Residentes no visibles

   Cando chega esta època todo lémbrame a Compostela. Ese paso polas rúas cara á Catedral, quentándome as mans co papel do cucurucho das castañas. Cada castiñeiro unha ruta, cada castaña un desexo, un tempo, un son. Cada castaña un paseo.

    Chega Samain, bendito nome, inigualable para traer aquí o que non paso, o que non sucederá, pero que sempre estará na memoria. Convídovos a pasear esa noite no paseo interior máis abrupto, cara a dentro, cara dentro. E alí comezar a escudriñar no universo dos días non pasados, non futuros, non presentes. Eses días que me traen o aroma intenso a muérdago e lémbranme que estamos aquí por algún motivo.

     A prosa apíñaseme entre as letras, mentres se dilúe na cervexa, o mel dos designios. A quén pasearás o 31?  A quén?. Sempre a mesma pregunta. E sempre a mesma resposta. A todos, pero principalmente a min.

     Soa raro, pero hai unha parte de nós que está morta porque está escondida no prezo que pagamos polos días que non sucederon. Paseemos pois a noite de Samain, sen que os fachos do seu lume céguennos e impidan apreciar que na máis absoluta escuridade reside a luz.

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     Cuando llega esta època todo me recuerda a Compostela. Ese paso por las rúas, por las calles, hacia la Catedral calentándose las manos con el papel del cucurucho de castañas. Cada castaño una ruta, cada castaña un deseo, un tiempo. un sonido. Cada castaña un paseo.

  Llega Samain, bendito nombre, inigualable para traer aquí lo que no paso, lo que no sucederá, pero lo que siempre estará en la memoria. Os invito a pasear esa noche, en el paseo interior más abrupto, hacia dentro y allí comenzar a escudriñar en el universo de los días no pasados, no futuros, no presentes. Esos días que me traen el aroma intenso a muérdago y me recuerdan que estamos aquí por algún motivo.

     La prosa se me agolpa entre las letras, mientras se diluye en la cerveza, la miel de los designios. ¿A quién pasearás el 31, Pilar? ¿ A quién?. Siempre la misma pregunta. Y siempre la misma respuesta. A todos, pero principalmente a mí. Suena raro, pero hay una parte de nosotros que está muerta porque está escondida en el precio que pagamos por los días que no sucedieron. Paseemos pues la noche de Samain, sin que las antorchas de su fuego, nos deslumbren e impidan apreciar que en la más absoluta oscuridad reside la luz.

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9 Comentarios

    • La noche, en la que por cierto nací, es un ejemplo de tradiciones ida y vuelta, pues es el marketing americano de Halloween el que nos recuerda una tradición europea ancestral. En Galicia prácticamente no se perdió, aunque se solapó con la festividad religiosa, pero siempre estaba ahí, ya no solo en sitios como en Cedeira plenamente conservado, sino también en todos los demás, disimulado pero ancestral, con sus huesos de todos lo Santos o las Castañas del Magosto- Samhain no es otra cosa en gaélico que el final de agosto. Se conseva, ahora más que nunca actualizada, su nombre gaélico en Galicia llamándole Samain. Pero también, encontramos rastros de esta fiesta en casi toda la península. Traer a los muertos, pasear a los muertos, conversar con las hadas…puede provocarnos terror, pavor o hilaridad- esto último más por lo de las hadas- sobre un mundo fantástico e irreal. Pero, es obvio, pasear a un muerto no es físicamente pasearlo. Es evidente. Es recordarlo, tenerlo presente, conversar con el aquellas cosas que no pudimos decir. Enfrentando el pasado se construye el futuro. No es tampoco extraño que justamente esta fecha se haya elegido desde antiguo para recordar a los muertos, abriendo una puerta al mundo mágico. Pues en el calendario celta el 31 de octubre indica el fin de año. Todo fin de año se aprovecha para revisar, hacer introspección, renovarse…Quemar lo viejo, limpiar, buscar lo nuevo, y abrir las puertas a una nueva creación De ahí, esta festividad se une a la propia creación de un nuevo estado. En esta noche se pensaba que las divinidades celtas se unían haciendo el amor, en una especie de complemento, entre la vida y la muerte. Entre ambas orillas, diversas perspectivas, para señalarnos, desde antiguo, que debemos hacer inspección de nosotros mismos, trascender. Vamos a cosechar un nuevo año. Feliz Samaín

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