¿Me amas? No antes de saber como es tu amígdala derecha

            Estimado Schopenhauer, si hoy volviera a abrir los ojos, se tropezaría con el mismo dilema de su tesis doctoral. ¿Y la libertad? ¿ Y la voluntad? Si ya lo decía yo- diría- y no habéis espabilado todavía.  Un neurocirujano japonés ha concluido que el comportamiento machista tiene relación con una menor densidad neuronal en la amígdala derecha. (Qué peligro, ya estamos dando  vueltas a la base orgánica de la conducta). En un brevísimo resumen, lo que el profesor defiende es que a menor densidad neuronal, mayor reacción de ira o de miedo. 

          Pero ¿ A dónde vamos?. Retumbaría la voz del filósofo, sin duda…¿ Pero entonces no somos libres? Ponemos tanta atención en la causa que, o bien la justificamos (lo hice porque me dijo esto…porque me recriminaba…porque…) o bien buscamos la base orgánica que fomenta su reacción. Seguimos equivocados, si nos empecinamos en la causa, nos empecinamos en el ego y mal aprendemos.  Por ejemplo, esta conducta reside, en parte, en expresiones tales como “he dicho lo que siento(aunque haga daño gratuito), le insulté porqué me hirió, lo hice porque no pude parar, estaba furioso, yo soy así”. Claro que eres así majete, pero mal, sobrevaloras tus sentimientos, solo te importan tus emociones y eres el centro de tus reacciones.

        Para dar su sitio a la voluntad, debemos dar importancia al efecto. ¿Cómo? Si no pongo atención en las causas externas, sino en mis reacciones internas, yo controlo. Manda la voluntad y ahí está el reducto de la libertad. La educación debe hacernos libres, haciéndonos responsables. Y si yo sé controlar mis impulsos, ya no importa como sea mi amígdala derecha.

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