La quita

Hierba, sobre mis pies,

descalzando la vida

y ese sol de otoño barnizando

los rojizos paisajes.

Hay un volcán que me observa

desde el subsuelo de mis ojos,

y no resulta posible echar el cierre

de la insolvencia de las emociones,

 una espera, balance, la cuenta

  en el silencio de palabras.

Es el fuego, el habitante,

de la cordillera de mis pasos

entre las ascuas que enardecen

el verde pasajero.

Soy ceniza,

soy quien vuelve,

sin quemarse,

en la quita de las revelaciones.

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Decepción

La noche no despierta,

 de la misma manera

cuando la tarde amarga

 la suerte mensajera

y te arrebata el alma,

desatando la niebla,

de un periodo confuso

 que no aguarda ni espera.

 Y todo lo que pesa

 aturde los sentidos,

 queda pegado dentro,

 cual mago del destino,

en corte de baraja,

 con el as en la manga

y la burla en camino.

No existe nube roja,

 ni pipa de la paz,

la sartén bajo el mango,

la luna de metal,

inalcanzable y triste

desespera en final

abocándose a abismos

derrotados al mar.

Quien por querer se daña,

no debe querer más.