y regar tu semilla bajo un árbol,

resguardado hacia el sol.

Muchas veces rectificar implica,

entender que muchas lecciones de la vida

no son siquiera precisas.

Nada es tan importante

que merezca se te arrugue la sonrisa.

No importa lo que piensen, lo que digan,

ni siquiera lo que hagan.

El resto es un espejo

en el que habitan

nuestros propios miedos.

La paradoja es que, sin superar el miedo,

nunca podremos comprenderlo.

En el cemento no crecen bien las flores.

¿Ya lo has visto? La luz es diferente

según donde se mira.

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