Soltar, crear, lograr

                      Muchas de las recetas mágicas de autoayuda, nos informan, entre otras cosas, que para liberarnos de nuestra angustia hay que soltar,  para crear hay que meditar y  para tener éxito hay que pensar en que dicha posibilidad es alcanzable.

                  La primera receta, “soltar”-palabra hoy en día en boga- implica algo más que un olvido, o el perdón(perdonarse a sí mismo, perdonar al otro, perdonar a todo) de los problemas relacionales. Implica una actitud. Me abstraigo de mí, me retraigo, para comprender que puedo resolver las cosas sin que me agiten, que puedo observar las secuencias de la vida con más calma y, justamente, desde dicha observación comprendo que son solo secuencias y aprendo a dominarlas. Por así decirlo, salimos de la pantalla y nos situamos como espectadores de nuestra propia historia, pero liberados de toda carga como personaje (dolor, ira, perfeccionismo, orgullo…) y así nos damos cuenta de que podemos con los problemas, que los resolvemos desde la calma y la serenidad. Y como estamos en serenidad, también  miramos al otro con otros ojos, no nos irritan sus defectos, no corregimos o juzgamos aquello que no resulta necesario o imprescindible; si lo debemos corregir , lo hacemos sin carga, sin ira. Comprendiendo su camino, dejamos ir a aquello que debe irse.

           Para crear hay que meditar. Hay que ser un pez, fluir en las aguas más profundas de nuestro interior, dejar que brote. Ahí está la puerta de la creatividad, para el arte, pero también para la innovación científica o el emprendimiento en todos los órdenes. Meditar no es ponerse a pensar en silencio sin más, ni pensar como perfeccionarnos, como llegar a más, metas, objetivos, críticas. A medida que lo lees, lo notas, verdad. Si ya sabes  lo que implican estos pensamientos: la enemiga ansiedad. Eso no es meditar. Meditar justamente es liberarse. Observar la naturaleza, los tonos de la habitación, el reflejo del cuadro, abstraerse en el color del mar, y es en este momento mágico cuando surge la luz y la inspiración.

        Para tener éxito hay que creer en la posibilidad. La forma de pensar encorseta nuestra actuación. Si yo creo que soy un patoso o una patosa y que no podré bailar esa canción, no lo haré. Mi cuerpo se agarrotará con la tensión y no me permitiré a mí mismo sentir la música. Cuanto más pienso que algo es posible, más posibilidades tengo de alcanzarlo. Pero os digo un secreto, aparte de creer en nosotros, hay que desear cumplir dicho reto, pero no tanto; desearlo poco. No temer a perder, no temer a fracasar, no temer a no alcanzarlo, que en realidad no importe tanto, porque el deseo angustioso, por mucho que nos forcemos en creer que es posible, nos tensa y hace que se aparte la oportunidad.

     Comprendiendo el orden que rige las cosas, tomamos conciencia de su sentido. Y las pistas para tu comprensión, las has tenido ahí desde tu nacimiento. Reflexiona. Seguro que empiezas a verlas.

   Buen viaje.

 

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