Lado oscuro

En ocasiones todo parece salir mal. Nos sentimos emocionalmente heridos y descendemos, con nuestros demonios, a los parajes más oscuros de nuestros miedos. Podría haber hecho, debería haber hecho, no lo debí permitir, tendría que... Este poema habla de ese momento en el que ya estamos cansados de ese martirio. Decidimos abandonar la tiranía de nuestra propia mente y ya no nos importan sus machacones mensajes de culpa o de rabia Y, curiosamente, en este momento, comenzamos a sentirnos mejor.  Hay veces que la oscuridad es la que nos permite ver la luz.

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Reinvento ese grito,

que me abrasa,

pues no hay brebaje que calme la comezón de mi piel,

ese purito intenso que da bienvenida a la noche,

para encender las luces de la lámpara.

 

Siento

que en esta historia me he perdido algo

y no soy  capaz de seguir el hilo,

la trama se revuelve insomne

entre mis propios ruidos.

 

Demasiado drama para una comedia,

quizás tenga detrás un muerto viviente,

para revelarme mis debilidades.

Un thriller psicológico  me empuja

a enlatar las emociones.

 

Y es curioso, en realidad, me siento bien

ya no me importa que la lava caliente mis pies,

o que no exista conjuro que me rescate

de esta vuelta sin billete de ida

a mi particular infierno.

 

Hoy me quedo en este lado oscuro,

resiliente a la sombra de mis ojos,

para el regocijo de la luz.

 

Subconsciente

Ninguna deriva tiene

redireccionamiento automático,

a veces los pilotos no se encienden,

se guardan, luminosos,

en los atributos subconscientes.

El giro de volante que se impone,

para no atropellarse desde dentro,

muchas veces abrasa la conciencia,

dificultando dar orden al cerebro,

las manos agarradas

desesperan,

previendo

una aparatosa colisión.

Es entonces,

cuando el subconsciente toma el mando,

para derivarte a la vía de salida,

la pista de aterrizaje

del consuelo

de verte de nuevo

ante tus propios ojos.

Hacia mi

Me desafío, me reto,

me invento y reinvento

Me creo, quizás me crezco

El mar se me antoja muy lejos

y mis manos no sirven de remos

reencuentro, me siento,

sé que hay lugares oscuros, pero muy propios

que rehúyo, que dudo, temiendo.

Es complicado reconocerse

batiendo salvaje los propios muros.

Me veto, me impido, me intento

me importuno, me alejo,  me cerco

El miedo se apodera en este trecho

El oleaje de mi mente me nubla

Pero el silencio me empuja

Y es entonces, cuando

me invade una energía impropia

que me sumerge en un espacio interior

donde el sonido y el color se asemeja

donde los rostros no tienen imagen

y ya nada se aplaza.

Inhalo la vida, me concentro, observo

y una pequeña flor resurge sobre mis ojos

para recordarme que tras el peligro

se encuentra un jardín de flores incontables.

Nuestra propia senda

  Una corriente es un continuo devenir. El agua no siempre es la misma. Tampoco nuestra piel.  Por eso no existe un camino único.

   Cada persona tiene una senda propia. Un tesoro propio.

    Por ello no hay que despreciar al ego, sino integrarlo, transmutarlo, en nuestra identidad más elevada y serena.

    Si Occidente puede aportar algo importante es el pensamiento de que la verdadera esencia de la transmutación es, justamente, la integración, cuerpo y mente, para una posterior expansión.

    El orden universal crece y mejora en expansión. Es un camino desde la nada hacia el infinito cero. Círculo, espiral, y movimiento.

     Y el combustible de ese movimiento es el amor. Si no amas, no creces.Si no amas, no hay senda.

Papel del tiempo

Doblo el papel del tiempo para verme

en el pasado aquel desdibujado

doblo el papel, en arco sobre el temple

lienzo de aquel otoño equidistante

imantada de luz, imaginada antes

Paseo por los templos de mis miedo

destronando las huellas aprendidas

y comprendo que el avance tiene un ritmo

y el retroceso es un paso necesario.

Aprendo a amar las piedras, el obstáculo

neutralizando la imagen del espejo

Tanto más libres somos cuanto menos

tenemos confiado en el ajeno

Y ahora vuelvo aquí, ya renovada

con soplo del ayer hacia el futuro

atrapadas las lunas de mis rostros

para dejar camino sobre el agua.