Cada mono en una silla

         “Un cajón para cada pensamiento”  decía Shopenhauer, o un “mono en cada silla”, como decía mi bisabuelo Mariño que, aunque no le conocí, lo tuve muy presente en los mandamientos de mi abuela. “Un mono para cada silla, neniña, no pueden estar dos en la  misma silla”. Y que razón tenían. No pueden agolparse los pensamientos, debemos abarcarlos de forma fragmentaria, para poder ocuparse, disfrutar o incluso, sufrir, cada cosa en su momento. Tener cajones que abrimos y cerramos para nuestros pensamientos. Anticipar lleva a la angustia, procastinar al bloqueo.

            Regla inteligente, sin duda, pero no tanto como la que aconseja “no emborrachar a los monos”. Pensar, no significa responder al golpe, de forma impulsiva, sino evaluar y valorar las consecuencias que implica nuestro planteamiento(sobre todo las que pueden ser adversas).Pero una vez evaluado, ejecútalo. Internarse en un bucle, de si sí, de si no, de tal vez, puede resultar fatídico, emborrachas al mono y como decía mi bisabuelo, entonces no se puede sentar en una silla y se cae de bruces.

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