La luz del corazón

                   El siglo XX nos trajo la expansión, la globalización y en mucha medida una pasión renovada por Oriente y su filosofía sobre la meditación. En esta fascinación nos olvidamos de Occidente y  el entendimiento de que el orden externo, en un buen pensamiento, debe ser por y para los individuos y no al contrario.

 

Cuando no basta el coraje ni la fuerza,

cuando todo te atrapa,

cuando todo sobra y todo falta,

Nada que decir

Tanto que cambiar

Sonríe

y piensa que en algún lugar del mundo habrá alguien,

que te encomiende en sus pensamientos.

 

Por eso hoy, este poema, va por ellos,

por los guardianes del tiempo,

de la flor inicial y secretístima,

en circulo sobre cruces de fuego,

ora juglares, antes poetas,

habitantes de poemas como escudos,

violetas en aire legendario

 

Y he aquí, en la observancia

de que el corsé externo nos aprieta

sobre terrenos de impostura,

y no hay hombre que merezca ser sacrificado,

por un fin revelado como abyecto,

porque la opresión no agrada al universo,

cuando identificas y comprendes

las  marcas en el camino  que alcanzan el origen

en un holograma de constantes cambios,

Y así,

te deshaces del marcaje horario de tu día,

es entonces,   cuando tu luz renace,

la luz del corazón.

 

 

 

 

 

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