Cuarto oscuro

Regresando,
al cuarto oscuro,
al lugar del miedo,
a la caja de bombas de la inseguridad.

Maldiciendo,
los pasos negros,
los habitantes oscuros
del moho de las paredes
y la humedad sudando las ventanas.

Conteniendo.
las manos pequeñas, las manos grandes,
la frontera de las pesadillas,
las noches de vigilia
en los barrotes de la sinrazón.

Oyes, lo oyes, una sirena
ruido,
estallido,
miedo,
más sirenas.

Oscuro.
Silencio,
nada.

Arte

Los frutos y las flores creciendo
sobre la ropa
vindicantes
de su lugar en el teclado
¿Quién dijo que la revolución
de los sueños
podría inaugurar todos los ismos
y revelar la visibilidad de tu escritura?

Un poema visible
Vanguardia de partida
en la instrucción de las habilidades superiores.

Cuando mis labios sean cielo
y el tacto ácido de las nubes me sea agradable,
como uno de tus besos,
comprenderás por qué te admiro
en modo expresionista.

Rojo gravitacional

 

Los versos se conjugan

en rojo gravitacional,

cuando los planos

se abren,

finitos

sobre el lenguaje de la métrica.

 

Bajo el dominio

de la ley del bardo,

extrema poesía de tus brazos,

 tú y yo nos amamos,

como dos fotones

desplazados,

y es todavía más sonora

nuestra transferencia,

una fuente de manzanas,

en la curvatura de nuestras áreas.

Circunloquio

La rugosidad de las caricias,

el tacto pasajero

de una mano altiva,

crujir de dedos en el arriate de las promesas,

de los verbos insatisfechos

y de las flores que nunca poblarán el mediodía.

 

Porque  todo eso no me complace,

prefiero la suavidad de tus arrugas,

la aspereza de tus manos,

y esos ojos, mar batido, mar abierto,

tempestuoso,

sobre el acantilado de mi ropa.

 

 

 

Claridad

Tus manos,

viajantes,

entre las nieblas,

tu claridad

enarbolando la bandera

de la seda y del tacto

la pauta sosegada de la noche

deslizándose,

sobre los pliegues de la ropa

 

No es difícil amar

cuando la vista

tropieza con el faro de tus ojos.

Santa Compaña

La primavera

desafía,

los cuadrantes de las lunas

sobre el calendario del cuartel.

Un agente dice que hoy será un mal día

porque la luna tiene un halo aciago…

 

Hacía tiempo que estaba muy pálido,

nunca se le veía dormir

y ya no se enroscaba entre tus círculos.

 

El “busca” de la guardia

despertando,

hace frio en el  camino hacia tu casa,

le acompaño en el sentimiento,

somos el Juzgado de Guardia

y tú me abrazaste,

dolorida viuda,

con un abrazo que todavía recuerdo,

ese abrazo a una mujer desconocida,

dando luz sobre el hielo de las ropas.

 

Por una razón eramos bienvenidos,

a ese cuarto tras el patio,

tormento, nube, desazón, miedo,

él todavía estaba colgado,

sabías que le quitaríamos la soga,

que ya podrías mirarle

Y para ti,

aquello,

era ya la única premura.

 

Cuando terminamos,

en aquella habitación,

el forense siempre dice las mismas palabras:

No sufrió, la muerte fue inmediata.

Un alivio,

para los que creen

en la seña de la santa compaña.

 

 

 

 

 

 

 

 

Versos hirientes

Pudiera escribir los versos más hirientes,

descarnados entre las rendijas de la madera

y el terciopelo rojo de los asientos.

El Mal hace notar en la Sala su presencia,

contagiando los estrados de un peso plomizo,

la luz no encuentra la claridad de la mirada,

tropezándose con el filo de unos ojos ausentes.

Pudiera escribir esos versos amargos

Pudiera hacerlo,

cuando hasta las campanillas de las ánimas se tuercen

en el lugar de los empeños,

esos versos aciagos, acuchillados

en el gemido sangrante de la impotencia

que hoy se pega a mi piel,

Ella, ya no te volverá a ver

no te verá llegar a casa cada tarde.

He visto lo suficiente

hemos visto lo suficiente

aunque la realidad siempre nos sorprenda,

todas podemos ser objeto de diana de cualquier psicópata,

todos también podemos serlo,

todos

dolor, delirio, fuego,

pudiera escribir versos hirientes

tal vez,

pudiera hacerlo.

Dos noches( y tres días)

Tres días y dos noches,

pudiera ser el inicio de cualquier oferta publicitaria,

de una escapada a los infiernos.

Tres días en tu ausencia desgarrada,

tras el coraje del desánimo,

sobrepasando la espera,

amordazando todos los miedos

 

Tres días y dos noches,

dos noches como dos siglos,

clavándose los segundos,

desesperados

pegados al teléfono.

 

Es duro el silencio,

y la duda,

tras la sombra postrada

en tu fotografía

 

No me llores

2 noches y tres días

mintiéndome,

porque no te puedo llorar,

se me han secado las lágrimas.

23 días

23 días,

penitentes,

por un golpe de quimio,

cabalgando

como una pena sin ley,

en el código de todas las sonrisas.

Cuántas veces

se hacía mudo el silencio,

retándonos,

impotentes,

sobre la extrema luz de esos ojos

hacia el infinito.

Cuántas veces,  campeona,

frente a las cédulas de la ira…

 

23 dias,

cuántas veces,

sobrepasando los decibelios de todas ordenanzas,

enredamos la música hasta los cielos,

mientras bailábamos

para saciarnos de angustia,

tacónes sobre el suelo,

desatando

los timbales del miedo,

arrebatándonos,

los minutos que restan.

 

23 días.

cosiéndonos los hilos,

para no perdernos

y no dejar de verte.