Carta para otra vida

       Hace tiempo que encuentro notas tuyas, escritas en cualquier parte, en los azulejos, en la mesa, en los papeles que habitan siempre diseminados en mi cuarto de estudio. Lamento decirte que no los puedo leer bien. Ya sé que lo sabes, esa letra tuya tan complicada y que tanto, tanto echo de menos, y ahora, que me escribes desde otra dimensión, me resulta todavía más difícil entenderte. Comprendo palabras sueltas, sé que me quieres decir algo, pero no puedo dar con el correcto significado de la frase. Ahora que te escribo, reflejada en la pantalla del ordenador, gracias al maravilloso efecto del sol de mayo, reconozco que no tengo ni la menor idea de cómo podría hacerte llegar este mensaje. El olivo asoma sus ramas sobre mi cabeza, mientras me recuesto sobre el césped. Pienso en esa maravilla de las ramas, extendidas, como parte de un todo que es el árbol. ¿Pudieras quizá acercarte un poco? Quizá rozar la cortina de la pérgola o teclear el techo de mimbre. Es mucho pedir, lo comprendo. No es nada fácil comunicarse entre las vidas.

         Pero yo también sé, que estés donde estés, tú también estarás intentando leerme.

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